Rubén Peretó, doctor en Filosofía: “Sin San Benito y Montecasino la cultura cristiana no existiría”

Rubén Peretó Rivas es doctor en filosofía y profesor e investigador de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza) y profesor invitado de las universidades de Oxford y de Notre Dame. Es también director del CIEL (Centro Internacional de Estudios Litúrgicos) y participa asiduamente en medios periodísticos con artículos de opinión sobre temas eclesiales. Es autor y traductor de varios libros, algunos de los cuales están dedicados a la cultura cristiana.

Le entrevistamos sobre su libro El nacimiento de la cultura cristiana.

¿Por qué decidió escribir un libro titulado El nacimiento de la cultura cristiana?

No puedo definir un único motivo que me haya llevado a escribir el libro. Fueron varios que, poco a poco, confluyeron a que tomara la decisión. En primer lugar, cuestiones personales. Se trata de un tema que no sólo me gusta sino al que he dedicado mi vida, pues enseño en la universidad historia de la filosofía medieval, y en mis investigaciones me he focalizado precisamente en los autores cristianos de los primeros siglos, que es el momento en el cual nace la cultura cristiana. En segundo lugar el contenido del libro, particularmente las figuras que allí trato como las de Casiodoro, Alcuino de York o San Benito, son figuras que me parecían sumamente atractivas y sobre todo muy apropiadas para presentarlas al mundo contemporáneo. Considero que la época que les tocó vivir a quienes participaron del nacimiento de la cultura cristiana es una época similar a la nuestra en muchos aspectos y, por tanto, aquellos personajes pueden también inspirarnos a nosotros.

Hubo además otro motivo y es que en la actualidad he notado un gran interés por parte de muchos católicos en un cierto retorno a los orígenes, no entendido como una como un viaje en el tiempo o como una añoranza quejumbrosa, sino con la intención de inspirarse en esos tiempos y en aquellos que fueron sus protagonistas, para recrearlos en una sociedad que poco a poco se ha ido descristianizando y aborreciendo la fe cristiana. Pareciera que es una buena idea aprender de nuestros mayores; volver los ojos atrás ver lo que otros hicieron y tratar de emularlos.

¿Qué se entiende exactamente por cultura cristiana?

Por cultura cristiana yo entiendo el conjunto de virtudes, de valores, de creencias, tradiciones, prácticas y expresiones artísticas que han surgido o que se desarrollaron bajo la influencia y la inspiración del cristianismo a lo largo de la historia. Esta cultura está profundamente vinculada en primer lugar a nuestras raíces helénicas y romanas y, sobre todo, a los principios de la fe y la enseñanza de los apóstoles contenida en los evangelios. Es una cultura que adhiere a la fe conservada en la tradición de la iglesia. Fueron estos elementos los que moldearon sociedades enteras, tanto en Oriente como en Occidente. En el libro yo lo aclaro me dedicaré a la cultura cristiana en el mundo occidental, que no es solamente Europa sino que también todos aquellos países que fueron incorporados al mundo occidental y a su cultura por la acción civilizadora de España principalmente, por sus misioneros y conquistadores. Fueron ellos quienes incorporaron a la mayor parte de América, e incluso a países de Asia y de África, a la fe cristiana y a la cultura cristiana.

Pensemos, por ejemplo, en la idea de justicia, de perdón y de humildad, todos ellos derivados del mandato del amor al prójimo que nos dejó Nuestro Señor Jesucristo. Se trata de elementos propios de la cultura cristiana. En segundo lugar, una serie de tradiciones y rituales, como la celebración de la Pascua, de la Navidad, la Semana Santa y, sobre todo, el tesoro enorme de la Santa Misa. Todos ellos forman parte de la cultura cristiana y nos identifican como herederos y miembros de esa cultura. John Senior con acierto afirma que la misa es el centro y el corazón de la cultura cristiana, ya que fue en torno a la celebración de la santa misa dónde y cómo se formó nuestra cultura

Hay otros elementos que también integran la cultura cristiana y que son de carácter artístico o literario. Pensemos, por ejemplo, en las grandes catedrales medievales románticas o góticas. Este año tuve la posibilidad de visitar la catedral de Zamora, un enorme edificio románico, de una belleza maciza e impactante, construido en el siglo XII. Cuando me paseaba por ella, fría y vacía, me decía: “Esto es la cultura cristiana”. Pensemos en obras literarias como la Divina Comedia, o en obras de arte como el Libro de Kells. Ellas son nuestra cultura. Y, finalmente, no hay que olvidar que también supone una cosmovisión que une a todos aquellos que participamos de esa cultura; es la cosmovisión que considera que el mundo ha sido creado por Dios y que está gobernado por Él, que quien envió a su hijo Jesucristo para redimir al mundo del pecado de nuestros primeros padres, y que participamos de la esperanza de la vida eterna. Son todos estos elementos que integran la cultura cristiana. Se trata, entonces, de un concepto complejo y no simple.

¿Hay algún momento exacto que delimita este nacimiento?

No me parece que pueda establecerse un momento exacto en el cual se funda la cultura cristiana. En la historia, establecer principios y fines de periodos con certeza nos resultan muy útiles, pero dependen mucho de aquel que fija esos límites, los que sólo pueden ser apreciados desde la distancia que nos dan los siglos. Por ejemplo, cuando se dice que la Edad Media comienza en el año 476 porque fue entonces cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, es una fecha muy significativa ahora no es una fecha a partir de la cual Rómulo Augústulo u Odoacro, rey de los hérulos, protagonistas de esa escena histórica, hayan reparado en lo que realmente estaba sucediendo. Algo similar creo que ocurre si pretendemos establecer un inicio de la cultura cristiana. Nosotros, volviendo la mirada atrás, podríamos identificar algún acontecimiento que con el paso de los siglos podemos identificar como el inicio la cultura cristiana, aunque los personajes no lo supieran. Yo propondría el año 529, que es cuando San Benito funda el monasterio de Montecassino. ¿Por qué este acontecimiento para establecer allí el inicio de la filosofía cristiana? Porque justamente los monjes que siguen la regla de San Benito van a ser los protagonistas absolutos en la propagación de la cultura cristiana; si no hubiese sido por San Benito y por su Regla, la cultura cristiana, tal como la conocemos al menos ahora, no existiría; no hubiese tenido la oportunidad de nacer ni de crecer.

¿Podría considerarse sinónimo de cristiandad o encierra algún matiz diferente?

Ciertamente ambos términos están relacionados, pero encierran un enfoque diferente. El término cultura cristiana se refiere más bien a lo que decíamos recién, es decir, a cuestiones “culturales”, aunque esto sea redundante, y tiene un enfoque por tanto cultural e histórico. En cambio, al hablar de Cristiandad, se hace referencia habitualmente a la christianitas, que era la comunidad de creyentes cristianos que habitaban un determinado ámbito geográfico, político y social donde el cristianismo era la religión dominante o la única religión; era el caso de la Europa medieval. Por lo tanto el término Cristiandad tiene un enfoque más institucional y social; se lo relaciona más bien a una época en la cual no solamente confluyen factores culturales sino también políticos. Por eso mismo y si nos atenemos este enfoque, podríamos decir que resulta posible buscar un renacimiento de la cultura cristiana, pero resulta mucho más difícil y mucho más complejo el renacimiento de una cristiandad.

¿Cuáles fueron los personajes claves para que pudiese nacer esta cultura?

Como digo en el libro, los personajes son muchos, muchísimos. Si quisiéramos hacer un listado, convendría recurrir a la Patrología Latina, esa enorme obra que coordinó Jean Paul Migne en la segunda mitad del siglo XIX, y que reúne a la mayor parte de los de las obras escritas por los autores cristianos de los primeros siglos, digamos hasta el siglo IX o X. Allí encontraríamos un listado copioso de autores y de obras, y podríamos decir todos ellos contribuyeron a la cultura cristiana. Pero ciertamente se destacan algunos; San Benito al que mencioné recién, es uno de ellos, pero hay otros otros muchos y algunos que pasan desapercibidos o que son menores.

Pero más allá de su poca importancia en términos de fama o en términos de obras producidas, tuvieron también un rol importantísimo en este proceso de creación y de transmisión de la cultura cristiana. Además de San Benito, creo que hay otros personajes que no son tan conocidos pero que sí son fundamentales. Uno de ellos es Casiodoro un personaje romano del siglo VI, cuya principal misión fue preservar la cultura clásica ya cristianizada en medio de las invasiones bárbaras que iban adueñándose de toda Europa. En segundo lugar, menciono a Alcuino de York, un personaje del siglo VIII que estuvo al lado de Carlomagno acompañándolo en la reconstrucción del Imperio Romano, lo que luego se llamó el Imperio Carolingio. Alcuino tuvo como función principal la expansión y la consolidación de la cultura cristiana en los monasterios de ese enorme imperio que había nacido, poblando su bibliotecas de libros e insistiendo en la necesidad del estudio de las artes liberales como modo de mantener las obras literarias sobre las cuales se edificaba la cultura cristiana.

¿Por qué muchas veces no fueron personajes portentosos sino pequeños héroes cotidianos en la vida de oración, silencio y sacrificios?

Es una pregunta que habría que hacérsela a Dios. Él siempre ha preferido a los pequeños frente a los poderosos; lo dice la Santísima virgen en el Magnificat y muchos siglos después lo encarnó Santa Teresita del Niño Jesús, por poner dos ejemplos muy conocidos. Es el modo que tiene de obrar Dios, a través de los mínimos, a través de los pequeños, a través de los que están ocultos. No creo que haya una explicación científica y ni siquiera una explicación humana que nos demuestre el motivo por el cual muchas grandes obras son fruto de los pequeños. Se trata de otro de los misterios de la voluntad divina

Bien es cierto, que otras veces si que han sido figuras ciclópeas las que han iluminado la cristiandad como San Agustín o Santo Tomás de Aquino…

Por supuesto. A las figuras de San Agustín o de Santo Tomás podríamos agregar muchas otras, y no solamente del orden intelectual como estos dos que usted menciona, también en otros órdenes que fueron imprescindibles para la formación de la cultura cristiana. Yo recién mencionaba a Carlomagno, y podemos recordar también a los Otones, o al Papa Gregorio VII, o a Guillermo I de Aquitania, fundador del monasterio de Cluny, o a San Bernardo… Son todos grandes personajes, algunos más conocidos, otros menos, pero que en sus puestos y en sus ámbitos de acción fueron imprescindibles para la formación de la cultura cristiana, como también lo fueron los pequeños de los que hablábamos recién.

¿Cómo esta cultura ha iluminado la historia de la humanidad?

Responder a esta pregunta es muy fácil o muy difícil. Para hacerlo, podríamos recorrer los grandes libros de la de la cultura cristiana, los Mil grandes libros de los que hablan los anglosajones, podríamos abrir una enciclopedia de historia del arte o podríamos leer las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, una verdadera enciclopedia escrita en los albores de la cultura cristiana. Pero quizá el modo más sencillo para darnos cuenta del grado de luz que ha significado la cultura cristiana para toda la humanidad, es hacer un ejercicio de la imaginación. Pensemos qué sería del mundo si no hubiese existido la cultura cristiana. Es difícil describir el desierto que encontraríamos. Quizás podríamos tomar una idea de lo que ocurrió en aquellas regiones que fueron cristianas, profundamente cristianas y profundamente cultas, y que en torno al siglo IX fueron invadidas por los musulmanes. ¿Qué es lo que queda de ellas? Me refiero claro a las regiones de Oriente Medio, a Siria, Irak, o a Egipto y de todo el Norte de África. ¿Qué quedaría de Europa y qué sería de América si la cultura cristiana no hubiese florecido en ella? Creo que esta pregunta paradójicamente responde a la suya.

¿Por qué la revolución francesa y la Ilustración supusieron una confrontación muy fuerte con esa cultura cristiana?

La Revolución Francesa junto con la Reforma protestante implicaron la oposición frontal a la cultura cristiana. Buscaron instalar los principios que contradicen en el sentido lógico más aristotélico, los principios de la cultura cristiana. Con el paso del tiempo, con el paso de los siglos, esta lucha que se da entre ambas visiones, entre los principios tradicionales de Europa, que eran los principios cristianos, y los principios modernos instaurados por la Revolución Francesa y por la Ilustración, han dado como fruto al siglo XXI. Si pudiéramos darle un nombre a la situación del mundo contemporáneo, podríamos decir como dicen algunos, que se trata de una cultura pos cristiana o, para no ser tan pesimistas, de una cultura cristiana tardía, en la cual sólo quedan hilachas de la antigua cultura cristiana.

Hoy está de moda hablar de cultura woke. Esto es justamente a lo que condujeron finalmente los principios establecidos por la Revolución francesa y expandidos por todo Occidente por Napoleón, y adoptados con gusto por las élites gobernantes no solamente de las naciones, sino también, y esto es lo más lamentable, por hombres de Iglesia con altas responsabilidades. La sangrienta Revolución Francesa, que incomprensiblemente es alabada no sólo por revolucionarios sino también por católicos, es el primer gran conato de rebelión contra la cultura cristiana. Por eso mismo podemos decir que la restauración de la cultura cristiana implica necesariamente ser contrarrevolucionarios.

¿Cómo, a pesar de ello, esa cultura cristiana ha ido perviviendo hasta nuestros días?

Sin dejar de lado por supuesto la intervención divina, yo creo que desde lo humano la cultura cristiana se ha mantenido fundamentalmente por la tradición en el sentido más propio de la palabra que, como sabemos, viene del verbo latino tradere que significa entregar. Es decir, una generación entrega a la otra el tesoro, en este caso concreto de la cultura cristiana, y esta tradición, este acto de entrega de los valores de la cultura cristiana, se produce sobre todo en las familias. También en los colegios y en las universidades, pero fundamentalmente es una cuestión de las familias. Y ha sido muy difícil desarraigar de los ámbitos familiares la transmisión de la cultura, porque naturalmente las familias tienden a ser conservadoras; le ha costado mucho al mundo revolucionario romper el núcleo familiar.

Pero hemos visto que en los últimos 50 años se ha logrado desintegrar a la familia y al desintegrarse, se imposibilita el tradere, si imposibilita la tradición, se imposibilita la entrega del tesoro de la cultura cristiana. Por eso mismo, me parece muy importante la formación y el crecimiento de las familias católicas. Es fundamental que los jóvenes se casen, que tengan muchos hijos y que les transmitan a sus hijos los principios cristianos. Ellos deben ser parte de esta cadena de la tradición, de entregar a los hijos la cultura que hemos recibido. Es este es el único modo de conservarla. Y estas familias, poco a poco, y como ya está ocurriendo en muchos sitios, construirán de nuevas escuelas e incluso de nuevas universidades que, por fuera de la asfixia impuesta por los estados hijos de la revolución, puedan también sumarse a la transmisión de la cultura cristiana.

Por Javier Navascués

7 comentarios

  
María de África
He leído el libro y es altamente recomendable. En cuanto a contrarrevolucionario, es un adjetivo aceptable, pero yo prefiero reaccionario.
04/04/25 11:28 AM
  
Mary Poppins
¡Excelente entrevista!
Una explicación clara sobre la cultura cristiana, que invita a leer el libro y da esperanzas a las familias cristianas en este ocaso.
04/04/25 12:59 PM
  
Platito
Su discurso ilumina la interpretación del devenir y descubre los gestos culturalmente cristianos de muchos mínimos que están en nuestros rumbos cotidianos.
04/04/25 5:01 PM
  
M B.
Saludos !
Lo leeré pero por tu edad como escritor se nota que te inspiraste en el ultramontano y controvertido Plinio Correa Oliveira del Brasil, depués de él tratar de ese tema si no lo mencionas es casi imposible que por lo menos no lo conozcas.
espero grande aceptación para tu libro !!! para frente la fé !!!
04/04/25 5:36 PM
  
Verbum Domini
Un par de opiniones sobre el contenido esta entrevista sobre "el nacimiento de la cultura cristiana". No hay nada más contrarrevolucionario que vivir el Evangelio. Comenzando por: "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí". (Dominus dixit: Mt 7,12). La cultura cristiana nace en el siglo I, con los Evangelios y con la predicación apostólica integra (carta de Santiago incluida), y por el Apocalipsis, donde se dice: "bienaventurados los que mueren en el Señor, que descansen de todos sus trabajos, porque sus obras los acompañan" (Ap 14,13-16). La cultura cristiana la construyeron las "obras de misericordia" de los cristianos que se tomaron en serio Mateo 25. Lo recordó Benedicto XVI en Deus caritas est, cuando comentó que Juliano el Apóstata intentó copiar del cristianismo la organización de la "caridad" que por entonces tenía la Iglesia en todo el mundo: atención de enfermos, de pobres, de huérfanos, de viudas sin pension, educación de niños y de jóvenes, etc., etc., etc. Sobre todo, trato cristiano a los esclavos como si fueran libertos, por ser hermanos en la fe. En todo caso, los evangelios son la "fuente principal" de la cual nació la "cultura cristiana" y la Epístola de Filemón, de apenas una página, será la obra literaria que mejor expresa lo que es una "cultura cristiana" y el escrito más contrarrevolucionario de la historia. Lo que no logró el revolucionario Espartaco lo consiguió, de a poco, un escrito de media página escrito por san Pablo durante su prisión. A su vez la "primera Carta de Juan" es la carta magna de la "cultura cristiana", porque enseñó los principios fundamentales en los que ésta se basa: "En esto conocemos el amor de Dios: El dio su vida por nosotros, nosotros debemos dar la vida por los hermanos" (1 Juan 3,14: hoc cognovimus caritatem Dei, quoniam ille animan suam pro nobis posuit, et nos debemus pro fratribus animam ponere"). Por ello san Agustín le dedicó uno de sus comentarios más importantes. Es importante afirmarlo con claridad: la "cultura cristiana" nació mucho antes que surgiera la "cristiandad": sin cristianos no habría habido "cristiandad". Los libros de Casiodoro o de Alcuino, contribuyeron a "sistematizar" la cultura literaria cristiana, las obras especulativas de los pensadores cristianos. Pero la cultura cristiana no nació con los libros, sino con las obras de misericordia, con el Evangelio vivido por los santos y por los mártires. Ellos forjaron la cultura cristiana. Los libros simplemente reflejan lo que los cristianos vivían o se esforzaban en vivir. No inventaron la "cultura cristiana". La Regla de San Benito contribuyó a poner en práctica la "cultura cristiana" vivida por el monacato precedente, por Casiano, los Padres teoforos y san Basilio. En todo caso, san Benito es el más grande representante de lo que será la "evangelizacion de la cultura pagana o bárbara", pero la cultura cristiana no nació con san Benito. El primero que quiso destruir la cultura cristiana fue Dioclesiano: por eso mandó quemar todos los ejemplares de las Escrituras y toda la literatura cristiana que se encontrase, e hizo propagar tanta falsa literatura anticristiana, como la Actas de Poncio Pilato, en las escuelas del imperio. Lo que intentó es que los cristianos dejaran de vivir como cristianos y vivieran como paganos: para ello había que suprimir los Evangelios y las cartas de los Apóstoles, es decir, las bases de la cultura cristiana, que no es otra cosa que la "Ley nueva". La de Diocleciano fue la primera gran revolución anticristiana, porque se intentó socavar las bases del cristianismo: jerarquía, iglesias, Escrituras sagradas. No hay contrarrevolución más grande que vivir el Evangelio sine glossa, navegando contracorriente contra toda ideología, incluidas todas las ideologias "pseudo cristianas" que hoy pululan.
04/04/25 5:36 PM
  
Francisco Javier
La revolucion es todo el desastre que el VII dejo y que desde el 2013 vivimos en forma mas acelerada. Necesitamos ser contrarrevolucionarios, reaccionarios, ya que con el demonio y los pecados no se dialoga ni se deben aplicar misericordinas.
04/04/25 6:59 PM
  
Emilio
"Pensemos qué sería del mundo si no hubiese existido la cultura cristiana. Es difícil describir el desierto que encontraríamos. Quizás podríamos tomar una idea de lo que ocurrió en aquellas regiones que fueron cristianas, profundamente cristianas y profundamente cultas, y que en torno al siglo IX fueron invadidas por los musulmanes. ¿Qué es lo que queda de ellas? Me refiero claro a las regiones de Oriente Medio, a Siria, Irak, o a Egipto y de todo el Norte de África. ¿Qué quedaría de Europa y qué sería de América si la cultura cristiana no hubiese florecido en ella? Creo que esta pregunta paradójicamente responde a la suya".
Me quedo con eso a nivel colectivo. A nivel personal, es mucho más el enriquecimiento: ser hijos de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, gracias a la salvación que nos mereció Jesucristo. Esto no hay quien lo supere.
04/04/25 8:48 PM

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