Catalina Davis, de la Nueva Era a la posesión. Cristo la rescató. Su libro, La Gran Prisión, previene de ello

Catalina fue médium, terapeuta alternativa y vio al demonio actuar, pero fue rescatada por Jesucristo: Conozca la historia real detrás del libro
Acompáñenos en un viaje apasionante de conversión. De la magia y las terapias alternativas al Evangelio: Nada te prepara para mirar a los ojos al demonio. Entrevistamos a la autora del libro, Catalina Davis, actualmente estudiante de Ciencias Religiosas en la Universidad Pontificia de la Santa Croce.
No se pierda un libro imprescindible: La Gran Prisión, prologado por Mons. Munilla, de la editorial la Voz de Papel, un gran testimonio de conversión y a la vez una pequeña enciclopedia práctica sobre todo tipo de terapias alternativas y ocultismo. La autora afirma que más que una enciclopedia es un mapa que te conduce de regreso a los brazos del Padre.
¿Por qué desde muy jovencita empezó a hacer prácticas de magia y de ahí siguió por la senda del ocultismo?
A todos nos atormentan nuestros infiernos personales. De la respuesta que damos para salir del dolor y la angustia que nos generan depende nuestra salvación y nuestra condenación. En mi caso, vengo de una familia que tenía vínculos con el esoterismo y la magia. Aprendemos por imitación y, en ese momento, sin conocer a Dios, pensé que ese era el camino más adecuado para evitar esa angustia existencial que sentía.
¿Cómo cayó en el mundo de las drogas y delincuencia?
Pese a que mis padres se esforzaron en quererme como ellos pensaban que era la manera más adecuada, creo que solo en mi más tierna infancia sentí su amor. Posteriormente, sus discusiones constantes y otro tipo de problemas familiares, añadidos al bullying y a otra serie de situaciones que vivía, me llevaron a buscar una anestesia para mitigar el dolor. El problema es que, a los ojos del mundo, salió muy bien. Sé que va a sonar fuerte lo que voy a decir, pero es verdad: las drogas me daban poder sobre los demás y la delincuencia me daba un escudo de protección; ya nadie quería hacerme daño, era yo quien podía hacérselo a los demás.




