(UCCR/InfoCatólica) Emma Bonino, histórica dirigente del Partido Radical italiano y una de las principales artífices de la legalización del aborto en Italia, ha muerto en Roma a los 78 años. Combatía un tumor desde 2015. Deja tras de sí una biografía política enteramente dedicada a las batallas de la cultura de la muerte, y una confesión que ella misma formuló sin rodeos: «Mi única obsesión ha sido siempre el aborto». Que Dios tenga misericordia de ella.
Fue una mujer combativa, radicalmente lejana de los valores católicos. Salvo rarísimas excepciones, ninguna de sus ideas resultó aceptable para quienes defienden la vida y la familia natural: su desprecio por Eluana Englaro y por los discapacitados graves, a los que llegó a definir como «vegetales y berenjenas»; sus intentos de suprimir la hora de religión y de retirar el crucifijo de las escuelas; sus palabras contra la objeción de conciencia de los médicos, que calificó de «una enfermedad contagiosa, una epidemia rápida»; y, naturalmente, sus campañas por la droga legal, la eutanasia y el aborto. Por el momento ha ganado ella: la cultura de la muerte avanza a toda vela.
La bomba de bicicleta
Dentro de sus continuas contradicciones —se declaraba pacifista, pero fue partidaria de la intervención armada en Kosovo—. Admitió, por ejemplo, que «el aborto no es un derecho civil», y prefería hablar del derecho a la libertad de elección. Esa libertad que, sin embargo, negó personalmente a los niños no nacidos, a los que quitó la vida mediante una bomba de bicicleta, aspirándolos y arrancándolos del útero materno.
En una entrevista concedida al semanario Oggi explicó satisfecha cómo se llevaron a término más de diez mil abortos, en cualquier estadio de la gestación, en la sede del Partido Radical de Florencia. Ella misma reivindicó haberlo hecho «por desobediencia civil», imitando a las feministas francesas y empleando la macabra técnica utilizada en la China comunista.
Expulsada por sus propios compañeros
Tras la muerte de Marco Pannella, con quien había discutido y que la había expulsado simbólicamente, Bonino fue expulsada realmente del Partido Radical: sus antiguos amigos quisieron hacerse con la herencia patrimonial de la formación. Son los mismos que ahora la celebrarán en las próximas horas.
La mano tendida del Papa Francisco
El Papa Francisco tendió escandalosamente una mano a Emma Bonino. Eligió valorar las batallas comunes, como el compromiso por los refugiados, el hambre en el mundo y la masificación de las cárceles. Fue un intento que sigue siendo totalmente incomprensible y criticado.
En una entrevista de febrero de 2016, el Pontífice la incluyó «entre los grandes de la Italia de hoy», junto al expresidente de la República Giorgio Napolitano y a la entonces alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, y repetía que Bonino «ha ofrecido el mejor servicio a Italia para conocer África». Admitía al mismo tiempo que ella «piensa de manera muy distinta a la nuestra» en materia ética, y añadía: «Hay que mirar a las personas, a lo que hacen». Y aunque ella no pensaba como la Iglesia, decía Francisco, «paciencia». No explicó sin embargo, cómo era posible, luego de mirar lo que Bonino hacía, ser digna de elogio.
Ella fue a verlo al Vaticano y confesó estar «bastante emocionada». En noviembre de 2024, Francisco le devolvió la visita presentándose por sorpresa en su casa del centro histórico de Roma. Fue el 5 de noviembre. El Papa se encontraba en la Pontificia Universidad Gregoriana y, antes de ser devuelto al Vaticano, pidió al conductor que desviara el recorrido y detuviera el coche bajo la vivienda de su amiga, recién dada de alta del hospital. Hacía una jornada tibia y pudieron charlar en la terraza, ambos en silla de ruedas, ante una caja de bombones y un ramo de rosas. Entró en la casa saludando con un «cerea», el saludo típico piamontés, para subrayar su origen común, y le dijo que era «un ejemplo de libertad y de resistencia». Al salir, preguntado por algunos de los presentes sobre cómo la había encontrado, respondió con una gran sonrisa: «Estupendamente».
Solo dos meses antes de aquella visita, el mismo Papa Francisco había definido a los ginecólogos que practican abortos como «sicarios». Nunca se sabrá si Bonino se sintió aludida, aunque no fuera médico.
Cuando Francisco murió, el 21 de abril de 2025, ella publicó en las redes la fotografía de aquel encuentro: «Llevaré para siempre en el corazón, con profunda gratitud, la emoción de nuestro último encuentro, cuando por sorpresa vino a visitarme en un momento particularmente duro de mi enfermedad, infundiéndome valor y esperanza».
Nunca fui esposa, nunca madre
En uno de los pocos momentos en que se quitó la máscara, Emma Bonino observó amargamente que «nunca he sido esposa, nunca madre». En el pasado había reivindicado ella misma haber abortado su propio hijo. Las batallas libradas del lado equivocado de la historia exigieron todas sus energías.
Y, sin embargo, reconoció la dirigente radical: «Sola lo estoy siempre. Sola íntimamente, políticamente. Lloro muchísimo, sola. En este sofá. Me hago un ovillo aquí y lloro».
La misericordia de Dios
En 2021 le preguntaron si era atea. Su respuesta fue: «No sabría decirlo, no me interesa, no es una cuestión en la que invierta energías». Debería haberle interesado. Porque en este momento se encuentra cara a cara con el Padre y tiene mucho que justificar, confiando en su misericordia.








