(InfoCatólica) El derecho de la Iglesia no se agota en conocer las normas que ordenan la vida eclesial, sino que debe reflejar la imagen misma de la Iglesia y tender al bien sobrenatural de los fieles. Así lo recordó el Papa León XIV este viernes, 23 de octubre, a los participantes en el Congreso Internacional organizado con motivo del 150 aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana, a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano.
El congreso, promovido por la propia universidad, se celebra en Roma del 20 al 24 de octubre. El Pontífice dirigió su saludo al rector, al decano, a los profesores, a los estudiantes y a los amigos de la Facultad.
El discurso, de tono académico, contiene sin embargo afirmaciones de fondo que hoy no se escuchan con frecuencia. León XIV sitúa la razón de ser del derecho canónico en el bien sobrenatural de los fieles, lo vincula al misterio de la Iglesia tal como lo expone el Concilio Vaticano II y rechaza que la justicia pueda separarse en la Iglesia de la verdad y de la misericordia. Frente a la extendida contraposición entre ley y pastoral, o entre norma y misericordia, el Papa recuerda que el derecho no es un obstáculo para la vida eclesial, sino un servicio a la comunión, y que el bien de la persona y el de la comunidad no pueden existir el uno sin el otro.
El Pontífice subrayó además, ante una institución de la Compañía de Jesús, que la fidelidad al Magisterio y el servicio a la Sede Apostólica forman parte de la identidad de la Facultad, recogida en sus propios Estatutos. Y pidió que los estudiantes llegados a Roma desde todo el mundo experimenten la Iglesia como comunión universal en torno al Obispo de Roma, «perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad», para llevar esa experiencia a sus Iglesias particulares.
Siglo y medio de tradición canonística
El Santo Padre comenzó recordando el origen de la institución. El 16 de agosto de 1876, por voluntad del Beato Pío IX, la Congregación para los Estudios dispuso la creación de la Facultad, que fue, según explicó, «el cumplimiento de una larga tradición de estudio y de enseñanza del derecho canónico, que había acompañado la historia del Colegio Romano y de la Compañía de Jesús».
La fecha que ahora se conmemora constituye, a juicio del Papa, una etapa fundamental de una historia iniciada siglos atrás, en la que la enseñanza canónica había madurado ya una tradición científica propia gracias a numerosos maestros que dieron lustre a la Facultad y contribuyeron de modo relevante al desarrollo de la ciencia canónica. Esos maestros, afirmó, «constituyen una suerte de hilo ininterrumpido que une a las generaciones y que todavía hoy entrega una valiosa herencia científica y eclesial».
Non multa, sed multum
León XIV recordó que la Facultad, como la universidad de la que forma parte, es una obra apostólica de la Compañía de Jesús y participa por ello de la espiritualidad nacida de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, uno de cuyos rasgos se resume en la expresión Non multa, sed multum.
«Importa, es decir, no conocer muchas cosas, sino penetrar profundamente en la realidad, comprenderla, interiorizarla», explicó el Papa, que citó a continuación al fundador de los jesuitas: «no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente».
Un derecho que refleje el misterio de la Iglesia
Este enfoque espiritual, observó el Pontífice, encuentra correspondencia en el modo en que la Facultad concibe la enseñanza del derecho de la Iglesia. Su finalidad, además de dar a conocer las normas que regulan la vida eclesial, es formar personas con el sentido eclesial del iustum, adquirido mediante el estudio cuidadoso de las fuentes, de la tradición canonística y de los principios teológicos que iluminan la norma.
Esto solo es posible, añadió, cuando el estudio del derecho canónico se realiza a la luz del misterio de la Iglesia, tal como lo expone el Concilio Vaticano II en la constitución dogmática Lumen gentium. El Papa evocó entonces la constitución apostólica Sacrae disciplinae leges (25 de enero de 1983), con la que San Juan Pablo II promulgó el Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina, y afirmó que, si bien «es imposible traducir perfectamente al lenguaje «"canonístico"» la imagen de la Iglesia», el derecho canónico «debe, no obstante, reflejarla».
El derecho, prosiguió, presta un servicio esencial en la custodia de la comunión eclesial y es, por tanto, «sumamente necesario para la Iglesia», con el fin de «crear tal orden en la sociedad eclesial que, asignando la primacía al amor, a la gracia y al carisma, haga […] más fácil su desarrollo orgánico». Y concluyó la idea con una afirmación de fondo: «El bien de la persona y de la comunidad eclesial, en efecto, no pueden existir independientemente el uno del otro».
Ordinata dilectio est iustitia
El Santo Padre citó el programa de estudios de la Facultad, según el cual «el derecho de la Iglesia debe tender siempre al bien sobrenatural de cada uno de los fieles y a la edificación de la comunión eclesial».
«Os exhorto a obrar fielmente según esta finalidad, es decir, por el bien sobrenatural de las personas, que se realiza persiguiendo la verdadera justicia, nunca separada en la Iglesia de la verdad y de la misericordia», pidió León XIV, que recurrió a San Agustín para resumirlo en «una fórmula cara a la tradición cristiana», Ordinata dilectio est iustitia.
Al servicio de la misión petrina
El Papa subrayó también un rasgo de la identidad de la Facultad recogido en sus Estatutos, que establecen que la institución «reconoce su papel especial en el servicio a la misión petrina. Por eso, en la enseñanza es fiel al magisterio de la Iglesia y da prioridad al servicio que sus profesores prestan a la Sede Apostólica».
«Os invito, por tanto, a proponer a vuestros estudiantes una experiencia viva de la Iglesia universal, que encuentra en el Obispo de Roma el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad», señaló, con referencia expresa a Lumen gentium, 23. Los alumnos, clérigos, consagrados y laicos, que llegan a Roma desde muy diversas partes del mundo «deben poder experimentar, también a través de la vida universitaria, que la Iglesia es una comunión universal», para llevar después esa experiencia a sus Iglesias particulares «como una riqueza que compartir, poniéndola al servicio de sus comunidades».
En la despedida, el Pontífice animó a la Facultad a mirar al futuro «confiando en Dios y también en la gran herencia recibida». «Así, siguiendo la estela de quienes os han precedido, podréis seguir dando esos frutos de doctrina, de ciencia y de santidad de vida que el Señor y la Iglesia esperan de vosotros», dijo, antes de encomendar el camino de la institución a la intercesión de la Virgen María, Speculum iustitiae, e impartir su bendición apostólica.








