(154) El Calvario y la Misa (Mons.Fulton Sheen)
Recientemente hemos reeditado -Ediciones del Alcázar- “El Calvario y la Misa", una obrita de Mons. Fulton Sheen que viene muy bien en esta época para meditar sobre el misterio de la Santa Misa, centro, fuente y culmen de nuestra vida cristiana.
Ante las frecuentes adulteraciones y profanaciones a las que asistimos, sus páginas son como una ráfaga de aire fresco ante el calor sofocante de desánimo que amenaza a muchos.
La reciente (2014) aprobación del milagro necesario para la beatificación de su autor, nos ha hecho pensar que la difusión de algunas de sus obras contribuirá también a ella.
El modelo de pastor celoso de sus ovejas, que supo aprovechar los medios de comunicación para hacer llegar el mensaje del Evangelio a millones de fieles sin por ello claudicar ante el mundo y sus máximas, manteniéndose intachable en la transmisión fiel de la doctrina católica, es muy digno de tener en cuenta a la hora de proponer modelos “actuales” a quienes orientan su apostolado al ámbito de las Comunicaciones Sociales.

En el segundo post sobre este tema presentamos algunos testimonios más -que revelan su pensamiento y actitudes- de este personaje, al que hoy se pretende reconocer como “testigo del Evangelio”, acoplándose así a la pérdida de sentido común del mundo, que hoy impone el absurdo como norma de pensamiento universal. En defensa no sólo de la fe, pues, sino del principio lógico de no contradicción (algo no puede ser blanco y negro al mismo tiempo, y por tanto, no se puede odiar lo católico siendo a su vez “modelo” para los católicos), esperamos contribuir sencillamente a la Verdad, que es Una.
Entre los “Materiales para la SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS y para el resto del año 2017″ que la Santa Sede
El Nuevo Año viene siempre preñado de expectativas, pero sobre todo cumpliéndose en unos meses el Centenario de las apariciones de Ntra. Sra. de Fátima, y precipitándose una serie de acontecimientos eclesiales más que significativos.
Parecería que en medio de la tormenta, como no se ve el sol, no hay manera de detenerse a dar gracias por él, ni por la luz, porque sólo se siente el salpicar del agua sobre el rostro, la barca que amenaza naufragar, y a lo único que se atina en estos momentos es a asirse de los mástiles que aún no se han quebrado, o de cualquier viga que parezca firme para soportar el embate de las olas… Por eso tal vez, leíamos hoy en un medio pretendidamente católico: “Me considero un pesimista. Quizás la razón sea que estoy informado de lo que está ocurriendo en el mundo. Si es cierto lo que dicen, que el ignorante es feliz, su corolario también debe de serlo: el que sabe mucho es infeliz…” Y me he indignado.
No dudamos que el llamado de Dios Padre a celebrar más cerca Suyo la fiesta de la Vida por excelencia que es la Navidad, ha sido el galardón más justo a una vida sacerdotal signada por la defensa de la verdad y de la vida. Así de ejemplar y consoladora para los fieles, ha sido la de Mons. Juan Claudio Sanahuja.





