(AsiaNews/InfoCatólica) Fichas en chino sobre los cardenales católicos de Asia, sobre los dirigentes de la Iglesia Presbiteriana de Taiwán, sobre la sociedad civil budista tibetana y el Gobierno tibetano en el exilio, sobre los practicantes de Falun Gong y sobre los medios de comunicación vinculados a todos ellos. De cada objetivo se recopilaba información sobre sus actividades relacionadas con China, sobre posibles escándalos y sobre posibles puntos de presión. Ese es el trabajo que, según la empresa estadounidense Anthropic, una operación de inteligencia sobre asuntos religiosos alineada con el Gobierno chino encargó a Claude, el modelo de inteligencia artificial que desarrolla la compañía.
Una unidad de inteligencia dedicada a los asuntos religiosos que antes contaba con numerosos equipos de analistas habría quedado reducida a una sola oficina. Pero, con ayuda de la inteligencia artificial, eso le basta para elaborar miles de investigaciones al mes.
El caso aparece descrito en el informe «Detecting and countering misuse of AI: September 2026», publicado por Anthropic el 10 de septiembre. El documento examina los usos indebidos de sus propios modelos que la empresa detectó y contrarrestó entre diciembre de 2025 y agosto de 2026. Anthropic ha bloqueado las cuentas implicadas y ha reforzado sus sistemas de detección de abusos.
Un centro de recopilación de información
Según el informe, un único operador gestionaba lo que Anthropic describe como un centro de recopilación de información sobre asuntos religiosos. El modelo reunía material en varios idiomas, lo traducía y lo convertía en expedientes en chino. La recogida de datos abarcaba plataformas chinas como WeChat, Xiaohongshu, Douyin y Weibo, pero también servicios occidentales como LinkedIn, Instagram, Threads, X y Facebook.
Las personas vigiladas iban desde destacados líderes religiosos hasta simples ciudadanos de a pie. También estaban bajo seguimiento las redes misioneras cristianas que conectan la China continental con Hong Kong y Singapur.
Además de los expedientes personales, la operación incluía tareas de reconocimiento de los lugares de culto, con la recopilación de planos, imágenes de las fachadas y esquemas estructurales de los edificios.
El asidero para ejercer presión
Entre los términos que se pedían a la inteligencia artificial para elaborar los expedientes figuraba la palabra china zhuāshǒu (抓手), que puede traducirse literalmente como «asidero» y que en este contexto designa un punto vulnerable que se puede aprovechar para presionar a una persona. Anthropic identifica este término con el Departamento de Trabajo del Frente Unido, el organismo del Partido Comunista Chino encargado de gestionar las relaciones con los grupos religiosos, las minorías y las comunidades chinas en el extranjero.
La empresa considera que la operación encajaba con las prioridades de los organismos chinos responsables de los asuntos religiosos y del Frente Unido. La actividad de las cuentas indicaba además que los operadores se encontraban en China; en un caso, uno de los usuarios se presentó como responsable de la seguridad informática del Estado chino. Con todo, estos indicios no permiten identificar con certeza a la agencia responsable, y Anthropic habla de una operación alineada con el Gobierno chino sin atribuirla a ningún organismo concreto.
Suplir la falta de censores
Ya en junio se había conocido un proyecto de la Universidad del Sudeste, en Nankín, para emplear la inteligencia artificial en la supervisión de los contenidos religiosos en internet, también con el objetivo de compensar la escasez de personal dedicado a los controles. La inteligencia artificial debía permitir pasar del simple filtrado de palabras sensibles a un análisis semántico más amplio, capaz de detectar y bloquear los contenidos que no se ajustaran a las directrices oficiales.
Dentro y fuera de las fronteras
El caso forma parte de una sección más amplia del informe dedicada a las operaciones de vigilancia detectadas entre enero y julio de 2026 y atribuibles a actores vinculados a China, Irán y África Occidental. Los organismos chinos habrían utilizado Claude para vigilar e intentar reclutar a uigures que se encuentran en Siria, entre ellos miembros de la diáspora y activistas. El modelo ayudó a identificar a los posibles objetivos, a preparar mensajes en el dialecto local, a traducir las respuestas en tiempo real y a organizar la información.
Otro grupo de cuentas, que Anthropic relaciona con los organismos chinos de seguridad pública y de seguridad del Estado, tenía en el punto de mira a disidentes y a comunidades que el Gobierno considera sensibles: defensores de los derechos humanos, activistas democráticos de Hong Kong, organizaciones uigures y grupos de la sociedad civil en el extranjero. El informe describe también cómo se utilizó Claude para identificar a personas que podían resultar útiles para realizar tareas de control en nombre del Gobierno chino.
El precedente del Vaticano
La atención que las instituciones chinas prestan a las comunidades religiosas de Asia no es nueva. El 28 de julio de 2020, la empresa de ciberseguridad Recorded Future documentó, en su informe «Chinese State-Sponsored Group RedDelta Targets the Vatican and Catholic Organizations», una campaña de intrusiones informáticas atribuida a RedDelta, un grupo que se considera vinculado al Estado chino.
Entre los objetivos de aquella campaña figuraban el Vaticano, la diócesis católica de Hong Kong, la Misión de Estudios de Hong Kong en China y el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras. Las actividades se detectaron en los meses previos a la renovación del acuerdo provisional entre la Santa Sede y Pekín sobre el nombramiento de obispos. Según los investigadores, los ataques podrían haber servido para recabar información sobre la posición negociadora del Vaticano y sobre las relaciones entre la Santa Sede y la Iglesia católica de Hong Kong.








