Gracias en Longyearbyen por un siglo de presencia católica en el Ártico
La iglesia de Svalbard en Longyearbyen es la más septentrional del mundo | © Wikimedia/Bjørn Christian Tørrissen CC BY-SA 3.0

El desierto ártico como escuela de verdad

Gracias en Longyearbyen por un siglo de presencia católica en el Ártico

Cien años después de la primera Misa católica en Svalbard, Mons. Erik Varden presidió en Longyearbyen la celebración del centenario y advirtió que el hombre contemporáneo necesita menos fantasía virtual y más sentido de lo real.

(InfoCatólica) A novecientos kilómetros de agua helada del continente noruego, en uno de los territorios habitados más septentrionales del mundo, la Iglesia ha dado gracias por un siglo de presencia católica. Erik Varden, OCSO, obispo de Trondheim y administrador apostólico de Tromsø, presidió el domingo 30 de agosto una Misa solemne en la iglesia de Longyearbyen para conmemorar los cien años de la primera Misa católica celebrada en el archipiélago de Svalbard.

La celebración reunió a la pequeña comunidad católica del archipiélago en acción de gracias por un siglo de atención pastoral en el Ártico. Entre los concelebrantes figuraron el padre Andrzej Kościukiewicz, párroco de Nuestra Señora en Tromsø, y el padre Rafał Ochojski, delegado local en la circunscripción de Tromsø, junto con representantes de Cáritas y de la comunidad católica de esa ciudad. Asistieron también representantes de la Iglesia de Noruega, lo que dio a la conmemoración un carácter ecuménico.

Según recoge el texto de la homilía, la Misa se ofreció asimismo en sufragio por el rey Harald, fallecido dos días antes, el 27 de agosto.

Svalbard y la vulnerabilidad humana

En su homilía, el obispo partió del paisaje y de la historia del archipiélago para hablar de la comprensión cristiana de la fragilidad del hombre. Recordó lo distinto que resultaba llegar a Svalbard hace algunas generaciones, tras una travesía marítima fatigosa y con la conciencia de los novecientos kilómetros de agua helada que separan las islas del continente. Hoy, observó, los visitantes llegan cómodamente en avión y descubren al aterrizar que tienen excelente cobertura móvil.

«Todo lo que nos distrae en otros lugares nos sigue hasta aquí», señaló.

Varden evocó el testimonio del explorador Helge Ingstad, gobernador de Svalbard a partir de 1933, quien visitó a un cazador del que no se tenían noticias desde hacía tiempo. El hombre gozaba de buena salud física, pero el aislamiento le había marcado. Ingstad escribió que su mirada era la de quien no ve a otro ser humano desde hace una eternidad, y que la presencia de los visitantes despertó en él «algo así como una alegría temerosa».

El obispo comparó la soledad ártica con el desierto al que se retiraron los primeros monjes de Egipto en el siglo IV. No se apartaron por desprecio de los hombres, explicó, sino para liberarse de las ilusiones sobre sí mismos y encontrarse en la verdad ante Dios. «Encontrarse a uno mismo significa ponerse frente a la propia vulnerabilidad.»

«Lo que necesitamos es un sano sentido de lo real»

Vivimos, prosiguió, en un mundo que pretende cancelar la vulnerabilidad. Desde la industrialización se ha asegurado al hombre que nada en la naturaleza escapa a su control y que el progreso técnico le permitirá dominar cualquier circunstancia terrena, hasta el punto de que los gurús tecnológicos de nuestro tiempo consideran ya pequeña la tierra y ambicionan conquistar la luna. Al mismo tiempo, afirmó, el tejido del mundo tal como se conocía se está deshilachando y la humanidad vive con un grado nuevo de incertidumbre.

«Lo que necesitamos ahora no es más fantasía virtual; lo que necesitamos es un sano sentido de lo real.»

Ese realismo, sostuvo, lo enseña el desierto, sea tropical o ártico. «Si apagamos nuestros teléfonos, Svalbard nos enseña mucho de lo esencial.» Los estratos geológicos abiertos a la luz a lo largo del Isfjorden muestran cómo se formaron las montañas del archipiélago a lo largo de cientos de miles de años. «Si tenemos ojos que ven, comprendemos qué diminutos somos, tanto en el tiempo como en el espacio. Si tenemos oídos que oyen, esa comprensión resonará con la eternidad.»

Responsables unos de otros

Varden se detuvo después en las lecturas del domingo. Recordó la exhortación de san Pablo, «no os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente» (Rom 12,2), y la reprensión de Jesús a Pedro, que se había opuesto al anuncio de la Pasión: la forma de pensar del apóstol no era la de Dios, sino la de los hombres (Mt 16,23).

La mentalidad del mundo, explicó, dice al hombre que está solo, que la ley de la existencia es la supervivencia del más fuerte y que cada cual debe arreglárselas por su cuenta. «La mente de Dios, en cambio, y el camino que nos manda seguir nos enseñan que somos responsables unos de otros.»

De ahí que los cristianos estén llamados a salir al encuentro de quienes viven atrincherados en la soledad. «Lo hacemos derramando nuestra propia vida, llevando la buena noticia de la reconciliación, la curación y una amistad posible a las personas angustiadas y sin esperanza que nos rodean», afirmó, y añadió que esa misión se cumple al menos con tanta eficacia mediante las obras como mediante las palabras.

Cien años de la Misa del obispo Smit

Fue con ese propósito, indicó el obispo, con el que llegó su predecesor. «Fue para llevar a Svalbard la oblación eficaz de Cristo por lo que el obispo Smit vino en 1926 a ofrecer la primera Misa católica oficial en este continente.»

El obispo Johannes Olav Smit había sido animado por el cardenal Willem van Rossum a viajar a Spitsbergen para averiguar dónde vivían los católicos. Celebró la primera Misa en Longyearbyen el 4 de agosto de 1926. No encontró católicos locales ni allí ni en Ny-Ålesund, pero sí en Barentsburg, donde halló a trabajadores neerlandeses de la explotación minera de la Nederlandsche Spitsbergen Compagnie, que habían escrito al Papa pidiendo atención pastoral. El 8 de agosto celebró en esa localidad una Misa pontifical y administró el sacramento de la confirmación.

Nunca llegó a erigirse una misión católica permanente, pero desde 1986 volvió a ser posible celebrar la Misa con regularidad en Longyearbyen. Sacerdotes de Tromsø se desplazan además a la estación polar polaca de Hornsund para atender a los católicos que allí trabajan.

Un siglo de hospitalidad ecuménica

No existe en Svalbard ningún templo católico. Los cultos católicos han podido celebrarse gracias a la hospitalidad de la Iglesia de Noruega y de las autoridades locales, de modo que la Misa del centenario fue también una acción de gracias por una amistad ecuménica de raíces hondas.

La historia católica del archipiélago se remonta aún más atrás: en 1913, San Pío X dispuso que Svalbard perteneciera canónicamente al territorio de la Iglesia católica en Noruega. La soberanía noruega sobre las islas fue reconocida después mediante el Tratado de Svalbard de 1920, y la ley que regula el archipiélago entró en vigor en 1925.

«Llamemos nosotros a la puerta»

El obispo cerró su predicación mirando al futuro de la misión. «Agradecidos por la gracia que Dios ha derramado sobre Svalbard durante este siglo, queremos responder de ella», dijo, permaneciendo anclados en lo real, resistentes a las ilusiones y sin dejarse dominar por el miedo.

Y volvió por última vez a la imagen del cazador aislado: «Llamemos a las puertas de las cabañas cubiertas por la nieve, ya las encontremos en el desierto ártico o en el desierto urbano del continente.» Si lo hacemos, concluyó, la alegría temerosa de los demás podrá encontrar una salida bendita y segura.

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.