Arrodillarse y comulgar en la boca se ha convertido en un rasgo generacional de los jóvenes católicos franceses

Un gesto que ya no es solo tradicionalista

Arrodillarse y comulgar en la boca se ha convertido en un rasgo generacional de los jóvenes católicos franceses

Una investigadora de Sciences Po que estudia la renovación católica en Francia constata que este modo de recibir la Eucaristía ya no se limita a los fieles de la Misa tradicional.

(El Debate/InfoCatólica) Arrodillarse y recibir la comunión en la boca ha dejado de ser en Francia un signo exclusivo de los católicos tradicionalistas y se ha convertido en un rasgo generacional. Así lo constata María-Katrina Cortez, doctoranda en Ciencias Políticas en Sciences Po París, que lleva años estudiando la renovación católica entre los jóvenes franceses y que ha analizado lo que reveló la reciente visita de León XIV al país.

La investigadora explica que, como suele sentarse en los primeros bancos, durante la comunión acaba muchas veces observando la fila que se forma ante el altar: «¿Se arrodillará? ¿Recibirá la Eucaristía en la mano? ¿Dirá Amén? Es uno de esos hábitos que he ido adquiriendo como investigadora».

De un código tradicionalista a un rasgo generacional

Durante meses, reconoce, convirtió ese gesto en una especie de atajo sociológico. Cuando veía a un joven arrodillarse y comulgar en la boca, pensaba de inmediato que se trataba de un tradicionalista. La asociación parecía evidente: ese modo de recibir la comunión pertenecía, para muchos, al universo del Vetus Ordo, a peregrinaciones como la de Chartres y a unas redes tradicionalistas especialmente densas y visibles en Francia.

«Hasta que empecé a verlo en todas partes», relata. Lo vio entre jóvenes de comunidades carismáticas, entre conversos que nunca habían asistido a una Misa en latín y entre adolescentes que se arrodillaban y recibían la comunión en la boca mientras sus padres, justo a su lado, la recibían en la mano. «Lo que al principio me había parecido el código de una subcultura católica concreta empezaba a adquirir un carácter generacional», explica.

Sus entrevistas reforzaron esa impresión. Arrodillarse y comulgar en la boca no equivalía necesariamente a identificarse como tradicionalista, pero aparecía cada vez con más frecuencia entre jóvenes de procedencias eclesiales muy distintas.

«No estoy diciendo que esa manera de comulgar vuelva a nadie más santo», precisa. «Pero que padres e hijos puedan acudir a la misma misa y acercarse al altar de manera distinta resulta revelador: sugiere una diferencia elegida». En su opinión, ahí puede residir una de las claves del giro del catolicismo francés entre los jóvenes: no solo en las cifras, sino también en la circulación de prácticas y sensibilidades entre mundos católicos que antes estaban más separados.

Varios mundos católicos en un mismo estadio

La visita papal hizo especialmente visible esa pluralidad. «Desde lejos, podía parecer una sola multitud de católicos. De cerca, eran varios mundos coincidiendo en un mismo espacio», escribe Cortez. Y la palabra que mejor los unió fue la que León XIV repitió una y otra vez durante aquel fin de semana: el compromiso.

La primera mitad de la vigilia de oración con los jóvenes en el Stade de France perteneció claramente al registro carismático contemporáneo, algo así como un Hakuna a la francesa: sonó Comment ne pas te louer, una canción muy popular en las redes sociales, junto a otros cantos de alabanza, y hubo jóvenes que hablaron abiertamente de su encuentro con Cristo.

Pero la noche no se quedó ahí. Poco a poco cambió la estética. Los testimonios dieron paso a una letanía de los santos de Francia, a la Santa Túnica de Cristo y a la memoria católica y monárquica del país. Emergió otro imaginario, más arraigado en la continuidad de la hija primogénita de la Iglesia. La primera impresión de la investigadora coincidió con la de varios de sus entrevistados: el Puy du Fou había llegado, de algún modo, al Stade de France.

Para un lector español, explica, el Puy du Fou es mucho más que un parque temático. Sus grandes espectáculos históricos han convertido una determinada visión de Francia, hecha de cristianismo, monarquía, sacrificio, martirio y continuidad histórica, en una forma de cultura popular de enorme éxito. Sus detractores lo tachan a menudo de reaccionario e identitario, pero su fuerza emocional resulta difícil de negar: la recreación de ese imaginario en el Stade de France llegó a conmover al propio Pontífice.

Lo más revelador de la vigilia, subraya Cortez, es que ese lenguaje histórico convivió en la misma noche con la alabanza carismática. El universo de la Comunidad del Emmanuel coexistió con el de Chartres; el pop, con el gregoriano. La vigilia no trató de borrar las diferencias, sino de hacerlas convivir. Y en los últimos minutos, los 80.000 jóvenes terminaron unidos en un mismo canto a la Virgen.

El latín en la Misa papal

La Misa del día siguiente prolongó esa misma lógica. Fue, sin duda, una gran celebración papal según el rito de Pablo VI, pero el latín ocupó un lugar visible en momentos importantes: el Gloria, el Pater noster y la bendición final. La investigadora advierte de que el latín en una Misa papal no tiene nada de extraordinario, y de que sería simplista interpretarlo como una concesión a las fraternidades tradicionalistas. «Pero en Francia adquiere una resonancia particular», señala.

Las fraternidades tradicionalistas existen también en España y en muchos otros países, recuerda. Sin embargo, Francia sigue siendo uno de los principales centros intelectuales, institucionales y sociales del tradicionalismo católico. Allí existen redes familiares y parroquiales que se remontan a las primeras décadas de recuperación de la liturgia tradicional, y entre los jóvenes ese mundo puede adquirir además una dimensión política especialmente marcada.

La Fraternidad San Pío X nació en el mundo católico francés, y la resistencia de Mons. Marcel Lefebvre al orden posconciliar acabó provocando una crisis eclesial cuyas consecuencias desbordaron ampliamente las fronteras de Francia. Las cuestiones en torno a la tradición y al Vetus Ordo pasaron a ocupar el centro de unos debates que todavía hoy atraviesan la Iglesia. «En cierto sentido, en el país de la Revolución, la contrarrevolución terminó convirtiéndose también en una forma de revolución», escribe Cortez.

Otras fraternidades vinculadas a la liturgia tradicional mantienen también una fuerte implantación en Francia. La Fraternidad Sacerdotal San Pedro, aunque fundada en Suiza en 1988, comenzó su apostolado en Francia apenas unos meses después y desarrolló rápidamente una importante red en el país. La peregrinación de Chartres se ha convertido, además, en una de las manifestaciones más visibles del tradicionalismo católico joven, acompañada de una densa red de peregrinaciones regionales, asociaciones y comunidades que otorga a este mundo una profundidad social difícil de percibir desde fuera.

Eso no significa, aclara, que León XIV celebrara una Misa «para tradicionalistas». Lo revelador es algo más sutil: en un país donde el tradicionalismo conserva un peso particularmente visible y estructura comunidades intensas, con sus propios espacios de sociabilidad, la liturgia papal no ignoró elementos capaces de resonar con ese mundo. Sin adoptar plenamente ninguno de esos registros, dejó espacio para que sensibilidades muy distintas pudieran reconocerse en la misma celebración. La propia estructura de la Misa reflejaba así algo muy real sobre el catolicismo que el Papa había venido a encontrar: plural, intenso y comprometido.

Fronteras más rígidas que en España

La diversidad católica no es, por supuesto, una particularidad francesa. España tiene el Opus Dei, Effetá, Hakuna, fraternidades tradicionalistas y otras sensibilidades muy distintas. Pero lo que más llama la atención a la investigadora al comparar ambos países es que en España esas fronteras parecen a menudo más porosas: un católico del Opus Dei, o incluso de sensibilidad tradicionalista, puede sentirse cómodo en un concierto de Hakuna.

En Francia, en cambio, las distintas sensibilidades católicas tienden a cristalizar en redes sociales más autónomas, y sus divisiones adquieren a menudo una dimensión política. El mundo tradicionalista, el carismático, el catolicismo ecologista o incluso ciertas corrientes de anarquistas cristianos no solo se comprometen de maneras distintas: muchas veces se mueven en universos católicos propios, hasta el punto de que sus miembros apenas entran en contacto entre sí y, en ocasiones, se miran con recelo.

En un solo fin de semana, resume, se podía pasar de la alabanza contemporánea a Juana de Arco a caballo, y del testimonio de jóvenes de las periferias populares de París a pancartas que reclamaban un mayor papel para las mujeres en la Iglesia. Lo que desde fuera se presenta a veces como una renovación católica única y homogénea, o como un fenómeno identitario y politizado, engloba en realidad varias renovaciones que avanzan en paralelo.

Compromiso, no nostalgia

Esa diversidad explica también, según Cortez, por qué la actual renovación católica no puede interpretarse simplemente como nostalgia. Los santos de Francia y la memoria histórica importan a muchos jóvenes católicos franceses, pero el mensaje de León XIV no fue una invitación a refugiarse en el pasado, sino una llamada a actuar en el presente. Su insistencia en unir oración y servicio, adoración y acción, sugería que la identidad católica solo cobra sentido cuando se traduce en una manera concreta de estar en el mundo.

«Es algo que encuentro constantemente en mis entrevistas», afirma la investigadora. «Para muchos jóvenes, aunque el catolicismo francés sea numéricamente mucho más débil que en el pasado, la religión ya no puede recibirse de forma pasiva. Permanecer católico y, aún más, convertirse, implica elegir: una comunidad, una forma de vivir y una manera de pensar la política».

Por eso, concluye, el compromiso puede ser una de las claves más útiles para entender tanto lo que está ocurriendo entre los jóvenes de Francia como la reciente visita del Papa. León XIV no hizo desaparecer las diferencias entre esos universos católicos; la importancia de su visita estuvo precisamente en que, durante unos días, todos ellos pudieron reconocerse dentro de una misma Iglesia, mostrando que la intensidad del compromiso no tiene por qué traducirse en fronteras más rígidas entre ellos.

8 comentarios

Dámaso
Y sin embargo muchos curas se lo impiden,ay de estos que prohíben adorar a Dios como se merece!.
4/10/26 6:41 AM
Juan
Por favor les pido a todos, no caigan en la tentación de escribir artículos ayudándose de la inteligencia artificial. Os lo pido seriamente.
4/10/26 9:14 AM
Redacción
Dámaso, los que comulgan en la mano también adoran a Dios como se merece. Igual que lo hicieron tantísimos cristianos en tiempos de San Cirilo y los siglos anteriores.

Un sacerdote que impida a un fiel comulgar en la boca o de rodillas, hace mal, porque el fiel tiene derecho a comulgar así. Es legítimo preferir comulgar en la boca y opinar prudencialmente que esa debería ser hoy la forma de comulgar de todos, pero, en sí misma, es igual de digna una cosa que la otra. Y la Iglesia permite ambas.
4/10/26 12:42 PM
Maximiliano
La hostia consagrada no es un símbolo, sino la presencia real, verdadera y sustancial de Jesucristo (su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad). La palabra hostia proviene del latín (que significa "víctima" u ofrenda de sacrificio), recordando el sacrificio de Jesús en la cruz por la humanidad.

Durante la Santa Misa, en el momento de la consagración, ocurre un cambio profundo y misterioso. Aunque la hostia mantiene la apariencia, el color, el olor y el sabor del pan (conocidos teológicamente como accidentes), su sustancia se convierte por completo en el Cuerpo de Cristo que está presente en cada hostia consagrada y en cada pequeña fracción de ella.

La Eucaristía es considerada el punto más alto de la vida cristiana. Al recibirla en la comunión, el creyente se une íntimamente con Jesús. Debido a que creen que es Dios mismo oculto bajo la apariencia de pan, las hostias consagradas que sobran después de la misa se guardan en el Sagrario, se exponen para la adoración en la custodia y se tratan con profunda reverencia.

4/10/26 1:25 PM
maru
Eso de que es tradicionalista, lo sacaron los progres que, por desgracia, abundan en la Iglesia. Arrodillarse y comulgar en la boca, es lo católico de toda la vida. Yo me crié en esa creencia, como mi madre y antepasados y nunca fue abolida esta práctica.
4/10/26 1:44 PM
Manuel Ros Amo
Nunca senti el tiron de imitar el recibir la comunion en la mano, si no mas bien no he sentido motivacion espiritual
4/10/26 2:46 PM
Pacomio
Acá en la DEVASTADA ARGENTINA los obispos y .muchos curas lo persiguen con vehemente fanatismo...
4/10/26 3:31 PM
Observador
Redacción: cuando San Pablo VI permitió la comunión en la mano no lo hizo en igualdad de condiciones que la comunión en la boca, sino como indulto de una prohibición, pero dejó claro que la forma óptima de comulgar era en la mano.
Aparte de que estudiosos de los Santos Padres como Monseñor Schneider han negado que la comunión en la mano en aquellos tiempos fuese como ahora, la profundización posterior en el dogma de la presencia real de Cristo en las especies consagradas hacen hoy día desaconsejables la comunión en la mano.
4/10/26 3:49 PM

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.