(InfoCatólica) Kathy Hochul, primera mujer gobernadora del Estado de Nueva York, supuestamente católica y conocida defensora del feminismo liberal, firmó en febrero la ley de suicidio asistido, que ha entrado en vigor este mes de agosto. Una de las principales preocupaciones es su «efecto cascada»: dada la influencia política de Nueva York, existe el riesgo de que su legislación pueda replicarse en otros estados o países.
Presentada bajo el eufemismo de «Ley de Asistencia Médica para Morir», la nueva norma se diferencia de la eutanasia directa, donde el médico administra el fármaco letal, en que el paciente puede automedicarse y solo recibe la asistencia necesaria para ello del personal sanitario.
Para poder hacer uso del suicidio asistido, la ley exige padecer una enfermedad terminal, tener una expectativa de vida inferior a seis meses y conservar capacidad para tomar decisiones médicas de administrarse el medicamento prescrito. El procedimiento incorpora medidas de control, como una solicitud verbal que deberá registrarse en audio o video, una solicitud escrita firmada por el paciente y dos testigos, una evaluación obligatoria realizada por un psicólogo o un psiquiatra, la confirmación de dos médicos de que la persona reúne las condiciones previstas por la ley, etc.
La experiencia de varios países, sin embargo, indica que los controles no sirven para nada. Se establecen para tranquilizar al electorado y después se van relajando de forma gradual hasta que desaparecen por completo. Al final, solo queda la eutanasia libre para todos, cuando no obligatoria en el caso de aquellos que resultan molestos o gravosos para la sociedad.
Oposición de la Iglesia
La medida ha suscitado desde febrero la oposición de algunas órdenes religiosas y varios obispos. Varias congregaciones de monjas, además de la Diócesis de Rockville Centre, demandaron al estado de Nueva York para evitar que les obligara a informar sobre el suicidio asistido o a derivar a pacientes a lugares donde lo practicaran. Las autoridades estatales pactaron un arreglo temporal para no aplicar temporalmente represalias a estas instituciones religiosas.
El precedente del aborto
Este patrón legislativo ya se vivió con el aborto: tras su despenalización en 1970, el estado de Nueva York dio un paso decisivo en 2019 al flexibilizar aún más los supuestos y blindarlo como derecho fundamental ante el giro conservador de la Corte Suprema impulsado por Donald Trump.
Hochul, doctorada en Jurisprudencia por la Universidad Católica de América y entonces vicegobernadora, declaraba en 2019: «Hoy estamos codificando las protecciones de Roe v. Wade en la ley estatal para garantizar que el derecho a un aborto seguro y legal esté protegido para siempre en Nueva York. Las decisiones sobre el propio cuerpo deben tomarse entre una mujer y su médico, no por los políticos». A menos que esos políticos estén blanqueando y legalizando la muerte de inocentes, se le olvidó añadir a la «católica» vicegobernadora.
Kathy Hochul en su asunción al cargo jurando ante la Biblia
En diciembre de 2025, ya gobernadora, publicó un artículo en el Times Union en el que se revelaba su completa falta de formación católica, ética y jurídica, apelando a ideas seudopiadosas para justificar su postura inmoral y contraria al derecho natural: «Con orgullo, Nueva York ha liderado durante mucho tiempo las luchas en defensa de los derechos individuales, desde los derechos civiles hasta los derechos laborales, los derechos LGBTQ, los derechos de las mujeres y los derechos reproductivos. En el verdadero espíritu de este país, el gobierno tiene la responsabilidad de proteger, no de interferir, en las decisiones profundamente personales de cada individuo. Este es el contexto en el que he considerado la Ley de Asistencia Médica para Morir».
Al mismo tiempo, no dudaba en atribuir sus ideas contrarias a la moral católica más básica al propio Dios: «Reflexioné sobre esto durante una misa de funeral católica por un amigo de la familia, en la que el sacerdote habló de la bienvenida al hogar de la vida eterna. Me enseñaron que Dios es misericordioso y compasivo, y nosotros también debemos serlo. Esto incluye permitir una opción misericordiosa a quienes se enfrentan a lo inimaginable y buscan consuelo en sus últimos meses en esta vida».
Doctrina católica
Al respecto la Iglesia, madre y maestra, nos recuerda el orden natural y cristiano: «Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella» (Catecismo de la Iglesia Católica 2280).
Asimismo, «el suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo» (Catecismo de la Iglesia Católica 2281).
Esto indica que el comportamiento de la gobernadora católica no solo es un escándalo para todos los católicos, sino también un incumplimiento de sus deberes más básicos para con aquellos que tiene la obligación de proteger.







