(InfoCatólica) Ayer, 19 de agosto, el Papa León XIV aceptó la dimisión de Mons. Karl-Heinz Wiesemann, obispo de Espira (Alemania). Fue consagrado obispo auxiliar de Paderborn en 2002 y Benedicto XVI lo nombró obispo de Espira en 2007.
A pesar de tener solo 66 años, aún muy lejos de la edad habitual de jubilación de los obispos, su salud no era buena, especialmente desde el punto de vista psicológico. Ya en 2021 tuvo que tomarse una pausa de seis meses en el desempeño de sus funciones porque las exigencias de su cargo le habían llevado al límite de su capacidad. Después de luchar contra la depresión durante los últimos años, finalmente presentó su dimisión al Papa.
El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Heiner Wilmer, ha tomado nota de la dimisión con respeto y pesar. En una carta a Mons. Wiesemann, escribe: «Para la Diócesis de Espira y la Conferencia Episcopal Alemana, su dimisión supone una gran pérdida». En efecto, Mons. Wiesemann pertenece a la mayoría de obispos alemanes claramente progresista y favorable al cambio de la doctrina y la estructura divina de la Iglesia.
Conviene empezar señalando que el ahora obispo emérito de Espira es contrario al aborto y debatió públicamente ese asunto con su hermana, Claudia Wiesemann, directora del Instituto de Ética e Historia de la Medicina de la Universidad de Gotinga, partidaria del aborto legal, la eutanasia y todas las otras modas mundanas en el campo de la ética. Por desgracia, ahí parece acabarse la sintonía de su hermano con la moral y la fe de la Iglesia.
Mons. Karl-Heinz Wiesemann es extremadamente favorable al homosexualismo y a la bendición de parejas del mismo sexo. En el marco del Camino Sinodal ha votado a favor de una reevaluación de la doctrina católica sobre la homosexualidad y a favor de permitir celebraciones de bendición para parejas que se aman. En 2022 fue todavía más explícito al defender una evolución desde una moral sexual que calificó de rígida y parcialmente discriminatoria hacia una ética de las relaciones que reconociera valores positivos en formas de relación distintas del matrimonio sacramental entre hombre y mujer. En 2023, después de la publicación de Fiducia supplicans, dijo que el documento del Vaticano era para él un estímulo para continuar por ese camino y animó a los sacerdotes de su diócesis a acompañar pastoralmente a parejas (del mismo sexo o divorciadas) que no podían contraer matrimonio católico y a buscar formas de que recibieran la bendición de Dios. Contra la interpretación oficial del documento, afirmó, en una entrevista de 2024, que debía ser posible bendecir a las personas y también su amor.
En cuanto a los abusos sexuales, es de los que los achacan al «clericalismo» y a la rígida moral de la Iglesia, permaneciendo curiosamente ciego ante el claro papel que han tenido las desviaciones de la moral sexual que él mismo defiende. Para Mons. Wiesemann los abusos están estrechamente relacionados con una concepción excesivamente elevada del poder del ministerio, estructuras de silencio, tabúes, falta de control del poder y estructuras institucionales. La solución, en su opinión, está en el Camino Sinodal alemán y la «separación de poderes» en la Iglesia.
En 2025, se mostró partidario de eliminar el celibato obligatorio para los sacerdotes, en diversas modalidades: «celibato por un tiempo», sacerdotes casados, etc. Es favorable al diaconado femenino, pero no unilateralmente, sino con el acuerdo de Roma. Asimismo, indica indirectamente que también es favorable al sacerdocio de las mujeres, señalando que los argumentos teológicos tradicionales en contra han perdido mucha fuerza.
Ha sido uno de los más firmes apoyos del Camino Sinodal. En 2023 dijo que desde el principio había defendido ese proceso y que participó con «convicción» y «pasión interior» en la búsqueda de una renovación espiritual y estructural de la Iglesia alemana. Además, en Espira ha intentado llevar algunas de esas ideas a la práctica: por ejemplo, su consejo consultivo general tiene actualmente aproximadamente un tercio de mujeres y ha introducido mecanismos de mayor participación y corresponsabilidad.
Su dimisión es una oportunidad para esclarecer las intenciones de León XIV con respecto a la Iglesia en Alemania. Corregir o deponer a un obispo heterodoxo resulta difícil y traumático, pero en el nombramiento de obispos el Pontífice generalmente tiene mayor libertad. En este caso, hay algunos condicionantes, porque, según el concordato de Baviera, el candidato elegido por el Papa tiene que estar incluido en alguna de las listas (Triennallisten) que envían cada tres años los obispos bávaros y los capítulos catedralicios, incluida una que deberá enviar ahora el capítulo de la catedral de Espira en particular. Es decir, el Papa no puede nombrar a cualquiera, como sucede en otras diócesis del mundo, pero aun así dispone de una amplia gama de candidatos.
¿Cómo desea León XIV que sea el futuro de la Iglesia germana? ¿A quién nombrará el Papa para sustituir al obispo de Espira? ¿Elegirá a un nuevo obispo continuista con la línea destructora de la fe y la moral de Mons. Wieseman? ¿A un sacerdote ortodoxo, que se alinee con los (poquísimos) obispos alemanes que defienden la fe católica? ¿U optará por alguien de perfil bajo, que no se distinga en ningún sentido, para favorecer el statu quo sin estridencias y así evitar a cualquier precio un posible cisma alemán?







