(InfoCatólica) El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha aprovechado su visita a Atenas para pronunciar un discurso que va más allá de los habituales tópicos políticos. En la colina de la Pnyx, donde se reunía la asamblea de la antigua Atenas, con la Acrópolis y el Partenón como telón de fondo, Rubio sostuvo que la civilización occidental se encuentra ante un «punto de inflexión» y advirtió de que la siguiente década determinaría el rumbo del siglo.
A su juicio, Occidente ha perdido la confianza en sus propias capacidades y necesita recuperar el espíritu de curiosidad, coraje, ambición y sacrificio de los antiguos griegos. «Creemos que Europa puede despertar de su largo letargo y reavivar el fuego que se encendió aquí hace milenios», afirmó.
El secretario de Estado enlazó esa herencia con Roma, el cristianismo y la fundación de Estados Unidos, presentando la historia occidental como una tradición común que Europa y América estaban llamadas a defender.
Asimismo, afirmó que la concepción griega de un universo racional y ordenado preparó el terreno para que «el Evangelio de Jesucristo encontrara suelo fértil en Europa» y floreciera en la Cristiandad. A continuación, señaló que sobre esa base se desarrolló la gran tradición de la teología cristiana, mencionando expresamente a San Agustín, Santo Tomás de Aquino y la tradición del derecho natural.
Rubio fue todavía más lejos al hablar de la antropología cristiana: la civilización occidental heredó una concepción compartida del hombre, de su lugar en el universo y de la existencia de verdades, bienes, virtudes y normas morales objetivas. Es decir, vinculó directamente la herencia cristiana con la idea de que existen criterios objetivos sobre cómo debe vivir el ser humano.
A ese respecto, describió la identidad estadounidense con una frase redonda: «nacidos en Atenas, formados por Roma, bautizados en la Cristiandad». Así presentó a los Estados Unidos como herederos de una gran cadena histórica que va desde Grecia y Roma, pasando por la Europa cristiana, hasta la república estadounidense.
También recurrió a ejemplos cristianos para explicar la concepción occidental del sacrificio y mencionó a los mártires, como Santo Tomás Moro, que prefirieron morir antes que renunciar a su fe y a la verdad. En ese sentido, Occidente no glorifica la muerte por sí misma, pero considera digno sacrificarse por la verdad, la fe, el deber o la patria.








