(Kathpress/InfoCatólica) En vísperas de la solemnidad de la Asunción de María, la teóloga Andrea Taschl-Erber, catedrática de Nuevo Testamento en la Universidad Católica Privada de Linz, ha publicado en el diario austriaco Oberösterreichische Nachrichten una colaboración en la que aboga por presentar a la Madre de Dios como una mujer crítica, valiente y de voz fuerte, en contraposición a las imágenes marianas que la Iglesia ha venerado durante siglos.
Las imágenes tradicionales, presentadas como proyecciones de cada época
Según la profesora, cada época ha creado sus propias imágenes de María «y frecuentemente ha proyectado en ella sus propios deseos y expectativas». No todas esas concepciones, añade, proceden de la Biblia.
En iglesias y obras de arte, sostiene, María se presenta a menudo como madre tierna con el Niño en brazos, como madre dolorosa al pie de la cruz ante su Hijo moribundo o como majestuosa Reina del Cielo. Para unos es la Madre de Dios, intercesora benévola y consoladora; para otros, la virgen humilde, a la que califica de ideal inalcanzable para unas mujeres que normalmente no son a la vez vírgenes y madres. Muchas personas, concluye, no pueden identificarse con esa imagen femenina, que además habría sido instrumentalizada al servicio de intereses patriarcales.
Una María con voz propia frente a la figura silenciosa
Frente a ello, Taschl-Erber afirma que el Nuevo Testamento ofrece una imagen sorprendentemente distinta. «La María del capítulo inicial del Evangelio de Lucas no es una figura marginal silenciosa. Es una joven mujer con voz propia. Y esa voz la alza no suavemente, sino con fuerza», escribe.
El punto de apoyo de su lectura es el Magníficat, al que califica como uno de los textos más radicales del Nuevo Testamento, y del que recuerda el versículo que proclama que Dios derribó a los poderosos de su trono y exaltó a los humildes, colmó de bienes a los hambrientos y despidió vacíos a los ricos. Su comentario resulta significativo: «No son palabras suaves. Es el cántico de una profetisa que confía en la justicia de Dios y no acepta el mundo tal como es».
Justicia, misericordia y solidaridad
Para la teóloga, María sueña con un orden distinto en el que, según sus palabras, no deben tener la última palabra el poder y la posesión dominantes, sino la justicia, la misericordia y la solidaridad. Su cántico de alabanza sería mucho más que una oración de agradecimiento personal por su embarazo milagroso: constituiría una declaración de esperanza para todos los marginados y humillados y, al mismo tiempo, una pregunta crítica dirigida a quienes se han conformado con situaciones injustas o las han provocado. El cántico evocaría las experiencias de una divinidad salvadora y liberadora que mira la necesidad de los humillados y permanece del lado de los pobres con misericordia fiel.
La conclusión de la catedrática enlaza directamente con la agenda social contemporánea: «Quizás nuestro tiempo necesita precisamente esta imagen de María: una mujer que toma en serio las promesas de Dios y de ello extrae el valor para examinar críticamente las condiciones sociales; una mujer que no confunde la esperanza con consuelo vacío y convoca a un mundo diferente». Quien, como María, cree en la justicia de Dios, sostiene, no puede permanecer indiferente ante la guerra y la violencia, ante la pobreza y la exclusión. Y remata invitando a ver el mundo con ojos de esperanza y a tener el valor de contribuir a construir un mundo más justo.
De la Inmaculada Concepción, de la maternidad divina, de la virginidad perpetua y de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos, que es precisamente lo que la Iglesia celebra este 15 de agosto, la exposición de la catedrática de la Universidad Católica de Linz no dice una sola palabra.







