(InfoCatólica) En una entrevista publicada en el portal oficioso de información de la Conferencia Episcopal Alemana, Katholisch.de, un obispo explica la manera en que evita cumplir las órdenes del vaticano, pero sin meterse en líos. Es difícil no ver esta entrevista como una señal a los demás obispos germanos de que ese es el camino a seguir para poder seguir haciendo lo que quieran, diga lo que diga Roma.
Mons. Peter Kohlgraf, obispo de Maguncia, fue nombrado por el Papa Francisco y, a sus 59 años, es el obispo diocesano más joven de Alemania. En la entrevista explica que, en su diócesis, siguen «la orden de la Iglesia de que los laicos no predican sermones en Misa. Sin embargo, en la práctica es habitual que esto siga ocurriendo de vez en cuando. Yo no lo cambiaré».
Explica que «según las normas romanas», a los laicos no se les permite pronunciar la homilía y que él tampoco puede dar ese permiso. «El derecho canónico no lo permite y esa sigue siendo nuestra base». «No obstante», sigue, y en ese no obstante está lo verdaderamente importante, «es cierto que en algunas parroquias es costumbre que los laicos prediquen. Si me entero de esto, no intervendré de forma disciplinaria ni lo sancionaré según el derecho canónico. Pero tampoco lo anuncio y no puedo permitirlo. Solo tomo nota de que existe tal práctica habitual en algunas parroquias».
Hay que reconocer que es una táctica estupenda. Acata la norma, pero no la hace cumplir y así evita cualquier problema con el Vaticano. Sus parroquias saben perfectamente (y por si alguna no lo sabe, lo dice en esta entrevista) que, si sus laicos predican en Misa, no va a intervenir, ni habrá ninguna sanción. Simplemente «toma nota» y no hace nada. Es la picaresca episcopal elevada a la enésima potencia.
Como también explica, le gustaría que los laicos predicaran en Misa. Si el Vaticano lo permitiera, le «parecería bien», porque «en cuanto a los trabajadores pastorales que están teológicamente cualificados para predicar, lo considero una riqueza de la iglesia». Pero, como el Vaticano no lo permite, en lugar de «permitirlo», lo que hace es no impedirlo y todos contentos. El Vaticano se queda tranquilo y ellos continuarán haciendo lo mismo de siempre: «así que, para nuestra diócesis, la prohibición de la predicación laica no cambia nada en la práctica pastoral concreta».
Lo que le preocupa, de hecho, es algo muy distinto. «Me preocupa más que la prohibición de predicar laicos en Roma ahora fomente la denuncia», explica. «Hay personas que enseguida informan de las violaciones litúrgicas al obispo y me escriben directamente. Ya era así antes, y personas individuales me enviaban sus quejas, pero ahora me piden que intervenga. Algunos incluso escriben al nuncio o directamente a Roma».
Ante esta terrible situación en que los fieles indefensos osan pedir ayuda al obispo para que sus sacerdotes no se salten las normas de la Iglesia, Mons. Kohlgraf explica la táctica que emplea con los que se quejan, que es muy parecida a la que usa con Roma: simplemente, tomar nota. El obispo responde «amable y relajado» a los que protestan y se limita a «tomar nota y transmitirlo, normalmente al párroco o líder pastoral correspondiente de la parroquia en cuestión». El pobre fiel piensa que el obispo está tomando medidas, mientras que la acertada conclusión que sacan esos párrocos y líderes pastorales es que al obispo le parece muy bien lo que hacen y siguen haciendo lo mismo.
El hecho de que todo esto se diga abiertamente en una entrevista pública y en el portal oficioso de la Conferencia Episcopal Alemana, indica que Mons. Kohlgraf está convencido de que no habrá consecuencias. Roma sabe muy bien que los obispos alemanes no van a obedecer. En la práctica y más allá de algunas formas, que se conservan para evitar un enfrentamiento directo, lo cierto es que, en la práctica, los obispos alemanes se consideran independientes de la Iglesia. Lo peor, sin embargo, no es eso, sino que su impunidad sirve de ejemplo para todos los que, en el resto del mundo, quieren cambiar la doctrina y la moral católicas.








