Benedicto XVI quiere zanjar el debate sobre su renuncia
Es hasta cierto punto normal que la renuncia de un Papa por primera vez en muchos siglos, en plena era mediática, provocara un revuelo enorme. Es hasta cierto punto lógico que las especulaciones sobre los motivos de esa renuncia se dispararan. Pero no es menos cierto que muchos aceptamos desde un primer momento que las causas por las que Benedicto XVI renunció eran ni más ni menos que aquellas que él explicó.
Entiendo que muchos no estuvieran de acuerdo con la renuncia y sus causas. Entiendo que muchos creyeran incluso que tal decisión era criticable (*). Lo que no entiendo es que no se respete lo que hizo. Y menos que se insista en buscar tres pies al gato de la renuncia.
Para zanjar las especulaciones, que llegan incluso a poner en duda la validez de la renuncia, el propio Benedicto XVI ha enviado una carta al vaticanista Andrea Tornielli dejando las cosas claras:
“No existe la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministerio petrino. Única condición de la validez es la plena libertad de la decisión. Las especulaciones sobre la invalidez de la renuncia son simplemente absurdas”

Don Pascual Piles no es un religioso hospitalario cualquiera. Fue General de congregación religiosa San Juan de Dios durante un decenio. Y ahora es provincial de Aragón-San Rafael. Cabe pensar que sus ideas, sus reflexiones, reflejan en gran medida las de sus hermanos religiosos.
Cuando hace unos años el historiador Javier Paredes escribió
Hay que decir las cosas claras para que todo el mundo sepa a qué atenerse.
Como dos buenos trileros del “arte” de la política, Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba se han enfrascado hoy en un debate sobre la anunciada reforma de la ley del aborto. Los argumentos de ambos apuntan a una realidad evidente. Ni a don Mariano ni a don Alberto les importa un pimiento el derecho a la vida del no nacido. Uno la niega con supuestos. El otro, con plazos.


