(InfoCatólica) A veces nos preguntamos por las causas de la terrible apostasía masiva de católicos en Europa que ha tenido lugar en las últimas décadas. Lo cierto es que no debería extrañarnos si tenemos en cuenta que hay obispos que o bien no conocen la fe católica o directamente la rechazan. Ya lo anunció el profeta: «heriré al pastor y se dispersarán las ovejas».
Por poner un ejemplo, las diversas confesiones protestantes suizas se unirán el 21 de noviembre a la Conferencia Episcopal Suiza de obispos católicos para firmar una nueva versión de la Carta Ecuménica Europea. Hasta ahí, el acontecimiento no es noticia, porque a los obispos les encanta firmar documentos y el ecumenismo les fascina especialmente, aunque tienda a aburrir a las ovejas.
A fin de cuentas, los contenidos son más de lo mismo de siempre: «la paz y la reconciliación; la acogida de personas migrantes y refugiadas; el cuidado de la creación; el diálogo con el judaísmo, el islam y otras convicciones; La reflexión ética sobre las nuevas tecnologías; el papel de los jóvenes en el ecumenismo; el reconocimiento, con humildad, de las heridas y los fallos institucionales del pasado».
El problema, aparte de la habitual pérdida de tiempo con todo menos lo verdaderamente importante, está en que la Carta que van a firmar los obispos lleva ya la herejía en el propio título: «Carta Ecuménica. Directrices para la Cooperación Creciente de las Iglesias en Europa».
No hace falta ser un gran teólogo para saber que no existen «Iglesias», sino una sola Iglesia, la Católica. Esto es algo básico y fundamental para nuestra fe. Si la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, no puede haber varias. «¿Acaso está dividido Cristo?», pregunta San Pablo. «Existe, por lo tanto, una única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él», recordó la Declaración Dominus Iesus del año 2000, firmada por el cardenal Ratzinger en tiempos de Juan Pablo II.
Ni siquiera existe la posibilidad de que, confusamente, la Carta Ecuménica se esté refiriendo a Iglesias locales (es decir, diócesis y eparquías), como las que tienen también los ortodoxos, aunque se encuentren en cisma. Lo cierto es que la mayoría de los firmantes de la Carta Ecuménica son grupos protestantes, que no tienen sacerdotes ni obispos ni Eucaristía y, por lo tanto, no tienen ni siquiera Iglesias locales. Son grupos, sectas, comunidades eclesiales, hermanos separados, herejes o como se les quiera llamar, pero en ningún sentido «Iglesias».
Parece que los obispos, por razón de su cargo, deberían saber esto y no firmar cartas que niegan el credo en su propio título, pero quizá eso sea demasiado pedir. O quizá piensen que el ecumenismo es más importante que la fe.
El propio sitio web informativo de la Conferencia Episcopal Suiza titula la noticia «Las Iglesias de Suiza firman la Carta Ecuménica revisada en Neuchâtel”, ahondando en la herejía fundamental de la Carta al resaltar la existencia de supuestas «Iglesias» diferentes. De hecho, es habitual que dicho sitio web de la Conferencia Episcopal hable de «Iglesias» para referirse en conjunto a la Iglesia Católica y a los diferentes grupos protestantes de Suiza.
Con ello, por supuesto, el sitio web no hace más que seguir el ejemplo de sus jefes, los obispos suizos. A fin de cuentas, los prelados de Suiza forman parte oficialmente de un grupo llamado «Comunidad de Trabajo de las Iglesias Cristianas en Suiza», que lleva la misma grave herejía en su nombre.
Desgraciadamente, los obispos suizos no hacen con ello más que seguir el ejemplo de todos los obispos europeos, porque la Carta Ecuménica revisada que niega el credo en su propio título fue previamente firmada por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa en 2025. En Roma, para presentársela al Papa y en el aniversario del Concilio de Nicea, en cuyo credo se dice claramente: «creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica».
Quizá, ya que no estamos muy fuertes en la fe, al menos el sentido de la ironía podría hacer que evitáramos estas bochornosas meteduras de pata.







