La lista de los 7 deseos para el Sínodo de la Familia

De entre todo lo que se viene publicando acerca del pasado Sínodo de la Familia me ha llamado la atención un artículo de Taylor Marshall en el que expresa 7 puntos que le hubieran gustado que recogiese el Sínodo (aumentados, por ahora, en dos más gracias a las aportaciones de sus lectores). Se le puede echar en cara que quién es él para dar lecciones a los padres sinodales, a lo que respondería tal y como firma el post: simplemente un laico. Se podría completar con “un laico padre de familia numerosa que intenta vivir de acuerdo a lo que la Iglesia enseña”. No es poco.
Taylor Marshall es un converso, antiguo pastor episcopaliano que entró en la Iglesia católica en 2006 y es padre de 8 hijos (la última, Margaret, nacida el 22 de octubre pasado, festividad de san Juan Pablo II). A veces oímos que quejarse no sirve de nada, que en vez de criticar hay que ser positivo y hacer propuestas. Pues bien, aquí hay una serie de propuestas, muy concretas. No hace falta que a uno le entusiasmen todas (ni su modo de expresarse, que a veces yo matizaría) pero me parece que muestran que sí se puede dar un mensaje al mundo sobre la familia más claro, entusiasmante y evangélico que el que venimos oyendo últimamente. El Sínodo ya ha acabado, pero el Papa probablemente volverá a abordar el tema de la familia en breve. Ojalá recoja alguna de estas propuestas. Yo empiezo a rezar ya por ello.


La noticia de que se publica un nuevo libro de Christopher Dawson debería generar exclamaciones y gritos de júbilo entre cualquiera con un mínimo de cultura e interés por comprender las cosas. A Dawson le debemos mucho. Por ejemplo, un conocimiento más profundo de lo que es Europa y del peso de la fe cristiana en la génesis y desarrollo de este curioso “continente”. Algo que muchos parecen haber olvidado pero que sigue condicionando nuestro presente (porque la realidad actúa, independientemente de que seamos conscientes o no). Otro ejemplo: esa mirada que es capaz de distinguir la religión en el trasfondo de tantos fenómenos históricos, políticos, sociales, culturales, que quedan así iluminados y se comprenden mucho mejor (sucede muchas veces con Dawson que lo que dice parece evidente… y sin embargo nadie, o casi nadie, lo había expresado).
En el último número de la revista Verbo, como siempre muy rico y sugerente, Bernard Dumont reflexiona sobre la Doctrina Social de la Iglesia. Entre sus muchas y sugerentes apreciaciones, me ha llamado la atención lo que señala sobre la intromisión indebida del clero en ámbitos propios de las decisiones prudenciales de la autoridad civil, un fenómeno que lejos de pertenecer a un pasado muy lejano es cada vez más común y que incluso me atrevería a decir que goza de una preocupante salud. Estamos acostumbrados a denunciar lo contrario, las reiteradas intromisiones del poder político en la esfera de autoridad de la Iglesia, pero esta otra intromisión inversa, aunque no provoque habitualmente la protesta de los católicos, también existe. Intromisión clerical que es compatible con una condena formal del clericalismo e incluso con reiteradas apelaciones a la “hora de los laicos”. Así, la denuncia externa del clericalismo convive con un clericalismo real cada vez más expansivo.
Sigo con mi propósito de no escribir sobre el Sínodo; me limito a leer, rezar y esperar. No me está resultando fácil. A lo que no me resisto es a hacerme eco de algunos escritos que me parecen que arrojan algo de luz a esta cuestión. Es por ello que reproduzco aquí lo que escribió George Weigel el pasado15 de octubre en el Catholic Herald, dentro de su sección “





