La Vang, el Lourdes de Vietnam: multitudes acuden al santuario mariano mientras la diáspora mantiene viva la devoción
Nuestra Señora de La Vang | © Archidiócesis de Hue

En la diáspora, sus hijos y nietos luchan por transmitir esa fe.

La Vang, el Lourdes de Vietnam: multitudes acuden al santuario mariano mientras la diáspora mantiene viva la devoción

Bajo un calor de 40 °C, durmiendo en tiendas improvisadas, cientos de miles de vietnamitas peregrinaron al santuario donde la Virgen se apareció en 1798 a los católicos perseguidos.

(GaudiumPress/InfoCatólica) El Santuario Nacional de La Vang, situado en la Arquidiócesis de Hué, en el centro de Vietnam, acogió entre el 13 y el 15 de agosto de 2026 una de las mayores concentraciones de fe del sudeste asiático con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Decenas de miles de peregrinos llegados de todo el país y del extranjero participaron en el XXXII Congreso Nacional de Peregrinación Mariana, un acontecimiento que se celebra cada tres años desde 1901 y que en esta edición llevaba por lema «María, mensajera de la Buena Nueva».

Las cifras de asistencia varían según las fuentes: mientras las estimaciones de la Iglesia local elevan la participación por encima de los 200.000 fieles, la agencia Fides cifra la asistencia en aproximadamente 160.000 personas. En cualquier caso, la afluencia superó ampliamente las ediciones ordinarias, en las que el santuario recibe entre 70.000 y 90.000 peregrinos, según informa Fides. Las dos convocatorias previstas para 2020 y 2023 no pudieron celebrarse a causa de la pandemia de COVID-19, lo que convirtió esta edición en un reencuentro largamente esperado.

«Volver a casa junto a la Madre»

Los peregrinos soportaron condiciones exigentes: largos desplazamientos, alojamiento en tiendas improvisadas y temperaturas que en algunos momentos alcanzaron los 40 °C. Muchos durmieron en lonas, esterillas y hamacas, y comieron lo que pudieron, pero el fervor no decayó. «No importa si dormimos en lonas, esterillas, hamacas o tiendas de campaña, ni si comemos y bebemos lo que podemos y como podemos. Mientras podamos venir a la Madre y estar con ella, somos felices», explicó Matta Nguyet, peregrina procedente de Ciudad Ho Chi Minh, según recoge Fides.

Para los fieles vietnamitas, La Vang no es un destino turístico ni un santuario cualquiera. «Ir a La Vang no es simplemente realizar una peregrinación a un santuario, sino literalmente "volver a casa junto a la Madre" para hallar alivio ante las adversidades de la vida», explicó el padre Francis Cuong, religioso de los Hermanos del Sagrado Corazón de Jesús, congregación fundada hace un siglo en la diócesis de Hué y actualmente misionero en Estados Unidos.

El padre Landry Varenne, sacerdote vietnamita de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, lo resume con una comparación elocuente: «Ese santuario es el corazón de la fe del pueblo vietnamita. La Vang es el Lourdes de Vietnam».

Un Congreso marcado por la comunión eclesial

La ceremonia de apertura, el 13 de agosto, fue presidida por el Arzobispo Joseph Vu Van Thien, de Hanoi, y contó con la presencia del Arzobispo Joseph Nguyen Nang, de la Arquidiócesis de Saigón y presidente de la Conferencia Episcopal de Vietnam. En su intervención, Nguyen Nang invitó a los fieles a imitar a la Virgen María convirtiéndose en discípulos misioneros: «En la peregrinación a La Vang, no llevamos equipaje pesado, pero el bagaje espiritual que llevamos es inmenso, porta las alegrías y las tristezas de la vida. Venimos a la Virgen María para que nos guíe a Jesús».

La Misa de clausura, precedida por una procesión mariana en la madrugada del 15 de agosto, fue presidida por el Arzobispo de Hué, Joseph Dang Duc Ngan, y concelebrada por varios obispos y cientos de sacerdotes. En su homilía, el Arzobispo Joseph Nguyen Chi Linh, anterior titular de la sede de Hué, exhortó a los peregrinos a llevar consigo el espíritu de La Vang al regresar a sus hogares: «Cultiven una vida moral y vivan imitando a la Virgen».

El Arzobispo Dang Duc Ngan destacó la organización del evento como «una prueba fehaciente de la comunión viva en la Iglesia de Vietnam», posible gracias a la colaboración de voluntarios de todo el país y, en particular, de las comunidades parroquiales de la Arquidiócesis de Hué. Las autoridades civiles también contribuyeron con medidas de seguridad, tráfico, higiene y atención sanitaria.

La aparición de 1798: fe e identidad vietnamita

Los orígenes de la devoción a Nuestra Señora de La Vang se remontan a 1798, en plena persecución del emperador Canh Thinh contra los católicos, a quienes se consideraba seguidores de una «religión extranjera». Muchos fieles huyeron a la espesa selva de La Vang, donde vivían atormentados por el hambre, las enfermedades y el frío. Cada noche se reunían bajo un gran baniano para rezar el Rosario.

Durante una de aquellas oraciones nocturnas, los refugiados contemplaron la aparición de una Señora envuelta en luz, vestida con el traje tradicional vietnamita (áo dài), que sostenía al Niño Jesús en brazos y estaba flanqueada por dos ángeles. Su mensaje fue de consuelo: «Hijos míos, sed fuertes y tened fe. He escuchado vuestras oraciones». Según recoge Fides, las palabras de la Virgen incluyeron también una promesa duradera: «De ahora en adelante, todo aquel que venga a este lugar a implorarme verá sus oraciones respondidas y recibirá gracias según sus intenciones».

Resulta significativo que María se apareciera con los rasgos y la vestimenta de una mujer vietnamita. Tras siglos de acusaciones de profesar una fe foránea, la imagen de La Vang reconcilia catolicismo e identidad nacional. Los obispos vietnamitas lo expresan así: La Vang «da testimonio de que es posible ser plenamente católico y, al mismo tiempo, plenamente vietnamita». Por ello, la Virgen de La Vang se ha convertido en «la Madre del Refugio», presencia que sana las heridas de un pueblo marcado por guerras, invasiones y persecuciones.

Hasta hoy, los peregrinos reproducen aquel recuerdo fundacional: duermen bajo los banianos, rezan el Rosario y, durante las celebraciones, recrean la huida de 1798 y la aparición mediante representaciones teatrales. La devoción se convierte así en memoria viva.

La Vang al otro lado del Pacífico

Mientras en Vietnam se celebraba el Congreso, a más de 12.000 kilómetros de distancia los mismos himnos marianos resonaban entre los católicos vietnamitas de Estados Unidos, según informa UCANews.

En San José (California), sede de la mayor comunidad vietnamita en una ciudad estadounidense, miles de fieles se congregaron del 13 al 15 de agosto para la tercera edición de los La Vang Marian Days. El programa incluyó misas en vietnamita, confesiones, procesiones, ofrenda de flores y actividades para familias y jóvenes. En el corazón de Silicon Valley, los católicos vietnamitas rezaron en su lengua materna y procesionaron detrás de una imagen de María vestida con áo dài.

Pocos días antes, del 6 al 9 de agosto, otros miles se reunieron en Carthage (Misuri) para la 47.ª edición de los Marian Days organizados por la Congregación de la Madre del Redentor, una tradición que se mantiene desde hace casi medio siglo, prácticamente desde los inicios de la comunidad católica vietnamita en Estados Unidos tras la caída de Saigón en 1975.

El Obispo Joseph Do Quang Khang, de Bac Ninh, viajó desde Vietnam para participar en el encuentro de San José, un signo de que la relación entre la Iglesia en Vietnam y su diáspora ya no se mueve en una sola dirección.

Transmitir la fe a las nuevas generaciones

Para quienes vivieron en Vietnam, La Vang es un recuerdo del hogar. Para sus hijos nacidos en Estados Unidos, es una herencia recibida antes siquiera de haber visitado el lugar. Theresa Nguyen Phuong Trang, católica vietnamita residente en San José que emigró en 2018 y no ha regresado desde entonces, lo explica así, según recoge UCANews: «Cada año traigo a mis hijos aquí porque quiero que crezcan con la identidad de católicos vietnamitas. Un día, mis hijos volverán a Vietnam y visitarán el santuario de La Vang. Entonces comprenderán que son cien por cien vietnamitas».

El desafío, sin embargo, ha cambiado. En las primeras décadas, los católicos vietnamitas tuvieron que reconstruir parroquias, comunidades y vida religiosa en un país nuevo. Hoy deben encontrar la manera de transmitirlas. El idioma puede debilitarse y los recuerdos directos de Vietnam desaparecerán con las primeras generaciones. Para que La Vang perdure, debe significar algo para quienes nunca han conocido la patria de sus abuelos.

Una niña nacida en California no necesita haber visitado la provincia de Quang Tri para caminar detrás de una imagen de Nuestra Señora de La Vang. Su vietnamita puede ser más débil que el de sus abuelos, y Vietnam puede existir sobre todo a través de relatos familiares. Pero puede cantar el mismo himno mariano que se entona en Vietnam, ofrecer flores ante una María vestida con áo dài y llamarla con la misma palabra: Madre.

La Vang ya no existe bajo un solo cielo.

1 comentario

Generalife.
Una buena noticia
19/08/26 10:00 PM

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