El Papa advierte contra los secesionismos y la cultura de la muerte
Sin el menor género de dudas, el papa Francisco es el pontífice que más entrevistas concede a los medios de comunicación. Puede que Benedicto XVI y San Juan Pablo II tuvieran un contacto más frecuente con la prensa en los aviones que les llevaban o traían de vuelta en sus muchos viajes apostólicos, pero es el actual Papa quien más gusta de dar exclusivas a periodistas concretos.
Llegados a este punto, conviene recordar que el género de la entrevista periodística no forma parte del magisterio papal. Pero no es menos cierto que la opinión de un Papa siempre tiene una repercusión mundial que va más allá de tecnicismos magisteriales. Lo que le llega a la gente a través de los medios es “El Papa ha dicho esto” o “el Papa ha declarado que", y no abundan aquellos que saben diferenciar las opiniones particulares del Obispo de Roma sobre temas concretos de lo que es la enseñanza de la Iglesia en materias de fe y de moral.
De lo que el papa Francisco ha respondido a Henrique Cymerman, quiero centrarme en tres cuestiones:

Empecemos resumiendo la situación. Extremadura está gobernada por el Partido Popular gracias a que Izquierda Unida no quiere que gobierne el PSOE. Situación ciertamente peculiar que seguramente se explica por el hecho de que los de IU extremeños estaban hasta el gorro de los socialistas de su comunidad autónoma y pensaban que convenía que se pasaran unos añitos en la oposición.
Ocurrió, al parecer, hace un año. El “artista” José Ángel Uberuaga le pidió a su señora madre las llaves de la parroquia de Munitibar (Vizcaya, España). Poco sabía la señora que las fotos que iba a realizar su hijo eran las de una señora desnuda dentro del templo (*). Algunos medios indican que Uberuaga tomó las llaves sin pedir permiso a su mamá. Para el caso, da lo mismo. Según me informan, la buena mujer, que lleva muchos años encargada de la limpieza del templo, está desolada. Ánimo, señora. No se preocupe, que nadie le va a echar la culpa. Rece por el alma de su hijo, que falta le hace.
Hace unos días envié un email a unos buenos amigos en el que les decía que echaba de menos los años en que me dediqué a una labor apologética en foros protestantes. Por pura gracia, me embarré en mil y un debates con protestantes evangélicos defendiendo la fe católica. Era mi manera de dar las gracias a Dios por haberme traído de vuelta a la Iglesia.
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