(InfoCatólica) El Parlamento del Líbano ha aprobado la abolición de la pena de muerte, convirtiendo al país en el primero de Oriente Medio en eliminar formalmente la pena capital de su ordenamiento jurídico. La nueva legislación sustituye todas las condenas a muerte por la pena de cadena perpetua.
Se pone así fin a una situación paradójica, ya que, aunque los tribunales seguían imponiendo sentencias capitales, en la práctica no se ejecutaba a ningún condenado desde 2004. Esta moratoria que ha durado más de veinte años era puramente práctica y fruto de tres factores: la presión de organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos; la oposición de varios presidentes de la República y ministros de Justicia, que se negaron a firmar órdenes de ejecución; y el deseo de evitar nuevas tensiones políticas en un país dividido y sacudido por continuos conflictos.
La abolición de la pena de muerte llega en un momento especialmente delicado para el Líbano, marcado por la inestabilidad política, la crisis económica y las secuelas del conflicto con Israel. El Parlamento estudia paralelamente una amplia ley de amnistía para aliviar el grave problema del hacinamiento penitenciario, una iniciativa que ha suscitado división entre las fuerzas políticas y entre las familias de las víctimas de delitos graves.
Según la información disponible, el bloque parlamentario de Hizbulá fue el único que se opuso a la abolición de la pena de muerte en la votación del Parlamento libanés. Los diputados del bloque Lealtad a la Resistencia, vinculado a Hizbulá, votaron en contra o abandonaron la sesión en señal de protesta. Su oposición se basa en el riesgo que supone abolir la pena capital a la vez que se discute una ley de amnistía, lo que podría conllevar una reducción de las penas para los culpables de traición, atentados terroristas, ataques contra las fuerzas armadas u otros crímenes particularmente graves.
La decisión ha sido acogida con satisfacción por diversas organizaciones internacionales. La Unión Europea la ha calificado de «poderoso ejemplo» para la región, mientras que Amnistía Internacional ha afirmado que el paso dado por Beirut convierte una moratoria de hecho en una protección legal permanente del derecho a la vida.
Aparte de las presiones internacionales, es muy posible que los factores religiosos también hayan influido. Tradicionalmente, el Líbano era el único país cristiano de Oriente Medio y, aunque los cristianos dejaron de ser mayoría en los años sesenta, siguen teniendo un papel fundamental en la política del país. En particular, los católicos de diversos ritos orientales forman algo más del 20 % de la población.
Por lo tanto, puede haber influido en la decisión libanesa que, en las últimas décadas, los Papas han tenido una actitud cada vez más contraria a la pena de muerte. Si bien la doctrina católica considera lícita la pena de muerte en algunas circunstancias, de modo que no puede descartarse de forma absoluta, la cuestión práctica de si debe utilizarse o no en las circunstancias actuales claramente se ha ido decantando en contra de la conveniencia de esta pena. El Papa Francisco fue especialmente militante contra la pena de muerte e incluso modificó el Catecismo de la Iglesia Católica en 2018 para calificarla de «inadmisible», un término cuyo significado no está claro, pero que manifestaba sin lugar a dudas su oposición.








