La Diócesis de Arlington abre la causa de Thomas Vander Woude, muerto al salvar a su hijo con síndrome de Down
Thomas Vander Woude | © Página de promoción de la Causa

Aún así no se juzga como murió, sino cómo vivió

La Diócesis de Arlington abre la causa de Thomas Vander Woude, muerto al salvar a su hijo con síndrome de Down

Murió asfixiado en una fosa séptica sosteniendo en alto a su hijo. Su obispo abre ahora su causa de beatificación y advierte de entrada que no es por aquel desenlace, sino por los sesenta y seis años anteriores. O más bien que aquel desenlace es congruente con su vida.

(InfoCatólica) Como dice el refrán «Cual la vida, tal la muerte» o en variante más moderna «Como se vive, se muere». El caso de Thomas Vander es un buen ejemplo.

La Diócesis de Arlington (Virginia, Estados Unidos) ha recibido la petición de introducir la causa de beatificación y canonización de Thomas Stephen Vander Woude, el padre de familia que en 2008 se arrojó a una fosa séptica para rescatar a su hijo menor, con síndrome de Down, y murió asfixiado sosteniéndolo en alto para que pudiera respirar. Su obispo, monseñor Michael F. Burbidge, ha hecho pública la petición mediante un edicto fechado el 10 de septiembre de 2026. Y en el mismo documento advierte que lo que se somete a examen no es aquel desenlace, sino los sesenta y seis años que lo precedieron.

Y recalcando la buena doctrina católica sobre la santidad, que no es heroísmo, ni morir por una «causa» ajena a Jesucristo, el edicto episcopal recuerda: «Vemos en la vida y en la muerte de Thomas Vander Woude una respuesta sincera a la llamada cristiana a la santidad». «Por heroicas que fueran las circunstancias de su muerte, este esposo y padre mostró de manera profunda que la santidad ha de buscarse ante todo mediante la fidelidad personal en la vida diaria y mediante un sí constante y sincero a Dios en las circunstancias de la propia vocación y de las propias responsabilidades»

El documento diocesano sostiene que la fama de santidad del candidato se ha extendido precisamente por «la extraordinaria coherencia entre su vida cristiana cotidiana y su acto final de amor sacrificial». Nacido en Sioux Falls (Dakota del Sur) el 24 de abril de 1942, Vander Woude mostró desde sus primeros años, según el edicto, «cualidades notables de prudencia, fortaleza, caridad, humildad y un profundo sentido de responsabilidad hacia los demás, especialmente dentro de su familia», y permaneció «profundamente devoto de la Sagrada Eucaristía, de la Santísima Virgen María, de la oración diaria y de la vida de la Iglesia».

«Tú tira y yo empujo»

Los hechos ocurrieron el 8 de septiembre de 2008, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Según relata la página creada en apoyo de la causa, aquella mañana Vander Woude preparaba con su hijo Joseph, entonces de 20 años, el acondicionamiento de la piscina exterior de la finca para el invierno. En un momento dado advirtió que el muchacho había desaparecido de su vista y que faltaba la tapa de la fosa séptica: la chapa metálica que cubría la abertura había cedido bajo su peso.

El depósito tenía entre dos y dos metros y medio de profundidad. El padre pidió a un operario que trabajaba ese día en la casa que avisara a su mujer, Mary Ellen Earley, para que llamara a los servicios de emergencia, y a continuación saltó al interior. Sabía, según esa misma fuente, que su hijo moriría en pocos minutos, por asfixia a causa de los gases tóxicos o ahogado en el lodo.

Dentro de la fosa intentó izar a Joseph con la ayuda del operario, que tiraba desde arriba. La concentración de metano y otros gases era muy elevada y apenas llegaba aire respirable por debajo de la abertura. «Tú tira y yo empujo», gritó al hombre que le auxiliaba desde el exterior. Fueron sus últimas palabras. Perdió el conocimiento y se hundió, aunque de algún modo siguió sosteniendo a su hijo por debajo. Cuando su mujer llegó tras avisar al servicio de emergencias, solo pudo ayudar a mantener a Joseph sujeto con una correa bajo los brazos, sabiendo que su marido permanecía en el fondo. Los sanitarios rescataron primero al hijo, que sobrevivió, y después extrajeron el cuerpo sin vida del padre.

Lo que hacía los otros días

Las fuentes disponibles sobre el candidato describen una rutina sostenida durante décadas. Comulgaba a diario y hacía una hora santa cada jornada, habitualmente entre las dos y las tres de la madrugada. La familia rezaba el rosario cada noche, práctica que el matrimonio adoptó durante los dos años que pasó destinado en Lemoore (California) y que ya no abandonó. Preguntado por otros padres sobre cómo sacar adelante una familia católica, según recordaba su hijo Dan en declaraciones al National Catholic Register recogidas por el periodista Tim Drake, señalaba siempre el rosario en familia.

Esa misma disposición marcaba su presencia en la parroquia. Desde 2001, cuando la comunidad de Holy Trinity de Nokesville nació en un instituto de secundaria sin templo propio, se encargó cada domingo de montar a las siete de la mañana las sillas y el mobiliario pesado, y de recogerlo todo después de la misa del mediodía, mientras su mujer ejercía de sacristana. Con permiso del conserje del centro construyó un armario para guardar los objetos litúrgicos. Durante siete años acudió además semanalmente a la adoración eucarística. Hoy la parroquia cuenta con más de 4.000 familias inscritas y su hijo mayor, el sacerdote Thomas Patrick Vander Woude, fue su párroco entre 2011 y 2024.

Su hijo Dan describía a un hombre que no calibraba su competencia antes de echar una mano. Contaba que no sabía nada de fútbol, pero que hacía falta un entrenador, así que se apuntó a cursos de formación para aprender. «Ya fuera entrenando baloncesto, fútbol o dirigiendo a los monaguillos, era muy bueno con los jóvenes», recordaba. Y resumía así lo que había visto en casa: en una cultura que vende toda clase de cosas, él tenía un padre de rodillas que le enseñaba a ser un hombre de Dios.

El argumento del edicto

En apoyo de su tesis, el obispo de Arlington cita en el edicto la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, del 19 de marzo de 2018, en la que el Papa Francisco escribió: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa […] Muy frecuentemente se trata de la santidad de la puerta de al lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (GE 7).

El documento concluye que el testimonio de virtud cristiana del candidato y su disposición a entregar la vida por su hijo, junto con la fama de santidad señalada, «parecen ser signos claros de la importancia de la Causa para la Diócesis de Arlington y para la Iglesia universal». Su vida, añade, «refleja la llamada universal a la santidad proclamada por la Iglesia», y su muerte, «un acto inequívoco de amor sacrificial», invita a los fieles no solo a admirar su ejemplo, sino también a pedir su intercesión.

Del portaaviones a la granja

La documentación de apoyo a la causa reconstruye una biografía marcada por la aviación y por la vida rural. Criado en una granja familiar cerca de Sioux Falls en un hogar católico practicante, Vander Woude ingresó en la Armada estadounidense en 1965 y llegó a pilotar el caza de ataque monoplaza A-7. Su escuadrón, el VA-86, estuvo desplegado en la zona del golfo de Tonkín a bordo del portaaviones USS America entre abril y diciembre de 1968. Después pasó a la reserva, voló para dos compañías aéreas comerciales y regresó temporalmente al servicio activo como instructor de vuelo, acumulando decenas de miles de horas de vuelo. Retirado de la aviación comercial en 2002, dirigió el departamento deportivo del Christendom College, en Front Royal (Virginia).

En la década de 1970, disconformes con la educación sexual introducida en los colegios, incluidos los católicos, él y su mujer retiraron a sus hijos de esas clases. En 1981 se trasladaron al norte de Virginia para escolarizarlos en la Seton School de Manassas. «Si van los chicos, vamos todos», resolvió entonces el padre, según recoge la página de la causa. Poco después compraron una finca de unas once hectáreas cerca de Manassas y la parcelaron para que cada hijo pudiera construir allí su casa. Allí organizaron durante casi dos décadas, el último domingo de mayo, una jornada mariana abierta a cientos de personas, con procesión por el perímetro de la finca, rosario y cantos.

El séptimo hijo

Joseph, el séptimo varón, nació el 28 de octubre de 1987. Su madre tenía 43 años y los médicos habían advertido al matrimonio de que cada nuevo embarazo entrañaba riesgo, después de cinco cesáreas. Aun así decidieron seguir abiertos a la vida. El parto se precipitó y fue el propio padre quien asistió el alumbramiento en la casa de labranza, veintiún años antes de morir tratando de sacarlo de la fosa.

Desde entonces, el matrimonio se volcó en su educación, escolarizado en casa, y se convirtió en referencia para otros padres de niños con discapacidad intelectual en unos años, los noventa y los primeros dos mil, en los que apenas existían grupos de apoyo. El padre procuró incluir a Joseph en cuanto hacía, incluidos los equipos que entrenaba y el servicio al altar en la parroquia, donde sigue ayudando en la misa.

Ochenta monaguillos en el funeral

El velatorio se prolongó más de cinco horas, con miles de personas guardando cola. Fue enterrado en un sencillo ataúd de pino, forrado con el vestido de novia de su mujer, que ella y sus hijas recortaron para ello. La misa exequial se celebró el 15 de septiembre de 2008, memoria de la Virgen de los Dolores, presidida por su hijo sacerdote y concelebrada por más de setenta y cinco sacerdotes, con la asistencia del entonces obispo de Arlington, monseñor Paul Loverde, y de cerca de ochenta monaguillos, a los que él mismo había formado. Sus restos reposan en el Cementerio Nacional de Quantico.

Uno de los jóvenes a los que entrenó en el Christendom College explicaba así la afluencia: acudieron porque sabían que él habría hecho lo mismo por cualquiera de ellos si hubiera sido otro el que cayó en aquel depósito.

4 comentarios

Seletotsira
Admiración
Eso despierta.
14/09/26 11:05 AM
Generalife
Un testimonio
14/09/26 11:29 AM
Maximiliano
Estoy en Gracia de Dios por su MIsericordia, y así no miento pues tengo el convencimiento cierto e inexplicable que: " aquéllos PADRES que sigan a CRISTO que reciban y acepten con amor a una criatura con sindrome de Down, y los cuiden, recibirán muchas gracias y TENDRÁN UN PASAPORTE SEGURO DE SALVACIÓN PARA LA VIDA ETERNA.

Bendito PADRE, pues ya goza con DIOS en el CIELO, con los brazos abiertos para recibir a su amada FAMILIA.

14/09/26 12:36 PM
Fulgencio
Un hombre santo.
14/09/26 1:58 PM

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