No estamos dispuestos a tolerar la intolerancia
Un buen amigo me acaba de hacer llegar la última catequesis del papa Francisco. Me pide unas palabras porque dice que el santo padre ha hablado de los que se creen en posesión de la verdad: “comenzaron a infiltrarse algunos cristianos provenientes del judaísmo que exponían teorías contrarias, y se presentaban como los únicos poseedores de la verdad, y sembraban confusión y división". “También hoy, como en aquellos tiempos, algunos presentan el cristianismo como si fueran los “dueños de la verdad”, con la tentación de encerrarse en algunas formas y tradiciones del pasado, como posible solución para las crisis de hoy".
Me pregunta si me siento identificado, si quizá estas palabras debieran hacerme pensar…

Sé que no es fácil reconocer un fracaso de años y años, pero es lo que hay. Estrepitoso el de las misas de niños, con niños, de familias, con familias, de catequesis o de lo que quieran. Pobre parroquia la que no tuviera algo así como expresión de la pastoral de infancia más adecuada. Desde los años setenta, es decir, desde hace cincuenta años, andamos en estas. Cualquier españolito medianamente corriente entre los treinta y los sesenta años anduvo en catequesis y en esas misas. Hoy la práctica religiosa en esas edades está bajo mínimos. Ni misa, ni boda, ni nada de nada. Cincuenta años.
Me temo que los señores obispos de la autodenominada Conferencia Episcopal Tarraconense -no reconocida como tal por la Santa Sede-, acaban de pegar un doble salto mortal de funestas consecuencias. Por más que nos quieran hacer tragar que
Contaron los medios, hace días, que el papa Francisco, en una visita al Dicasterio para la comunicación, se hacía esta pregunta: “¿cuántos escuchan la Radio, y cuántos leen L’Osservatore Romano?”. Santidad, así entre nosotros, nadie.
Entender un poco de economía hasta Rafaela, porque la economía mundial es la doméstica, pero a lo bruto. Es igual, de vez en cuando aparecen cantamañanas dispuestos a reivindicar la cuadratura del círculo económico. Recuerden aquella famosa idea de Eduardo Garzón, hermano del ministro Alberto Garzón, y supuestamente economista, que nos ofreció gratis la idea de imprimir billetes sin limites para que nadie pasara necesidad.