(InfoCatólica) En la pequeña población de Ottumwa, en el estado norteamericano de Iowa, se ha producido un hecho llamativo, que muestra los límites de la libertad religiosa.
Al comenzar cada reunión del ayuntamiento, existe la costumbre de ponerse en pie para rezar una oración y, después, pronunciar la promesa de fidelidad a la bandera de los Estados Unidos (pledge of allegiance). Hasta ahora, esa costumbre nunca había dado problemas, aunque se daba libertad para que no se pusiera en pie quien no quisiera participar en la oración. Una política aprobada por el ayuntamiento en enero permite que cualquier vecino pronuncie la oración, sin discriminación por razón de religión o creencias. La norma establece, no obstante, que las intervenciones deben mantener un tono solemne y respetuoso y no pueden utilizarse para atacar otras creencias o hacer proselitismo.
El pasado 6 de octubre, sin embargo, sucedió algo imprevisto. Matt Dalbey, antiguo concejal y miembro del «Templo Satánico», abrió la sesión del ayuntamiento invocando al «Padre oscuro» y reivindicando el «impulso luciferino» de comer del árbol del conocimiento, para terminar con las palabras «¡Salve, Satanás!».
En aquel momento muy pocos reaccionaron y, en el vídeo de la sesión, solo se ve a una persona sentándose al darse cuenta de que se trataba de una oración satánica. Después, un pastor protestante presente en la sala, Rick Bick, pidió que se «revirtiera» lo que calificó de «maldición» sobre la ciudad. Ante la tensión generada, el alcalde, Benjamin Foote, pidió guardar treinta segundos de silencio antes de continuar la reunión.
Dalbey ha aclarado que el Templo Satánico no cree en Satanás como una divinidad real, sino que utiliza la figura de Satanás como símbolo de determinados principios seculares e individualistas. O, dicho de otra manera, se trata de una provocación para molestar a los cristianos.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión delicada en Estados Unidos: cuando se abren los actos públicos a las invocaciones religiosas sin discriminar entre credos, la libertad religiosa protege también expresiones que resultan profundamente ofensivas para otros ciudadanos e incluso a prácticas expresamente provocadoras como la de Ottumwa. La experiencia muestra, además, que las ofensas contra el cristianismo, por alguna razón, resultan mucho más tolerables que los ataques a cualquier otra religión.








