León XIV visita San Marino y Rímini y defiende la protección de toda vida «desde la concepción hasta la muerte natural»

La libertad auténtica es don de Dios, resuena en la conciencia de cada persona

León XIV visita San Marino y Rímini y defiende la protección de toda vida «desde la concepción hasta la muerte natural»

El Papa visitó San Marino y Rímini con un mensaje centrado en la libertad como don de Dios, la comunión y el cuidado de toda vida humana. Propuso a la pequeña república como «laboratorio» de buena política inspirada en la doctrina social católica.

(InfoCatólica) La libertad auténtica es don de Dios, resuena en la conciencia de cada persona, se realiza en la comunión y encuentra su medida en el cuidado de la vida humana «desde la concepción hasta la muerte natural». En torno a esta articulación, el Papa León XIV vertebró las intervenciones que pronunció el sábado 22 de agosto durante su visita pastoral a la República de San Marino, al 47.º Encuentro por la Amistad entre los Pueblos (Meeting per l'amicizia fra i popoli) y a la ciudad de Rímini, en una jornada que se prolongó desde primera hora de la mañana hasta la noche.

El Pontífice partió en helicóptero del Vaticano a las 8:00 y aterrizó una hora después en el aeródromo de Torraccia. Tras los honores militares y la interpretación de los himnos en la Piazza della Libertà, fue recibido en el Palazzo Pubblico por los Capitanes Regentes. Su visita se inscribe en la estela de las realizadas por san Juan Pablo II en 1982 y Benedicto XVI en 2011, y coincide con el centenario de las relaciones diplomáticas formales entre la Santa Sede y la Serenísima República, establecidas en abril de 1926.

Libertas: la libertad como don de Dios

En el Salón del Gran y General Concilio, ante las autoridades y representantes de la sociedad civil sanmarinense, León XIV centró su discurso en el lema que define la identidad de la república más antigua del mundo: Libertas. «Una sola palabra, pero ¡de qué densidad!», exclamó, antes de recordar el testamento espiritual del fundador: «Relinquo vos liberos ab utroque homine».

El Papa subrayó que la libertad civil no puede separarse de la libertad personal: «No hay verdadera libertad civil sin libertad personal, es decir, sin el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana, de la cual la libertad es un componente esencial. Esta libertad es dada y garantizada, en última instancia, por Dios, cuya voz resuena en la conciencia de cada ser humano».

Promover la libertad, añadió, implica defender los espacios de la conciencia. Recordó la figura de santo Tomás Moro, patrono de gobernantes y políticos, y expresó solidaridad con quienes hoy «pagan personalmente el precio» de permanecer fieles a su conciencia. Son personas, dijo, «sólidamente formadas por la búsqueda de la verdad, plenamente responsables de sus propias decisiones y, por tanto, libres de todo vínculo que no sea aquel, propio de la criatura, que las liga a Dios». Advirtió también contra las formas de idolatría que se ocultan tras proyectos políticos y económicos presentados en nombre de la libertad, pero «en realidad esclavos de los ídolos y del poder».

La segunda dimensión de Libertas se abre hacia los demás: «La libertad se realiza en el don, en la comunión, en el encuentro y en el diálogo». En la visión cristiana, afirmó, libertad y comunión «se sostienen o caen juntas». Y preguntó retóricamente: «¿Cómo podría ser de otro modo, si brota de la fuente que es Amor Uno y Trino?».

Un «laboratorio» al servicio de la persona

León XIV vinculó los orígenes de la república con la obra de sus fundadores, san Marino y san León, a quienes definió como «constructores de ciudades libres y pacíficas». Interpretó su legado a la luz de la imagen bíblica de la reconstrucción de Jerusalén impulsada por el profeta Nehemías, contrapuesta a la torre de Babel, una referencia que, señaló, orienta la reflexión de la encíclica Magnifica humanitas (n. 8). La obra de Nehemías, explicó, «está animada por la oración, involucra a las familias y a todo el pueblo, construye los lazos antes incluso que las piedras».

En el plano internacional, expresó «especial consonancia» con la actitud de la Santa Sede en materia de diplomacia y multilateralismo, y citó la Magnifica humanitas para subrayar que la vocación de la diplomacia es «favorecer el diálogo con todos, incluidos los interlocutores considerados más incómodos» (n. 224).

Al igual que durante su visita al Principado de Mónaco, el Papa destacó el valor de un Estado pequeño, «a medida humana», y propuso que San Marino sea un «laboratorio» de buena política donde, sin menoscabar la laicidad del Estado, se apliquen los principios de la doctrina social católica. El objetivo, afirmó, es «el cuidado de lo humano», que se traduce en «la tutela de toda vida, en cada una de sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural». León XIV situó esta perspectiva también en el contexto de la próxima entrada en vigor del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, ante el cual San Marino «podrá aportar gran provecho con su contribución».

Reconoció la tradición de acogida de San Marino, con mención particular al apoyo prestado al pueblo ucraniano al comienzo del conflicto, y al compromiso con el derecho internacional humanitario «en un momento histórico en que parece ser cotidianamente desatendido cuando no directamente pisoteado».

Al término del encuentro, el Papa se asomó al balcón central del Palazzo Pubblico para saludar a los fieles congregados en la plaza: «Les deseo que vivan siempre con auténtica libertad, con la auténtica libertad en Cristo Jesús, con la verdad, y que estén siempre unidos en este espíritu acogedor».

Mensaje a la Iglesia de San Marino-Montefeltro

En la Basílica de San Marino, donde fue recibido por el Obispo Domenico Beneventi y adoró el Santísimo Sacramento ante las reliquias del santo fundador, León XIV se dirigió a sacerdotes, consagrados y representantes de la vida eclesial de la Diócesis de San Marino-Montefeltro.

Se dirigió en primer lugar a los jóvenes, retomando las palabras que Benedicto XVI les había dirigido quince años antes en el mismo lugar: «No os detengáis en respuestas parciales, inmediatas, más fáciles en el momento y más cómodas». Y añadió, citando de nuevo a su predecesor: «Vuestro corazón es una ventana abierta al infinito». Les lanzó una doble invitación: mantener abierta esa ventana y abrazar con entusiasmo su misión en el mundo, sin temer «elecciones exigentes» como el matrimonio, la consagración, el ministerio ordenado o el compromiso social y político.

Agradeció a sacerdotes, catequistas y educadores su trabajo «oculto pero muy importante» en la formación de los jóvenes, e insistió en la necesidad de una «sinergia formativa» entre familias y comunidades eclesiales, un «pacto educativo» en el que los padres, primeros responsables de la educación en la fe, redescubran ellos mismos la fe «de modo nuevo». Pidió que la formación comunique «ante todo la belleza y el gusto de la vida bautismal y sacramental» y que se cuide la liturgia «a la escuela del Concilio Vaticano II», como «acción común de un solo cuerpo vivo» (cfr. Sacrosanctum Concilium, 26).

El discurso abordó también la realidad de las pequeñas comunidades del interior del territorio, que afrontan problemas de despoblación y carencia de servicios con experiencias de apoyo mutuo que León XIV describió como «pequeñas llamas» a las que acudir para reavivar «valores sólidos, antiguos y siempre actuales», testimonio del calor de esa magnifica humanitas necesaria para «vencer el individualismo de cierta cultura metropolitana y consumista». Su última palabra fue «comunión»: pidió testimonio de unidad «entre las parroquias y, dentro de ellas, entre pastores y fieles, entre los diversos carismas y ministerios».

Ya en la plaza, el Papa se dirigió espontáneamente a los jóvenes que le esperaban: «Reconozcan en ustedes mismos el valor de la vida. El valor de tu vida, de ti que has sido creado por Dios, amado por Dios: tu vida tiene tanto valor». Les exhortó a buscar la auténtica libertad «solo en Jesucristo» y en la verdad: «Si tienen a Jesucristo en sus corazones, si tienen la verdad y la libertad de seguir a Jesús, no hay necesidad de tener miedo de ninguna otra cosa».

Antes de trasladarse a Rímini, León XIV realizó una visita estrictamente privada a la comunidad del Monasterio de San Antonio de Padua de las monjas agustinas en Pennabilli.

En el Meeting: el amor que mueve el mundo

Por la tarde, el Pontífice aterrizó en el recinto ferial de Rímini Fiera, donde visitó las exposiciones dedicadas a san Agustín y a Léon Harmel. En el Villaggio Ragazzi, saludó espontáneamente a los jóvenes: «¡No saben qué bonito es verlos a todos aquí juntos!». Recordó las palabras de Juan Pablo II («si el mundo de hoy necesita algo, es la comunión») y les dijo: «Y si habrá comunión en el mundo, comienza con ustedes, jóvenes, porque ustedes saben construir la comunión a través de la amistad, saben respetarse unos a otros para construir la paz».

En el Gran Auditorio pronunció su discurso ante los participantes en el 47.º Encuentro, convirtiéndose en el segundo Pontífice en acudir personalmente al Meeting después de Juan Pablo II en 1982. El lema de esta edición, «El amor que mueve el sol y las demás estrellas», tomado del último verso de la Divina Comedia, le sirvió para articular una intervención centrada en la misericordia, la conversión y la responsabilidad histórica de los católicos.

León XIV recordó que «antes que las fronteras, las definiciones y las instituciones, siempre están las personas» y que la amistad social, como enseñó el Papa Francisco en Fratelli tutti, «representa el rostro público, dinámico y concreto de la fraternidad». Frente al «falso realismo que rearma las mentes, las palabras y las naciones», pidió oponer «el realismo de la misericordia, según el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad».

Llamada a la conversión

La intervención en el Meeting adquirió un tono de exigencia personal y social. León XIV pidió liberar «la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro, y la tecnología y las finanzas de los negocios de la muerte». Para ello reclamó «pioneros valientes» que, «empezando por su propio cambio de rumbo, hagan convincente y creíble la conversión que se exige a todos».

Como brújula para orientar la vida cristiana «en la era digital», propuso el designio de misericordia de Dios contemplado por María en el Magníficat, tal como lo recoge la Magnifica humanitas: un proyecto que «atraviesa la historia también hoy, dentro de los cambios más rápidos y frenéticos marcados por los algoritmos y las redes globales» y en cuyo centro «está el misterio de la Encarnación» (nn. 230-231).

A los jóvenes, presentes en gran número como voluntarios, les dijo: «¡Son la prueba de que el futuro es una promesa, no una amenaza!». Les instó a abrirse a una «verdadera catolicidad» que supere los límites de cualquier «pertenencia demasiado limitada» y a salir al encuentro de todos, «especialmente de los más pobres». El amor, les recordó, «solo existe en la libertad, en el encuentro vivo, en la entrega generosa de uno mismo».

En la parte final, León XIV abordó la sinodalidad como «la naturaleza de un pueblo que, en la amistad y en el encuentro con el otro, se percata de que pertenece únicamente a Dios». Se refirió expresamente a Comunión y Liberación, cuyo fundador, Luigi Giussani, fue citado en varias ocasiones, e invitó al movimiento y a todas las realidades asociativas eclesiales a vivir la experiencia del caminar juntos, donde «la autoridad se convierte en servicio, que honra las diversidades y facilita su armonía».

«Están en casa»: encuentro con los enfermos

Ya entrada la tarde, León XIV se trasladó a la Catedral de Rímini para encontrarse con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas. Según informa Vatican News, les dijo que la catedral es un lugar donde «están en casa», porque Jesús acogía a los enfermos y a los pobres y los ponía en el centro «para curarlos y devolverles una vida conforme a su dignidad». Les exhortó a «seguir al Señor participando activamente en la vida de la Iglesia: en la parroquia, en las asociaciones y en los lugares de acogida y de servicio».

En su saludo de bienvenida, el Obispo de Rímini, Nicolò Anselmi, recordó las figuras que animan espiritualmente la diócesis: los beatos Sandra Sabattini y Alberto Marvelli, y el siervo de Dios Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII. Anselmi señaló además que la catedral conserva una reliquia de san Nicolás de Bari y una sábana marcada con la sangre de Juan Pablo II, «expuesta junto a una fotografía del Papa Wojtyła con un jovencísimo Robert Prevost».

La autoridad como servicio: la misa en el puerto de Rímini

La visita concluyó con la celebración de la Eucaristía al atardecer en el puerto de Rímini. En su homilía, centrada en la confesión de Pedro (cfr. Mt 16,13-20), León XIV afirmó que «en la Iglesia, a todos los niveles, la autoridad es servicio». Citó al siervo de Dios don Oreste Benzi: «Nuestra vocación consiste en dejarnos conformar a Cristo pobre, a Cristo siervo, a Cristo que expía el pecado del mundo, a Cristo, el Hombre-Dios encarnado que vive entre nosotros en una forma de compartir dirigida a partir de los más desfavorecidos».

Recurrió a la primera lectura del profeta Isaías (cfr. Is 22,19-23) para advertir contra el abuso de autoridad, en referencia al funcionario Sebna: «Había olvidado que lo más importante de la aventura en la que su Señor lo había involucrado no eran los medios económicos ni el poder, sino la posibilidad, a través de ellos, de promover un proyecto de renacimiento por el bien de toda la comunidad». El Papa indicó que Sebna fue destituido y su misión confiada a Eliacín, «hombre honesto y libre de condicionamientos, sólido en su rectitud como un clavo clavado en la pared, según las palabras del Profeta».

Elogió la franqueza y el carácter solidario de la gente de Romaña e invitó a la comunidad cristiana a ser acogedora tanto para quienes buscan descanso como para quienes, «heridos en el cuerpo y en el espíritu, piden refugio, alimento y asistencia lejos de su tierra». Frente a las formas de ocio que «conducen más bien a la dispersión y a la ruina», recordó, con palabras de Juan Pablo II durante su visita de 1982, que «descansar no significa separarse de uno mismo» sino «encontrarse con uno mismo y reconciliarse con el propio interior».

La homilía concluyó citando una carta pastoral del Obispo Anselmi a la diócesis: «La oración, la unidad, la escucha, el valor, la sencillez, la gratitud y la belleza son actitudes siempre presentes en todos los aspectos de la vida».

Al término de la misa, monseñor Anselmi anunció tres compromisos que se implementarán tras la visita papal: la financiación de césped sintético para el campo de fútbol de los reclusos de la prisión de Rímini, la participación en un proyecto de la Conferencia Episcopal Italiana para establecer un hospital o centro médico en Gaza, y un compromiso relacionado con la acogida de trabajadores extranjeros en comunidades de Romaña.

3 comentarios

Generalife
Gracias, Santidad
23/08/26 9:19 AM
Católica
Esta libertad es dada y garantizada, en última instancia, por Dios. Alza la mirada. Levantemos el corazón.
23/08/26 10:38 AM
Jaume
Que aprenda Andorra de SAn Marino. Andorra, un esatdo a punto de legalizar el aborto.
23/08/26 12:36 PM

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