(InfoCatólica) Más de 8.500 alumnos de las escuelas cristianas de Jerusalén no pudieron empezar el curso este martes 1 de septiembre de 2026. Las aulas permanecieron cerradas después de que no se renovaran los permisos de entrada que necesitan más de setenta profesores y empleados residentes en Cisjordania para acceder a la ciudad y llegar a sus centros de trabajo.
La suspensión de las clases fue anunciada por el Secretariado General de las Instituciones Educativas Cristianas. La decisión no proviene de una orden administrativa externa, sino de los propios responsables de los centros, que consideraron que sin sus equipos completos no estaban en condiciones de garantizar la acogida normal de los alumnos. Las clases quedan interrumpidas a la espera de una solución que permita al personal afectado reincorporarse a su puesto.
Un problema que va más allá del profesorado
Las autorizaciones expedidas por las autoridades israelíes son indispensables para que estos trabajadores palestinos puedan atravesar los puestos de control e ingresar en Jerusalén. La falta de renovación no afecta únicamente al cuerpo docente: entre los empleados que no han podido acudir figuran también personal administrativo, trabajadores de mantenimiento, de seguridad y de servicios sanitarios.
Las instituciones cristianas subrayan que la presencia de todos sus equipos resulta necesaria no solo para la continuidad pedagógica, sino también para el funcionamiento cotidiano y la seguridad de los establecimientos. En su comunicado, los responsables de las escuelas recuerdan además su presencia histórica en Jerusalén y la función educativa que desempeñan entre las distintas comunidades de la ciudad, y piden que se encuentre pronto una salida que permita reanudar el curso con normalidad.
Un precedente reciente
El episodio no es aislado. En enero de 2026, las escuelas cristianas de Jerusalén afrontaron una dificultad equiparable, cuando fueron anulados los permisos de 171 profesores procedentes de Cisjordania. Aquella medida puso en dificultades a doce centros que acogían a unos 10.000 alumnos. Las autorizaciones acabaron restableciéndose, lo que permitió continuar el año escolar.
La repetición del problema apunta a una cuestión de fondo: la capacidad de las instituciones cristianas para sostener de forma duradera su red educativa en Jerusalén. Una parte significativa de sus profesores y asalariados reside en Cisjordania, especialmente en las zonas de Belén y Ramala. Cuando sus autorizaciones de entrada no se renuevan, el funcionamiento de los centros queda inmediatamente comprometido.
El contexto de los cristianos en Tierra Santa
El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ya había llamado la atención sobre esta dificultad durante el episodio anterior, al señalar la importancia de que los profesores puedan acceder a sus escuelas y de preservar la identidad propia de los establecimientos cristianos.
La suspensión anunciada este 1 de septiembre se produce en un momento especialmente complicado para las comunidades cristianas de Tierra Santa, afectadas por las consecuencias de la guerra y por las restricciones de desplazamiento que pesan sobre una parte de la población palestina.
Por el momento, las escuelas cristianas esperan una evolución de la situación. Su petición es de orden estrictamente práctico: la renovación de los permisos necesarios para que su personal pueda llegar a Jerusalén y para que más de 8.500 alumnos puedan iniciar por fin el curso escolar.







