Mejor me callo
Cada vez es más difícil hablar. Hemos llegado a un nivel tal de estupidez que pareciera que la gente se haya comprado una tonelada de librillos de papel de fumar. Jamás había visto cosa parecida. Digas lo que digas no falta el ofendidito de piel fina y delicada que a todo le pone pegas.
- Voy a dar una vuelta, que llevo una mañana trabajando como un negro. Vaya, no sabía que usted era racista.
- Y luego a comer con mi hermana, que hace unas tortillas de rechupete. Y encima machista, ya podría hacer la tortilla usted.
- Y por la tarde a misa, a ver qué me cuentan mis señoras. ¿Sus señoras? Que sepa que no le pertenecen.


Ya saben cómo anda el tiempo por España y por la sierra de Madrid. Si han visto por televisión imágenes de Somosierra, ya se hacen idea. Estamos a muy pocos kilómetros. Ayer nieve, frío y hielo. En La Serna, bastante. En Braojos, más.
Uno tiene amigos hasta en el infierno, quiero decir que hasta en Roma, y no me hagan el chiste fácil, que ya se lo he dado yo.





