Nuevas objeciones a la serie "Dios sí castiga"
La semana pasada publiqué un pequeño libro de unas 90 páginas titulado ¿Dios castiga?, donde recopilé la serie de artículos que he venido publicando sobre el debate con Alejandro Bermúdez en el tema del castigo divino. Alejandro ha compartido vía redes sociales un artículo cuya autoría pertenece a alguien de nombre Jaime Gómez Cásseres Ochoa, en donde comparte sus puntos de vista y presenta lo que el autor identifica como una refutación de los puntos de vista presentados en mi serie.
Y aunque muchos lectores me han pedido que escriba una refutación formal de dicho escrito, luego de leerlo creo realmente que no es necesario, pues considero que no hay allí ningún argumento nuevo que ya no haya analizado.
Sin embargo, para que mis lectores puedan tener acceso a esas objeciones y comparen libremente esos argumentos con los que yo he sostenido, les dejo aquí el enlace para que el que quiera lo revise, y saque sus propias conclusiones.
Dios no castiga a los hombres, por Jaime Gómez Cásseres Ochoa
Si de verdad alguien encuentra un argumento que no haya analizado o desea que lo analice, puede indicármelo en el área de comentarios.
ACTUALIZACION
Me he enterado también que Alejandro Bermúdez ha publicar un pequeño libro, similar al mio, donde coloca los argumentos que ha venido desarrollando en sus podcast. Respecto a esto ocurre lo mismo, si tiene los mismos argumentos ya dichos, no hará falta analizar nada. De momento no se si es así, pero mientras tanto lo adjunto para que quien quiera lo revise.
Dios no castiga - Alejandro Bermúdez
Dios les bendiga
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Y llegamos ahora sí al último artículo de esta serie dedicada al tema del castigo divino. Me imagino que los que han seguido cada una de las entregas han de estar agotados, pero seguro no más que yo. De verdad espero que haya servido para profundizar en este tema que no es poco importante, y en el que lamentablemente hay distorsiones que son difundidas en no pocas parroquias católicas inclusive por sacerdotes (Hay que decirlo, así está el patio). En esta ocasión analizaré los argumentos de los dos últimos programas de Alejandro Bermúdez que pueden ser escuchados de manera íntegra acá:
Procedo ahora a la segunda parte de mis comentarios a los dos podcast de Alejandro Bermúdez sobre el tema de si Dios castiga o no. Como mencioné en la
Continúo con el debate entre Alejandro Bermúdez y mi persona, sobre el tema de si Dios castiga o no. Esta es la primera parte de un análisis de los dos siguientes programas de Alejandro en este tema, que puede escuchar en tu totalidad aquí:
Aunque mi último post lo había titulado: “Dios si castiga: conclusiones” he decido cambiarle el nombre y titularle: “Dios si castiga: primeras conclusiones” . La razón es obvia, y es que de aquí en adelante voy a seguir profundizando en el tema, principalmente para analizar la serie de podcast que Alejandro Bermúdez está publicando para responder a mis argumentos.
En mis últimos artículos he estado tratando el tema del castigo, específicamente cómo la idea de que Dios no castiga nunca ha ido infiltrándose en el pueblo católico al punto que es frecuentemente escuchada en predicaciones, homilías inclusive de gente muy preparada. Pero ¿de dónde ha venido esta alergia a la palabra “castigo” o lo que dicha palabra significa, incluso entre gente muy buena y bien formada? El Papa Benedicto XVI dio un lúcido diagnóstico que nos lo puede clarificar: 

Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio en donde se analiza la acusación hecha a la Iglesia Católica sobre cambiar o mutilar los mandamientos, tomada de extractos del libro
El sol soplaba alto y me sentía cansado. Solo el viento que soplaba sobre el morro del auto permitía todavía al jeep salir adelante, aunque la temperatura era infernal y el agua hervía en el radiador…Sabía que en la zona [el desierto] habían grandes bloques de granito que emergían de la arena: lugares de sombra buscadísimos para acampar y esperar la tarde para continuar el viaje.
Hace poco tiempo, reunido con mi esposa en mi encuentro mensual de Matrimonios con Cristo, escuchamos de parte de uno de nuestros compañeros de grupo la frase “Dios no castiga”. Unos meses atrás un lector me preguntaba si era cierto que Dios no castigaba porque había escuchado decirlo al conocido apologeta católico

