Polonia renueva los Votos Nacionales de Jasna Góra en el 70.º aniversario
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«¡Reina de Polonia, lo prometemos!»

Polonia renueva los Votos Nacionales de Jasna Góra en el 70.º aniversario

El compromiso de fidelidad a Dios, defensa de la vida y protección de la familia que Wyszyński escribió en cautividad cumple setenta años. El primado de Polonia preside la renovación solemne en Jasna Góra.

(InfoCatólica) Obispos y fieles de toda Polonia se congregan este miércoles 26 de agosto en el santuario de Jasna Góra, en Częstochowa, para renovar los Votos Nacionales que el cardenal Stefan Wyszyński redactó hace exactamente setenta años mientras permanecía preso del régimen comunista. El acto central es la misa solemne de las 11:00, presidida por el primado de Polonia, el arzobispo Wojciech Polak.

Un acto de fe nacido en cautividad

Los Votos Nacionales de Jasna Góra tienen su origen en la prisión. Desde 1953, el cardenal Wyszyński, primado de Polonia, se encontraba internado por el régimen comunista tras la carta colectiva del episcopado que proclamaba el célebre Non possumus en defensa de la Iglesia perseguida: «Las cosas de Dios no podemos depositarlas en los altares del César».

El año 1956 coincidía con el tercer centenario de los Votos de Leópolis del rey Juan Casimiro, que en 1656 había consagrado Polonia a la protección de la Virgen María en plena invasión sueca. Según recoge pch24.pl, fue la lectura de El Diluvio de Henryk Sienkiewicz durante su internamiento en Prudnik lo que impulsó al primado a concebir una renovación de aquellos votos históricos. La hermana doctora Monika Kupczewska, del Centro de Investigación sobre Geografía Histórica de la Iglesia en Polonia de la Universidad Católica de Lublin (KUL), precisa que, al ser trasladado a su cuarto lugar de reclusión en Komańcza, Wyszyński advirtió que las autoridades comunistas lo conducían por un itinerario semejante al que tres siglos antes había seguido el rey Juan Casimiro en su huida: «La lectura de El Diluvio le hizo comprender que la historia se repetía y que la nación necesitaba un nuevo acto de alianza renovado».

Pero no fue solo la historia la que precipitó la decisión. Kupczewska señala que la ley de liberalización del aborto aprobada en abril de 1956 fue interpretada por el primado como un golpe mortal a la santidad de la familia y actuó como impulso directo para la redacción de los Votos.

«Que lo lea el pinche de cocina, con tal de que los Votos se pronuncien»

Una antigua colaboradora del primado, Maria Okońska, cofundadora del Instituto Primacial, llegó hasta el lugar de internamiento en Komańcza con la petición de los obispos y de los padres paulinos de que Wyszyński redactara el texto. El primado dudó en un principio: «Si la Madre de Dios quisiera que yo escribiese los Votos, sería libre, y soy prisionero», confesó. Okońska le replicó invocando el ejemplo de san Pablo, que escribió sus mejores cartas desde la cárcel. A la mañana siguiente, 16 de mayo, el texto estaba terminado: Wyszyński lo escribió de un tirón, sin una sola corrección.

En los Votos, el primado renovaba las promesas de los antepasados, reconocía a la Virgen como Patrona y Reina de la nación polaca y comprometía al pueblo a la fidelidad a Dios y a la Iglesia, la defensa de la vida desde la concepción, la protección del matrimonio y la familia, la educación cristiana de los hijos, la justicia social y la lucha contra los vicios nacionales. Kupczewska califica el texto como «el testamento espiritual del beato cardenal Wyszyński».

El primado dispuso que los Votos fueran leídos en los muros de Jasna Góra el 26 de agosto por el obispo Michał Klepacz, que ejercía las funciones primaciales en su ausencia. Si este no pudiera hacerlo, debía leerlo el general de los paulinos o el prior de Jasna Góra; y en último extremo, «que lo lea el pinche de cocina de Jasna Góra, con tal de que los Votos se pronuncien». El contenido del acto se mantuvo en secreto hasta la propia celebración.

«Reina de Polonia, ¡lo prometemos!»

El 26 de agosto de 1956, cerca de un millón de fieles se congregaron en Jasna Góra. Mientras el obispo Klepacz leía los Votos y la multitud respondía «¡Reina de Polonia, lo prometemos!», el cardenal Wyszyński hacía lo propio en Komańcza, con diez minutos de adelanto, acompañado únicamente por Okońska. «El Padre se plantó ante el gran icono de la Virgen de Jasna Góra, tomó el texto de los Votos en la mano», recordó Okońska. En Częstochowa, un sillón vacío con un ramo de flores blancas y rojas señalaba la ausencia del primado preso.

Aquella noche, Wyszyński escribió en sus Apuntes de prisión: «Estoy ya en plena paz. Hoy se ha consumado una gran obra. Me ha caído una piedra del corazón. Ojalá se convierta en pan para la Nación».

Romper la barrera del miedo

La investigadora del KUL subraya que, más allá de su significado religioso, la concentración tuvo una dimensión psicológica y política decisiva tras años de terror estalinista. «Lo importante fue enfrentarse al miedo. La gente vio cuántos eran. Aunque toda la operación estaba vigilada, la magnitud del evento sorprendió también a las autoridades comunistas», explica Kupczewska. Aquella manifestación masiva de fe, que ignoró por completo la propaganda oficial, constituyó, en palabras de la historiadora, «una declaración de guerra incruenta por el gobierno de las almas de la nación» que puso al descubierto la impotencia del sistema totalitario.

Esa ruptura del miedo, añade, fue necesaria también para el propio episcopado polaco, que comprobó la cercanía de los fieles en un momento en que no solo el primado estaba internado, sino que se habían suprimido casas religiosas y religiosas eran deportadas a campos de trabajo.

Los Votos no quedaron en un acto aislado. Fueron el primer paso de la Gran Novena, un programa pastoral desarrollado en todas las parroquias como preparación al Milenio del Bautismo de Polonia en 1966. Dos meses después del acto de Jasna Góra, en octubre de 1956, la nueva cúpula de Władysław Gomułka tuvo que capitular y suplicar al primado encarcelado que regresara a la capital para calmar los ánimos sociales y evitar un derramamiento de sangre. Los servicios de seguridad del régimen habían dado a la operación de vigilancia contra Wyszyński un criptónimo elocuente: «Profeta».

Una «carta polaca de derechos humanos»

Setenta años después, el prior de Jasna Góra, el padre Grzegorz Prus, subraya la vigencia del compromiso: «Los contenidos de los Votos nacen en realidad del Evangelio», declaró a Radio Jasna Góra.

La actualidad de los Votos fue invocada en términos aún más solemnes por Juan Pablo II. El 26 de agosto de 1990, en el 34.º aniversario, el Papa declaró desde Castel Gandolfo que los Votos contenían «una carta polaca de derechos humanos» cuyo primer derecho es «el derecho del hombre a la vida desde el primer instante de su existencia», e instó a los polacos a «renovar constantemente el examen de conciencia sobre todos los compromisos que en ellos se contienen».

La historiadora del KUL coincide en que, pese a la caída del comunismo, la esencia de los Votos permanece vigente. «Necesitamos llevar las palabras de los Votos a nuestra vida cotidiana, a nuestras decisiones, al modo en que tratamos a las personas, a la vivencia de la solidaridad con los que sufren y los pobres», señala Kupczewska. «El pleno cumplimiento de los Votos sigue siendo tarea de las generaciones venideras».

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