El Califato se extiende por África y ya está a las puertas de Europa

Tras los primeros momentos de horror y estupor, parece que ya nos hemos acostumbrado a vivir con el Califato islámico, el antiguo ISIS, campando a sus anchas por territorios que hasta hace poco estaban bajo el control de los gobiernos sirio e iraquí. Es verdad que sus avances en la región se han ralentizado, pero también es cierto que los bombardeos, sin despliegue de fuerzas de tierra que consoliden los avances, no están siendo capaces de dañar seriamente a esta nueva realidad islamista.
En cualquier caso, muchos han pensado que hay que acostumbrarse a ese Califato islámico en Oriente Medio, que hay que aceptar que las comunidades cristianas desaparezcan de aquella región y que de este modo podremos vivir tranquilos en nuestro refugio europeo. Se equivocan.

Nuevo paso hacia adelante: seguimos avanzando y cada vez tenemos más parte de nuestro cuerpo suspendido en el vacío sobre un precipicio. Un par de movimientos más y ya nos habremos despeñado del todo, que en eso parece consistir el proyecto de la modernidad tardía en que vivimos. En esta ocasión la noticia llega de Alemania y el tema es uno de los tabúes que han acompañada siempre a la humanidad: el incesto.

Un buen amigo me ha regalado un libro titulado “Curas Villeros”, de Silvina Premat, que explica la historia de esos curas que, desde finales de los años 60, ejercen su ministerio en las “villas” de Buenos Aires, asentamientos informales, una especie de favelas, que recogen a los estratos más pobres de la sociedad argentina, con abundante presencia de inmigración paraguaya y boliviana.





