(InfoCatólica) El cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Frisinga, ha hecho balance de su ministerio en una entrevista con el portal katholisch.de. La publicación coincide con el trigésimo aniversario de su consagración episcopal, recibida el 21 de septiembre de 1996 como obispo auxiliar de Paderborn, y con su 73.º cumpleaños. Marx repasa la crisis de los abusos, el Camino Sinodal, su relación con León XIV y su futuro en la sede, y asegura sentirse «absolutamente en condiciones» de seguir en el cargo.
Del Camino Sinodal a la diócesis
Marx fue uno de los impulsores del Camino Sinodal alemán en 2019, cuando presidía la Conferencia Episcopal. Sitúa su origen en la publicación del informe MHG sobre abusos, en septiembre de 2018, y en su acuerdo con el entonces presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), Thomas Sternberg. Siete años después considera que la iniciativa fue acertada «sin duda», y asegura haber prometido a Francisco que trabajaría para que el camino alemán confluyera con el proceso sinodal de la Iglesia universal. Cree incluso que contribuyó a ponerlo en marcha.
La afirmación contrasta con la carta que Francisco dirigió al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania el 29 de junio de 2019, en la que advertía contra la tentación de buscar la renovación de la Iglesia principalmente en la reforma de estructuras y organismos.
El tono de Marx es hoy distinto del de entonces. En 2019 sostuvo, en sustancia, que no se podía esperar a Roma y que la Iglesia en Alemania debía seguir su propio camino. Ahora afirma que el proceso «no puede terminar enviando a Roma una lista de exigencias», fórmula que juzga poco imaginativa, y reclama que la Iglesia en Alemania se pregunte por su propia misión en lugar de trasladar la responsabilidad al Papa. Añade que el lugar central de la Iglesia sinodal es la diócesis y no el nivel nacional, y pone como ejemplo el órgano sinodal diocesano constituido en Múnich.
En esa línea rechaza una Conferencia Sinodal que actúe como «supervisión superior» sobre las diócesis. No renuncia, sin embargo, a un órgano nacional compartido. La Conferencia Episcopal, afirma, «no puede ser el único órgano para representar hoy a la Iglesia», y echa en falta un «espacio de resonancia» que recoja lo que ocurre en las Iglesias locales y represente a la Iglesia en todo el país. Más que rebajar el futuro órgano, Marx lo redefine con un lenguaje menos conflictivo ante Roma, sin abandonar la idea de una representación compartida entre obispos y laicos.
Un estatuto pendiente en Roma
Sus palabras llegan en un momento sensible. El estatuto de la futura Conferencia Sinodal, aprobado por el ZdK y por la Conferencia Episcopal, prevé que obispos y laicos deliberen y adopten resoluciones conjuntas. El actual presidente de la Conferencia Episcopal, Heiner Wilmer, lo presentó el pasado 31 de marzo ante el prefecto del Dicasterio para los Obispos, Filippo Iannone, para solicitar la recognitio. Esta sigue pendiente, y el ZdK reconoció en mayo que la sesión constitutiva prevista para noviembre no podrá celebrarse en la forma proyectada.
En enero de 2023, una carta firmada por los cardenales Parolin, Ladaria y Ouellet advirtió que ni el Camino Sinodal ni ningún órgano instituido por él tienen competencia para establecer un consejo sinodal nacional sobre los obispos. El rechazo de Marx a una «supervisión superior» converge formalmente con esa advertencia. Queda por ver cómo se concilia con ella su reclamación de que la representación de la Iglesia no corresponda solo a los obispos, cuando la representación de la Iglesia particular corresponde, por razón del sacramento, al obispo.
La doctrina social, aplicada a la Iglesia
Con motivo del aniversario, la Academia Católica de Baviera celebró en Múnich unas jornadas sobre «El obispo sinodal», en las que intervino también el vicepresidente del ZdK, Thomas Söding. Allí, según recoge CNA Deutsch, Marx pidió no entender la sinodalidad «como una lucha de poder, sino como un camino para ser mejor Iglesia».
El cardenal fue más lejos al trasladar a la propia Iglesia los principios de la doctrina social. «Podemos trasladar a la Iglesia la solidaridad, la participación, las reglas de convivencia, la corresponsabilidad; incluso debemos hacerlo», afirmó. Sostuvo además que un proceso sinodal no puede limitarse a citar encíclicas y teólogos, sino que la Iglesia debe también leer una novela y escuchar a las ciencias sociales, la política y la cultura, aunque precisó que la voz de la tradición de dos mil años debe seguir siendo audible.
La trasposición no es neutra. Los principios de la doctrina social se formularon para ordenar la sociedad civil, mientras que la constitución jerárquica de la Iglesia es de institución divina (LG 18-20). La Comisión Teológica Internacional, en su documento de 2018 sobre la sinodalidad, distingue entre la elaboración de una decisión, en la que participa todo el Pueblo de Dios, y la toma de la decisión, que corresponde a la autoridad pastoral. Marx no menciona esa distinción.
Una eclesiología de agregación
En la entrevista, Marx afirma que la Iglesia no es «una pirámide con la Curia romana en la cúspide», sino que está formada por Iglesias locales que juntas constituyen la Iglesia universal y atribuye esta visión al Concilio Vaticano II.
Como suele ser normal en este tipo de prelados, la formulación es parcial. Lumen gentium 23 enseña que la única Iglesia católica existe «en y a partir de» las Iglesias particulares (in quibus et ex quibus), en una relación de mutua interioridad y no de mera suma. La Congregación para la Doctrina de la Fe precisó en la carta Communionis notio (1992, n. 9) que la Iglesia universal es ontológica y temporalmente previa a cada Iglesia particular. La Iglesia no resulta de la agregación de sus partes, sino que es la realidad que las constituye como tales.
El Papa como «fundamento de la unidad»
Preguntado por dónde desearía de León XIV más valentía o una posición más clara, Marx responde que el Papa lo está haciendo «completamente bien». Lo describe como un hombre que escucha y destaca su «serenidad». Rechaza la idea de que el Pontífice sea «el soberano autocrático de la Iglesia» y lo define como «fundamento de la unidad», expresión tomada de Lumen gentium 23.
La cita es correcta, pero, una vez más incompleta. El mismo documento conciliar (LG 22), en continuidad con la constitución Pastor aeternus del Vaticano I, atribuye al Romano Pontífice una potestad plena, suprema y universal sobre toda la Iglesia, que puede ejercer siempre libremente. Planteada como alternativa entre autocracia y unidad, la descripción deja fuera lo que el Concilio afirma junto a esa expresión, porque el primado de jurisdicción no se opone a la unidad, sino que la garantiza.
El silencio sobre las bendiciones
El elogio llega cinco meses después de que el propio Marx protagonizara el episodio más tenso de su relación reciente con Roma. En abril, el arzobispado de Múnich confirmó que el cardenal había recomendado a sus agentes de pastoral, «como base de su acción pastoral», el documento de la Conferencia Episcopal y el ZdK «Segen gibt der Liebe Kraft» («La bendición da fuerza al amor»), que contempla celebraciones de bendición para parejas del mismo sexo y para divorciados vueltos a casar. Marx se convirtió así en el primer cardenal alemán en autorizarlas en su diócesis.
Días después, el 23 de abril, León XIV fue preguntado expresamente por esa decisión en el vuelo de regreso de África. El Papa recordó que la Santa Sede ya había comunicado a los obispos alemanes su desacuerdo con la bendición formal de parejas del mismo sexo o en situación irregular más allá de lo permitido por Francisco, y advirtió de que ir más allá «podría causar más desunión que unidad».
La entrevista no menciona el episodio. Ni el entrevistador lo plantea ni Marx lo aborda al responder precisamente por su valoración del Papa, cuando la única desautorización pública de León XIV a un obispo alemán se refiere a una decisión suya. Tampoco se tratan la ordenación de mujeres ni la moral sexual, que han concentrado las objeciones romanas a los textos votados en Fráncfort.
La herida de los abusos y la Eucaristía
En el plano personal, Marx reconoce que en 1996 no intuía el sufrimiento que los abusos en el ámbito eclesial causarían a tantas personas, y afirma que hoy se habría planteado antes esas preguntas. Preguntado por unos jóvenes si volvería a ser sacerdote, respondió afirmativamente con una razón explícita, porque no puede vivir sin la Santa Misa, aunque añadió que no esperaba que el camino fuera tan difícil.
El cardenal aplica a la Iglesia y a sí mismo la palabra de San Pablo según la cual, aunque el hombre exterior se desgaste, el interior se renueva de día en día (2 Co 4,16). También afirma haber combatido «desde el principio» las miradas nostálgicas al pasado, que enumera junto al «constante quejarse y lamentarse» como obstáculos para reconocer que la Iglesia posee «un tesoro» indestructible.
Medios, algoritmos y política
Marx está a punto de concluir su responsabilidad en materia de medios dentro de la Conferencia Episcopal. Alerta sobre el poder de las grandes tecnológicas, su vínculo con el poder político y económico y el uso de redes sociales por menores. Preguntado por el avance de la AfD en las recientes elecciones regionales, atribuye a los algoritmos y a los bots una dinámica que favorece a los «radicales» y a los «simplificadores». Se trata de un juicio prudencial sobre la vida pública, no de un pronunciamiento magisterial. Sobre la victoria de la extrema izquierda en Berlin tampoco hubo una sola palabra.
El futuro en la sede
Marx cumplirá 75 años en septiembre de 2028, edad a la que el canon 401 §1 invita a los obispos diocesanos a presentar su renuncia. Será la segunda vez que la ofrezca, ya que Francisco rechazó la primera, presentada en 2021 tras la crisis de los abusos. Preguntado por el caso del arzobispo de Milán, Mario Delpini, respondió que la decisión corresponde al Santo Padre.
El paralelismo es imperfecto. Delpini, que cumplió 75 años el 29 de julio, expuso en audiencia a León XIV las razones que aconsejaban sustituirle este verano, y fue el Papa quien optó por no aceptar de inmediato su renuncia, que después aceptó con la cláusula nunc pro tunc prorrogando su mandato un año. Marx, en cambio, se declara dispuesto a continuar.
«No estoy en absoluto cansado del cargo», zanja el cardenal. Mientras Dios le dé fuerzas y el Papa lo quiera, dice, está dispuesto a seguir.








