El cardenal Müller amonesta a los obispos alemanes a la neutralidad político-partidista
Cardenal Müller

Elecciones alemanas y autoridad espiritual

El cardenal Müller amonesta a los obispos alemanes a la neutralidad político-partidista

Los apóstoles y sus sucesores, recuerda, fueron instituidos por Cristo para anunciar el Evangelio, llamar a los pecadores a la conversión y comunicar la vida de la gracia, no para inclinar la balanza electoral.

(kath.net/InfoCatólica) El cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha publicado desde Roma un comentario titulado «Amonestación a la neutralidad político-partidista» en el que sostiene que algunas declaraciones de obispos alemanes con ocasión de las elecciones federales, regionales y municipales «necesitan una aclaración desde el punto de vista teológico». El texto ha tenido tal repercusión que el mayor diario de Alemania se ha ocupado de él.

El cardenal parte del fundamento de la misión episcopal. Hay que recordar, escribe, que los apóstoles y sus sucesores en el oficio episcopal y sacerdotal han sido instituidos por Jesús para anunciar a todos los hombres, con la fuerza del Espíritu Santo, el Evangelio de la voluntad salvífica universal de Dios, para llamar a los pecadores a la conversión y para comunicarles en el bautismo y en los demás sacramentos la vida nueva en la gracia de Dios.

De ahí se sigue una consecuencia inmediata: «No pueden en modo alguno poner su potestad espiritual en la balanza, a favor o en contra de un partido político concreto, dentro de la lucha legítima por la mayoría de los votos en un Estado democrático de derecho, como sin duda lo es la República Federal de Alemania conforme a su Constitución». Y remata con una sola frase: «Eso sería un abuso de la autoridad espiritual con fines políticos».

El poder político siempre oscureció la misión de la Iglesia

Müller apela a la experiencia histórica. La injerencia de los obispos en la política de poder, a costa de su autoridad espiritual, «ha oscurecido siempre la verdadera misión de la Iglesia hacia la salvación eterna y hacia la mediación de cada hombre en la inmediatez personal con Dios». A la Iglesia, insiste, «no le interesa el poder político, sino la gracia y la verdad de Dios, como se desprende con innegable certeza de la escena del juicio de Pilato contra Jesús».

El cardenal distingue con cuidado esa injerencia ilegítima en la campaña electoral de otra cosa muy distinta y necesaria: la aplicación de los principios morales a la política, fundada en la verdad elemental de que el Estado existe para los ciudadanos y no al contrario. Sobre todo los obispos y los sacerdotes, pero también todos los fieles, están llamados en conciencia a defender los derechos humanos fundamentales frente a las ideologías ateas y antihumanas y frente a las puras pretensiones de poder de potentados enfurecidos.

La Iglesia, añade, es también abogada de los intereses de la humanidad que van más allá de la razón de Estado de cada país: la paz, la justicia social, la dignidad humana. Debe dejar claro que como humanidad formamos una familia de pueblos y que cada hombre concreto ha sido creado a imagen y semejanza de Dios o, dicho con Immanuel Kant, que el hombre es siempre fin en y por sí mismo y nunca puede ser instrumentalizado para los fines de otros hombres o de una colectividad.

La sospecha de racismo contra un partido y sus votantes

Por eso, prosigue el cardenal, la Iglesia rechaza de raíz, en virtud de la revelación de Dios en Jesucristo, toda división de los hombres en estamentos, clases, castas y razas que los valore o los desvalorice. Pero de ahí extrae una conclusión que incomoda al discurso dominante en el catolicismo alemán: «Atribuir de antemano a un partido concreto y a sus votantes un pensamiento racial de tipo völkisch es, en cambio, una afirmación de hecho no probada». Y explica por qué: «Pues es difícil, o incluso imposible, de comprender que millones de nuestros conciudadanos alemanes hayan hecho propia una ideología tan demencial, que atenta de manera flagrante contra la ley moral natural y contra la imagen cristiana del hombre».

El argumento se cierra sobre los propios pastores: «Si esto fuera cierto, sería también una acusación contra la Iglesia —en las familias, en las parroquias y en la enseñanza de la religión— de haber fracasado gravísimamente en su encargo espiritual de formar las conciencias».

De un obispo católico, escribe Müller, se espera que no solo conozca la doctrina de la Iglesia, sino que sepa exponerla correctamente. Por eso no puede en ningún caso aceptar como precio la pérdida de votantes de la AfD que, a causa de conjeturas meramente hipotéticas de su pastor, se sienten incomprendidos, traicionados y rechazados por la Iglesia, que en la fe es su madre.

Hasta dónde llega la potestad espiritual

El cardenal recuerda entonces qué es la Iglesia: la comunidad de los que creen en Jesucristo, el Hijo de Dios, que se hizo hombre por todos nosotros y que por su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos nos ha introducido para siempre en la comunión de vida con el Dios trino de la verdad y del amor. Cristiano se hace un hombre por la fe en Jesús el Cristo y por el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; mediante el bautismo quedamos incorporados al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia como Pueblo de Dios y templo del Espíritu Santo.

Ciertamente, admite, la Iglesia tiene en su magisterio el derecho y el deber de decir a un fiel concreto que pone en peligro su salvación si niega verdades esenciales de la fe revelada o si quebranta gravemente los mandamientos de Dios; y ese sería también el caso, precisa, si los extranjeros, incluso los que permanecen aquí ilegalmente, fueran tratados de manera contraria al derecho e inhumana.

Pero esa potestad espiritual, subraya, no se extiende al comportamiento electoral de aquellos conciudadanos católicos que únicamente discrepan de las preferencias político-partidistas de otro católico, el cual, aunque como obispo y sacerdote es en el oficio espiritual su pastor, en el terreno de la política y de las elecciones libres es un ciudadano con los mismos derechos que él. En una elección democrática, concluye, todo católico tiene derecho a dar su voto al partido que considere más capaz de resolver los problemas del país que los demás, siempre que el gobierno que haya de ser elegido democráticamente no recurra a medios inmorales ni coquetee con ellos.

Pastores de las almas, no guardianes del sistema

Un obispo de la Iglesia católica, escribe Müller, debe ser un buen pastor preocupado de que los fieles a él confiados alcancen la salvación eterna por una vida de seguimiento de Cristo. Qué partido consiga la mayoría «debe dejarlo tranquilamente a los votantes, y la protección de la democracia a los órganos estatales competentes para ello».

La formulación más precisa llega a continuación: «Guardián de la democracia es, en nombre del pueblo, el Tribunal Constitucional Federal; los obispos, en cambio, son en nombre de Cristo pastores de las almas y modelos del rebaño de Dios», con referencia a la primera carta de San Pedro. Entre sus tareas cabe contar también, añade, la de exhortar a los contendientes a no tratarse como enemigos, sino a respetarse como semejantes, para que no se disuelva el consenso básico de la sociedad democrática.

Y entonces el cardenal formula la advertencia central: «Por la conservación del poder de un gobierno elegido por un tiempo, o por la pretensión de poder de partidos y coaliciones de partidos, un obispo nunca debe poner en peligro la salvación eterna de aquellos católicos que no votan como a él le gustaría».

El escándalo, precisa, no es menor: «Es un grave escándalo que obispos y sacerdotes, asociaciones e instituciones católicas aparezcan en la misma línea que los agitadores político-ideológicos, o incluso que solo sean mencionados junto a ellos, porque entonces la Iglesia se presenta como una actriz política y traiciona con ello su misión de ser sacramento de la voluntad salvífica universal de Dios».

Lo que el Concilio dejó escrito a los obispos politizantes

Müller cierra su comentario recordando a los obispos y asociaciones eclesiales que se dedican a la política lo que el Concilio Vaticano II dejó escrito en la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium: «Así, la Iglesia, aunque para cumplir su misión necesita medios humanos, no ha sido fundada para buscar la gloria terrena —es decir, el poder político—, sino para difundir, también con su ejemplo, la humildad y la abnegación. Cristo fue enviado por el Padre a llevar la buena nueva a los pobres, a sanar a los que tienen el corazón quebrantado, a buscar y salvar lo que estaba perdido. De modo semejante, la Iglesia rodea de amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de Aquel que la fundó y que fue él mismo pobre y paciente. Se esfuerza por aliviar su necesidad y procura servir en ellos a Cristo».

4 comentarios

Chico
Parece que los Obispos se hacen valientes cuando cesan. Me parece que deben ir siempre por delante pero van en retaguardia y eso desanima despista al Rebaño.
12/09/26 7:53 PM
Rafaelus
"de ahí extrae una conclusión que incomoda al discurso dominante ...: «Atribuir de antemano a un partido concreto y a sus votantes un pensamiento racial de tipo völkisch es, en cambio, una afirmación de hecho no probada». Y explica por qué: «Pues es difícil, o incluso imposible, de comprender que millones de nuestros conciudadanos alemanes hayan hecho propia una ideología tan demencial, que atenta ... contra la ley moral natural y contra la imagen cristiana del hombre»

Pero ya sucedió en Alemania en los años 1930 y podría estar sucediendo en otras potencias.
12/09/26 8:13 PM
Católica
¡Buen repaso da el cardenal a sus hermanos obispos! Antes o después tendrán que abandonar el cordón sanitario impuesto.
12/09/26 10:40 PM
Feligres
Siempre acertivo el Cardenal Müller. Persona digna y respetable.
Esos obispos Alemanes y sinodales puros izquierdistas radicales se les llena la boca hablando del clericalismo por que no se ven ellos mismos lo clericales que són y los abusos de poder que cometen.
13/09/26 2:56 AM

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