La sucesión de Madrid afecta a la CEE y a la Curia romana
Cuando mañana se haga oficial la aceptación de la renuncia del cardenal Rouco y la llegada a Madrid de Mons. Osoro como nuevo arzobispo, ocurrirán una serie de circunstancias que habrá que afrontar en la próxima plenaria de la Conferencia Episcopal Española
En la ejecutiva de la CEE es miembro nato -o como se quiera decir- el arzobispo de Madrid. Es decir, aunque no sea elegido por los obispos para ser presidente o vicepresidente, forma parte de ese órgano de gobierno. Es lo que ocurre en la actualidad. Una vez el cardenal se retire, su puesto quedará libre, dado que Mons. Osoro es vicepresidente. Por tanto, en noviembre toca elegir un puesto para dicha ejecutiva.
Aunque es evidente que los obispos pueden elegir a quien les parezca oportuno, en mi opinión optarán por Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona-Tudela, quien tras ser miembro de le ejecutiva en el trienio anterior, quedó en una situación ciertamente poco decorosa dado que, al no presidir ninguna comisión episcopal, ni siquiera forma parte de la Permanente. Pasar de la ejecutiva a la “nada” quedó feo. Don Francisco es un hombre sin aristas, bien considerado entre sus compañeros de episcopado y se conoce bien los manejos de Añastro (sede de la CEE).

En el evangelio de ayer domingo escuchamos el pasaje de Mateo en el que Jesucristo pregunta a sus apóstoles quién creen que es Él. Fue Pedro, el principal (protos) de ellos, quien toma la palabra y responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16). Si todo hubiera quedado ahí, podríamos pensar que Pedro había sido capaz de comprender por sí mismo que Jesús era el Mesías prometido. Era hasta cierto punto lógico ya que le había visto predicar con autoridad y obrar milagros. Sin embargo, es el propio Cristo quien indica dónde está la fuente del conocimiento de su apóstol: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (MT 16,17).
Son ya casi tres años los que
Empezaré diciendo que no me ha gustado nada la manera en que se hizo pública la aceptación de la renuncia del cardenal Rouco por parte del Papa ni la forma en que se ha dado a conocer el nombre del sucesor de los apóstoles -que no del purpurado gallego- para la archidiócesis de Madrid. Lo del secreto pontificio puede que tenga mucho de pontificio, pero en estas circunstancias de secreto no ha tenido ni el primer trazo de la letra “s”. Soy parte de este negociado del mundo de la comunicación y se supone que debería estar encantado de que se den este tipo de primicias, pero como antes de nada soy bautizado y miembro de la Iglesia, todo me parece una falta de respeto hacia los pastores y en cierta manera hacia el resto del pueblo de Dios. Es más, me aseguran que al papa Francisco este tipo de cosas le sientan muy mal. Veremos si no hay consecuencias a corto-medio plazo.
De la entrevista que el Papa concedió a la prensa en el avión que le llevaba de vuelta a Italia tras su histórica y magnífica visita a Corea, me ha llamado la atención la respuesta que da a un periodista sobre su próxima encíclica acerca de la custodia de la Creación. Concretamente de la creación en la tierra, porque poco podemos hacer para cuidar el resto. Cito:








