Los obispos del nordeste de Italia firman por unanimidad una declaración común en la que niegan que pueda existir un derecho a morir

Respuesta a la ley del Véneto sobre el suicidio asistido

Los obispos del nordeste de Italia firman por unanimidad una declaración común en la que niegan que pueda existir un derecho a morir

El documento se firmó en Bibione el viernes 11 de septiembre, al término de dos jornadas de trabajo de la Conferencia Episcopal Trivéneta, y lo difundió la oficina de prensa al día siguiente.

(La Difesa del Popolo/InfoCatólica) Los obispos del nordeste de Italia han aprobado por unanimidad una declaración común sobre el final de la vida y sobre el suicidio médicamente asistido. El documento fue firmado en Bibione, en la provincia de Venecia, el viernes 11 de septiembre de 2026, al término de las dos jornadas de trabajo de la Conferencia Episcopal Trivéneta, reunida el jueves 10 y el viernes 11 de septiembre en la Residencia Santo Stefano de la diócesis de Concordia-Pordenone. La oficina de prensa de la Conferencia lo difundió el sábado 12 de septiembre.

Al pie del texto figuran quince firmas: las de los catorce obispos y arzobispos del Triveneto, desde Francesco Moraglia, patriarca de Venecia y presidente de la Conferencia, hasta Claudio Cipolla, obispo de Padua, y la de Simone Zocca, administrador diocesano de Chioggia.

En el origen del documento está la decisión de la Región del Véneto de aprobar una ley que organiza el suicidio médicamente asistido a través de las estructuras del Servicio Sanitario Nacional en el Véneto. La norma fue despachada por el Consejo Regional.

Qué escriben los obispos

La declaración parte de una pregunta: cuál es la función de la sanidad pública en una sociedad que se define a sí misma como civil. Y apela a la experiencia de quienes están al lado de los enfermos: «En el tiempo del dolor, el enfermo espera ante todo cercanía, ayuda y solidaridad».

Por eso, observan los prelados, ayudar a quien lo pida a suprimir su propia vida no se presenta como una alternativa racional al acompañamiento de las personas frágiles de las que la medicina siempre se ha ocupado.

«Conquista de civilización, como algunos la han definido, no puede ser la supresión de la vida, sino más bien el cuidado para aliviar el sufrimiento ante el grito de dolor que se eleva del enfermo, incluso cuando este parece rendirse», se lee en el texto. Y añaden los obispos: «El enfermo no necesita, detrás de argumentaciones en apariencia piadosas, actitudes que le convenzan de pedir despedirse».

El temor: que la excepción se convierta en prestación

El suicidio asistido, escriben los obispos, es una elección que no tiene en cuenta de manera adecuada la estructura relacional y social de la persona. El riesgo que señalan afecta al sistema entero: esa opción orientaría la cultura y la sanidad hacia «una progresiva extenuación de la ética del cuidado y de la proximidad», dejando en la sombra todo cuanto ya garantizan la terapia del dolor, los cuidados paliativos, la asistencia domiciliaria y las diversas formas de sostén y de acompañamiento. «De este modo se produce un salto cualitativo objetivo que transforma la excepción en una prestación».

El documento contiene también un pasaje sobre el rechazo del encarnizamiento terapéutico: la Iglesia, «siempre atenta a los sufrimientos humanos del alma y del cuerpo», invita a repensar las cuestiones del final de la vida «fuera de toda perspectiva ideológica», con el fin de reconstruir una cultura de la proximidad y de la acogida en la gestión de las fases terminales de la vida.

La llamada a la nota de 2023

En sintonía con la Conferencia Episcopal Italiana y en particular con los obispos de Emilia-Romaña, de Cerdeña y de Toscana, la declaración reafirma el valor de la dignidad de la vida humana tutelado también por la Constitución y vuelve a sostener, como ya hizo la nota de 2023, que no puede existir un «derecho a morir», sino más bien el derecho a ser siempre curados y asistidos, siempre acompañados y nunca dejados solos.

Otros asuntos de la asamblea

La asamblea de Bibione tuvo además otros puntos en el orden del día. El jueves por la tarde los obispos recibieron a monseñor Peter Suphot Roeksujaritm, nuevo obispo de Chiang Mai, en Tailandia, acompañado por el sacerdote fidei donum paduano don Raffaele Sandonà. Las Iglesias del Triveneto cooperan de manera estable con aquella diócesis desde hace unos treinta años mediante el envío de sacerdotes en servicio pastoral, el sostén económico y los intercambios en el campo de la formación teológica. El encuentro sirvió para hacer balance y valorar nuevas modalidades de colaboración.

El viernes por la mañana, después de la misa celebrada en la iglesia parroquial de Santa María Asunta con los fieles de Bibione, los obispos se reunieron con el presidente de la Acción Católica italiana, Giuseppe Notarstefano, y con el asistente general, monseñor Claudio Giuliodori, junto a Claudio Bolcato, delegado regional, Gina Zordan, encargada del sector de adultos, y don Andrea Dal Cin, asistente eclesiástico de la asociación en el Triveneto. Sobre la mesa estuvieron las líneas de renovación de la asociación con vistas a su ciento sesenta aniversario: tras la caída de inscripciones posterior a la pandemia, la Acción Católica registra una recuperación en todos los tramos de edad. En el Triveneto cuenta con veintiocho mil asociados, diez mil de ellos niños y adolescentes, ocho mil jóvenes y muy jóvenes y diez mil adultos, presentes en seiscientas dieciséis parroquias.

1 comentario

maru
Buen hecho!!!! Que es eso del derecho a morir? Otro invento de este mundo inmoral . Derecho a ser atendido convenientemente , no a qué te maten , porque eso de morir.... es un eufemismo; es derecho a que te maten., lo cual, qué derecho es ese?
13/09/26 3:51 PM

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