Extinguidos como los dinosaurios
Es conclusión a la que he llegado últimamente. Los cristianos conservadores han desaparecido como los dinosaurios. Ya. Que quieren saber cómo he llegado a esa conclusión. Y que se lo cuente. Bien. A ello vamos.
No hay nada que suene peor, quede peor ni te señale más negativamente que la palabra ultra. Esto es algo que se ha ido colocando en los medios de comunicación y en el maldito lenguaje progre tertuliano televisivo. Se puede ser de derechas, se te perdona que lo seas, pero como te pongan por delante “ultra” has perdido credibilidad, fama y respeto para convertirte en un ser abyecto, sospechoso de cualquier barbaridad.

Esto es como lo de la gota fría. Siempre vuelve. No sé cuántas desamortizaciones lleva la Iglesia católica en España. Nos suena la de Mendizábal, pero esa fue una. Hubo más: Godoy, José Bonaparte y Madoz, amén de otras pequeñas e intentos varios.
He sido fidelísimo lector de Astérix. Disculpen esta pequeña debilidad. Posiblemente me hubiera sido más provechoso dedicar ese tiempo a leer las sesudas reflexiones del P. Agúndez, repasar la suma teológica de santo Tomás o meditar sobre el fin de la vida según san Alfonso María de Ligorio. Lo sé. Es un pecado que me perseguirá un ratito. Tampoco vamos a andar exagerando.
- ¿Así que ayer miércoles de ceniza?





