(AdVaticanum/InfoCatólica) El prior fundador del Monastère Saint-Benoît, en la Provenza francesa, afirma en una entrevista que la reforma litúrgica posconciliar excedió el mandato del Concilio Vaticano II y que Traditionis Custodes constituye una «herida abierta» en la vida litúrgica de la Iglesia. Dom Alcuin Reid, reconocido liturgista benedictino, detalla cómo su comunidad ha mantenido íntegra la celebración del rito antiguo pese a las restricciones y revela que el monasterio se encuentra en proceso de regularización canónica tras haber aceptado ordenaciones de otro obispo para garantizar su supervivencia sacramental.
En la entrevista concedida a AdVaticanum, Dom Alcuin Reid aborda el estado de la cuestión litúrgica en la Iglesia, la situación canónica de su monasterio y sus expectativas respecto al pontificado de León XIV.
Un monasterio benedictino en tierras templarias
El Monastère Saint-Benoît fue fundado por deseo directo de Mons. Dominique Rey, entonces obispo de la diócesis de Fréjus-Toulon, quien invitó a Dom Alcuin a trasladarse a Francia para establecer una comunidad benedictina. Tras unos inicios lentos en un presbiterio cedido por la diócesis, la comunidad se estabilizó en 2020 con la adquisición de una propiedad histórica en las afueras de Brignoles: más de 30 hectáreas con una iglesia románica del siglo X que fue confiada a los benedictinos en 1025 y que posteriormente estuvo bajo la custodia de los Caballeros Templarios y los Caballeros de Malta.
La comunidad celebra diariamente las ocho horas canónicas del Oficio Divino tradicional, incluida Prima, y la Misa conventual según el usus antiquior del rito romano y monástico. Se observan las Témporas, las procesiones de Rogativas y la Semana Santa completa según los ritos anteriores a la reforma de 1955, para lo que el monasterio recibió permiso específico de la Santa Sede, incluyendo la Vigilia de Pentecostés.
Uno de los frutos recientes de esta vida litúrgica ha sido la publicación del primer volumen del Nocturnale Monasticum, el Psalterium, que constituye, según Dom Alcuin, «la primera impresión de cualquier libro en la era moderna para el canto de Maitines monásticos». La obra completa, que incluirá los volúmenes del Temporale y el Sanctorale, requerirá años de trabajo.
La reforma litúrgica excedió el mandato conciliar
Dom Alcuin sostiene que la reforma litúrgica posterior al Vaticano II superó el mandato de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, y considera que esta afirmación constituye ya «un hecho establecido» respaldado por décadas de trabajo académico riguroso, «negado hoy solo por partidarios envejecidos de una ideología rápidamente obsoleta y sus discípulos».
No obstante, el liturgista distingue entre los excesos de la reforma y los principios del propio documento conciliar, muchos de los cuales califica como fruto de décadas de piedad litúrgica profunda. Destaca como principio fundamental que «la participación plena, consciente y actual en la sagrada liturgia es la fuente primera e indispensable de la que los fieles han de obtener el verdadero espíritu cristiano», enseñanza que atribuye primero a Dom Guéranger en el siglo XIX y después a San Pío X.
El problema, argumenta, fue de implementación: «en la prisa por adorar el zeitgeist del cambio, no se pusieron los cimientos necesarios: la necesidad a largo plazo de formar primero a las personas fue dejada de lado en la prisa por que participaran activamente». Y señala una paradoja: «los principios fundamentales de Sacrosanctum Concilium son bastante tangiblemente evidentes en las celebraciones de los ritos litúrgicos antiguos, no reformados», donde los fieles «participan casi universalmente de modo pleno, consciente, activo y fructuoso en la liturgia, tal como desearon los Padres del Concilio Vaticano II».
Traditionis Custodes: «elegir la vida antes que aceptar la muerte involuntaria»
Dom Alcuin relata que, litúrgicamente, nada ha cambiado en el monasterio tras la promulgación de Traditionis Custodes: la comunidad ha continuado celebrando los ritos antiguos en su integridad, pues constituyen su razón de ser. Sin embargo, las restricciones, junto con lo que califica como «la persecución continua de nuestro obispo fundador», bloquearon ordenaciones previstas, incluidas las órdenes menores celebradas según el rito antiguo, dejando al monasterio ante la amenaza de lo que denomina «eutanasia sacramental».
«Un monasterio sin Misa, el corazón palpitante de nuestra vida, no es un monasterio vivo en absoluto», afirma. Tras un proceso de oración y consulta, la comunidad tomó «la difícil pero consciente decisión de aceptar ordenaciones de otro obispo», lo que tuvo consecuencias canónicas. Dom Alcuin defiende la decisión con una imagen doméstica: «Cuando acecha la hambruna, un padre debe actuar con decisión para poder alimentar a su familia». El prior confirma que el monasterio se encuentra «en proceso de regularizar la situación con las autoridades pertinentes» y confía en que el proceso se complete pronto.
En este contexto, Dom Alcuin cita al Cardenal Sarah, quien recientemente afirmó que Traditionis Custodes «simplemente necesita ser dejado de lado», y describe el documento como «una de las últimas salvas desesperadas y vergonzantes de una generación particular de extremistas del Vaticano II de mente estrecha».
Esperanzas en el pontificado de León XIV
Sobre las expectativas respecto al actual pontificado, Dom Alcuin reconoce no disponer de medios para predecir cómo o cuándo el Papa abordará lo que denomina «la herida abierta en la vida litúrgica de la Iglesia que heredó de su predecesor». Valora como «una buena señal» el mensaje que León XIV dirigió a los obispos franceses a principios de este año, en el que el pontífice pidió «inclusión y creatividad para fomentar la unidad», la primera vez que abordó oficialmente este tema.
Dom Alcuin reconoce que la demora en medidas más concretas ha llevado a algunos a «descartar al Papa León tal como hicieron con su predecesor», y advierte de que «el papado ha perdido, por desgracia, gran parte de su confianza filial residual en la última década, y a veces no sin buena razón». Aun así, llama a rezar por el pontífice y a «procurar ganarle la gracia de gobernar sabia y verdaderamente, particularmente respecto a esta cuestión central».
Vocaciones y el riesgo del «tradicionalismo a la carta»
El prior benedictino aborda también la cuestión vocacional y señala un fenómeno preocupante: candidatos que llegan al monasterio no para buscar la voluntad de Dios, sino para «entrevistar» a la comunidad, con una lista de criterios preparada que verifican como si evaluaran a un posible empleador. Dom Alcuin lo describe como «un tipo de discernimiento vocacional pelagiano donde el "yo" está en el centro del proceso», y advierte de que esta actitud «descarrila muchas vocaciones potenciales, especialmente en los círculos llamados "tradicionales", donde el tradicionalismo a la carta es una enfermedad demasiado común».
Frente a esta actitud, propone la espiritualidad benedictina como antídoto: orar y trabajar, confrontar las propias heridas con humildad, perseverar y no huir del camino de la salvación. El lema del monasterio, pax inter spinas (paz entre espinas), resume, según Dom Alcuin, la recompensa de esta perseverancia: «una paz ganada con esfuerzo, pero que perdura por la eternidad».






