(InfoCatólica) El Cardenal Arthur Roche da por cerrada cualquier vuelta atrás en la regulación de la misa tradicional. El prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos asegura que el Papa León XIV «no va a cambiar Traditionis custodes» ni «va a volver a Summorum Pontificum» (porque lo dice él), y sostiene que las confesiones y los matrimonios celebrados por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X son inválidos porque sus sacerdotes carecen de jurisdicción.
El purpurado británico lo afirma en una entrevista exclusiva concedida a Thomas Edwards, de AdVaticanum, en la que repasa también la polémica por la lectura cantada del Corán en una misa universitaria en Bélgica, el cuestionario a los obispos que precedió a Traditionis custodes y su futuro tras presentar la renuncia preceptiva al cumplir 75 años. Roche fue durante casi una década secretario de la entonces Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a las órdenes de los Cardenales Antonio Cañizares Llovera y Robert Sarah, y es prefecto del actual dicasterio desde 2021. Fue antes Obispo auxiliar de Westminster y Obispo de Leeds.
Según recoge el medio, Roche ha adoptado en materia litúrgica un enfoque claramente distinto del de sus dos predecesores, y considera que la Iglesia debe rendir culto con una sola voz acogiendo la reforma posterior al Concilio Vaticano II, que a su juicio supone una mejora respecto al Vetus Ordo.
Las respuestas del Cardenal son en muchos casos evasivas, como cuando decide no responder a los informes sobre los que se fundamenta Traditiones Custodes y en otros medias verdades, como cuando afirma que «Summorum Pontificum se concibió para facilitar el regreso de la Fraternidad San Pío X a la Iglesia», desmentido por el mismo autor del motu proprio, Benedicto XVI en una entrevista-libro con Seewald.
«No va a cambiar Traditionis custodes»
Preguntado por la posibilidad de que León XIV ofrezca sus propias orientaciones sobre la misa de 1962, teniendo en cuenta que buena parte del despertar católico entre los jóvenes parece girar en torno a ella, el prefecto responde con una negativa rotunda. «No va a cambiar Traditionis custodes. No va a volver a Summorum Pontificum», afirma.
Roche apoya su afirmación en recientes intervenciones del Pontífice. «Sus palabras a los sacerdotes y a los consagrados en Notre-Dame el sábado por la tarde son muy, muy claras: dejad de preferir vuestra propia visión particular sobre este asunto y volved a lo que la Iglesia os pide que hagáis», asegura. Añade que el Papa ya lo había expresado dos o tres semanas antes en la catequesis de los miércoles con la que concluyó su ciclo sobre Sacrosanctum Concilium, dejando claro, en palabras del cardenal, que la dirección de la Iglesia es esa y que las elecciones personales no deben intervenir en este asunto.
La razón, explica, es que la Iglesia se reúne como familia y como comunidad, no como una suma de individuos, y permanece fiel al depósito de la fe recibido del Señor.
El cuestionario a los obispos
El entrevistador recuerda que el Papa Francisco, en la carta con la que explicó Traditionis custodes, aludió a la consulta realizada a los obispos del mundo. «Transcurridos trece años, encargué a la Congregación para la Doctrina de la Fe que enviara un cuestionario a los obispos del mundo sobre la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum. Las respuestas revelan una situación que me preocupa y me entristece, y me persuade de la necesidad de intervenir», escribió entonces el Pontífice. La periodista Diane Montagna publicó posteriormente un informe según el cual la mayoría de los obispos que respondieron consideraban que modificar la legislación de Summorum Pontificum causaría más daño que beneficio.
Roche discrepa de esa lectura. «Sí, lo creo. No tengo ninguna duda, y se lo oigo una y otra vez a los obispos», responde cuando se le pregunta si existía entre ellos deseo de cambio. A su juicio, «los grupos tradicionalistas son mucho más ruidosos que la mayor parte de la Iglesia, por lo que tienden a acaparar titulares mucho más espectaculares».
El cardenal sostiene que la preocupación episcopal se debía en parte a que Summorum Pontificum se concibió para facilitar el regreso de la Fraternidad San Pío X a la Iglesia, algo que no sucedió. «En su lugar, se utilizó como vehículo para promover una liturgia anterior en vez de la liturgia renovada en algunas zonas del mundo, lo cual era completamente contrario al espíritu de Summorum Pontificum», afirma.
De ahí, según Roche, la decisión de Francisco de llamar a la Iglesia de vuelta al Concilio por el bien de la unidad. «El Concilio es la forma más alta de legislación dentro de la Iglesia católica, que uno ignora a riesgo de su propia alma; de lo contrario, se está apartando de la Iglesia. Si lo rechazas, si te resistes a él, te estás alejando del centro del catolicismo. Es una posición muy grave», advierte.
«¿Qué más queréis?»
A quienes asisten a la misa tradicional, Roche no les dice que dejen de hacerlo, sino que no lo hagan en exclusiva. «No debería ir a esa misa de forma exclusiva, creo. Eso es lo que diría», señala. Relata que, cuando grupos de fieles tradicionales acuden a él quejándose de que el Papa no ha sido amable con ellos, les responde así: «El Santo Padre os ha dado la posibilidad de celebrar la misa según el rito anterior. ¿Cuál es vuestro problema? ¿Qué más queréis?».
Según el prefecto, por lo general no saben responder, pero en los blogs tradicionalistas se percibe que aspiran a más. «Quieren volver a una Iglesia que no tenga la enseñanza del Concilio Vaticano II», sostiene, una Iglesia sin esta nueva forma de trabajar juntos para evangelizar el mundo. Por ello invita a cualquier católico, sea cual sea su sensibilidad, a examinar su conciencia a la luz de la enseñanza de la Iglesia y no de sus preferencias.
Roche admite que se puede sentir un profundo amor por el latín. «Somos el rito latino. El latín sigue formando parte de nuestra tradición litúrgica», recuerda, aunque pide pasar de lo personal a la identidad corporativa de la Iglesia. Evoca además a Pío XII, cuyas encíclicas Mystici Corporis Christi y Mediator Dei fueron, en su opinión, pilares fundamentales de Sacrosanctum Concilium. «No hay nada en ellas que se haya cambiado en Sacrosanctum Concilium», asegura, y subraya que es en la Eucaristía celebrada en comunidad donde la unidad de la Iglesia se expresa del modo más pleno.
Fe y compromiso en los dos ritos
El entrevistador plantea si la Iglesia, en un Occidente secularizado, no debería aprovechar la energía juvenil que se aprecia en la misa tradicional, donde parece casi garantizado que los fieles comprenden correctamente la Eucaristía y se confiesan con regularidad. Roche responde con otra pregunta: «¿Diría usted que eso no es cierto de quienes van a la misa dominical con el nuevo rito?».
Ante la insistencia del periodista, el cardenal se pregunta si lo que se percibe no es más bien una forma de uniformidad de mentalidad, frente a la diversidad que presentan sociedades como la inglesa. «¿Es diferente el nivel de compromiso? ¿Es diferente el nivel de fe? Yo no lo he visto. Como pastor, nunca lo he visto», afirma.
La Fraternidad San Pío X: «No tienen jurisdicción»
Sobre la Fraternidad San Pío X, Roche deja la puerta abierta. «Siempre hay un camino de vuelta», asegura, y presenta la conversión como una realidad diaria que no termina con el bautismo. «La llamada, la voz de Cristo, está dentro de la Iglesia. Él no fundó ninguna otra cosa que la sustituyera», señala, añadiendo que ni siquiera las experiencias místicas individuales pueden separarse de ese marco.
Preguntado expresamente si, a la luz de los últimos acontecimientos, las confesiones y los matrimonios de la Fraternidad serían inválidos, responde afirmativamente. «Sí. Porque no tienen jurisdicción, no tienen la autoridad. Es un asunto muy grave», afirma. Y recuerda la concesión de Francisco durante el Año de la Misericordia: «Y qué generoso fue el Papa Francisco en el Año de la Misericordia, al decir que también se aplica a vosotros: validaremos todas esas cosas que han sido inválidas durante todos estos años. Y ellos lo aceptaron. Pero ahora dicen que ni siquiera tenía autoridad para hacerlo y que no tenía sentido, porque eran válidas». Concluye que «o se cree en la Iglesia o no se cree».
El cardenal admite que quien está arrepentido puede ser perdonado mediante un acto de contrición en circunstancias excepcionales, pero insiste en el carácter eclesial del sacramento. Cuenta que hace cola cada semana, o cada dos semanas, en la basílica de San Pedro para confesarse públicamente como pecador, ante un sacerdote con poder para absolver, «no a mi tía, que es muy comprensiva y cariñosa», sino al sacerdote que representa a Cristo.
El Corán en una misa universitaria en Bélgica
El prefecto también se pronuncia sobre el caso de una universidad católica belga que permitió cantar una lectura del Corán en la misa de apertura del curso académico. Según AdVaticanum, la universidad indicó que la decisión se tomó consultando a los obispos locales, y la homilía la pronunció un laico y no el sacerdote.
«Completamente desacertado. Es, en primer lugar, una incomprensión de lo que es la celebración de la Eucaristía», responde Roche. Añade que prescindir de lo recibido en la reforma litúrgica es muy grave, porque la liturgia pasa a ser «lo que queremos que sea, en lugar de lo que la liturgia es en el culto a Dios». «Ese tipo de adaptación social no es más que una moda sin ningún sustento teológico, lo cual lo dice todo», sentencia.
El latín en la reforma conciliar
El entrevistador cita también Sacrosanctum Concilium para recordar que la constitución establece que los sacerdotes no pueden cambiar la liturgia por iniciativa propia y que el latín debe conservarse en el rito latino, y pregunta qué respondería a quien sostiene que la misa promulgada por San Pablo VI en 1969 no refleja en algunos puntos lo que dice ese documento. Roche considera que se trataría de «una lectura errónea de la tradición que han recibido».
Con 51 años de sacerdocio y 25 de episcopado, asegura no haber conocido ninguna diócesis donde esos elementos no estuvieran presentes. Pone como ejemplo a Gordon Wheeler, Obispo de Leeds, quien tras el Concilio procuró que la nueva misa se celebrara en latín cada domingo en algún lugar de cada arciprestazgo, prueba, según Roche, de su sabiduría pastoral.
«El catolicismo es un compromiso»
Roche reconoce que la generación actual que ve necesario el regreso al Vetus Ordo se parece a la suya, que vio en el Concilio el futuro de la Iglesia. Recuerda que ayudó como monaguillo en la misa antigua hasta los 21 años y que el sacerdote al que servía, el padre Quinton, le decía: «Recuerda, quince minutos, de amito a amito», anécdota que ilustra, en su opinión, la rapidez con que solía celebrarse.
Afirma amar la misa y a la Iglesia, y rechaza que lo surgido de la reforma sea defectuoso. «La estructura es la misma», sostiene, y añade que la reforma incorporó fuentes litúrgicas que no estaban disponibles en la década de 1570. Recurre a San Pablo y a los abusos litúrgicos de Corinto para recordar que solo la Iglesia, en su nivel más alto, puede transmitir la liturgia, y que no es algo que uno pueda elegir a la carta.
El cardenal evoca además una pregunta que le formularon en The Tablet sobre si hay que ir a misa cada domingo para ser católico, a la que respondió afirmativamente. «El catolicismo es un compromiso. El cristianismo es un compromiso. Y si no puedes mostrarlo el domingo, te sugeriría que te resultará difícil mostrarlo de otras maneras», explica. Un catolicismo meramente nocional, o que solo convenga en algunos ámbitos, «no es catolicismo. Eso es protestantismo. Soy yo tomándolo en mis propios términos».
Pedro Ballester y el futuro tras la renuncia
La entrevista se abre con un recuerdo personal. Roche es amigo de la familia de Pedro Ballester, joven que, según el medio, va camino de convertirse en el primer santo de la generación Z. «Estaba profundamente lleno de vida, y de vida para los demás», recuerda el cardenal, que destaca su mente inquisitiva y su vocación a sufrir con la cruz, una gracia excepcional en un joven al comienzo de sus estudios universitarios.
Sobre su futuro, tras haber presentado la renuncia al cumplir 75 años, Roche recuerda que como cardenal es miembro de numerosos dicasterios y que su trabajo no ha terminado. «Una vocación no es un trabajo. Es una forma de vida. Es una llamada», afirma. Mientras Dios le dé aliento, asegura, seguirá siendo sacerdote y haciendo trabajo sacerdotal, y si el Señor limita sus fuerzas, ofrecerá su vida y sus oraciones por el bien de la Iglesia.








