(InfoCatólica) La familia Huffines, católica y procedente de Texas, adquirió una propiedad que la mayoría habrían evitado: el rancho de Jeffrey Epstein en Nuevo México. No fue una decisión fácil.
A fin de cuentas, el rancho perteneció a Epstein durante décadas y, por lo tanto, está vinculado a las acusaciones de graves abusos sexuales que pesaban sobre él. Precisamente por ello, algunos miembros de la familia se opusieron inicialmente a comprarlo. Según Huffines, su madre y sus hermanas rechazaron de entrada la idea por considerar que la asociación con Epstein convertía la propiedad en algo repugnante.
Sin embargo, los nuevos propietarios decidieron finalmente que el mal cometido en un lugar no convertía la tierra en mala: quienes pecan son las personas. Su intención no era conservar el rancho como una especie de monumento a Epstein, sino precisamente darle un significado completamente contrario al que tuvo durante su etapa anterior.
Después de comprarlo, cambiaron su nombre: el antiguo rancho Zorro ha pasado a llamarse rancho San Rafael. A fin de cuentas, Rafael significa «medicina de Dios» o «Dios sana», algo muy necesario en este caso. El proyecto de la familia es transformar la enorme finca marcada por el escándalo y el sufrimiento, construyendo un centro de retiros católico, con espacios destinados a la oración y al ayuno, además de actividades propias de una finca rural. Incluso planean colocar en la entrada un mensaje inequívocamente cristiano: «Todos los que vienen en el nombre del Señor son bienvenidos».
Antes de comenzar esa nueva etapa quisieron hacer algo también muy necesario: bendecir y exorcizar la propiedad. Según explicó Devin Huffines, uno de los hijos del empresario Don Huffines, la familia hizo venir desde Ohio a un sacerdote exorcista. El sacerdote dedicó tres días a recorrer y exorcizar la propiedad. Huffines explicó que su familia es muy consciente de que la dimensión espiritual no es una cuestión meramente simbólica: los demonios son una realidad.
Del rancho de Epstein al rancho San Rafael. De un lugar marcado por el escándalo a un proyecto de casa de oración. Los nuevos propietarios quieren que, donde hubo oscuridad, haya luz y, donde un hombre convirtió una propiedad en escenario de gravísimos abusos, pueda darse ahora gloria a Dios. Por eso, para ellos, el primer paso no ha sido una inauguración, sino un exorcismo y una bendición.






