(InfoCatólica) Mens sana in corpore sano. El deporte es muy sano para el cuerpo y, a menudo, beneficioso para el alma. Esos beneficios, sin embargo, no hacen que los católicos lleguen al extremo de dedicar las iglesias al deporte. Al menos no habitualmente.
En los últimos días, ha surgido una polémica generada por la retransmisión del partido del Mundial entre Francia y Noruega en plena nave de la iglesia de Notre-Dame-des-Vertus de Ligny-en-Barrois (noroeste de Francia). Las quejas por este evento se han multiplicado desde entonces.
Se trata de una preciosa iglesia gótica-renacentista del siglo XVI, con maravillosas vidrieras y una imagen de Nuestra Señora muy venerada en la región. La iniciativa de ver el partido en ella fue aprobada por el párroco, el P. Mickaël-Joseph Fleury, en colaboración con el ayuntamiento. Unas 80 personas siguieron el partido desde el interior del templo.
El motivo alegado por los organizadores fue ofrecer a los vecinos un espacio fresco y seguro durante la ola de calor. El templo, al tratarse de un edificio que cumple las normas de seguridad para la presencia de público, fue elegido como solución después de que las altas temperaturas y la negativa de la prefectura a autorizar una «fan zone» al aire libre obligaran a buscar un lugar alternativo.
Para ello, se colocó una pantalla gigante frente al altar. El ambiente, en general, fue el propio de un evento deportivo, con comida y bebida, vítores y aplausos, que resultaron muy chocantes dentro de una iglesia. Al menos para aquellos que aún están acostumbrados a la sacralidad de los lugares de culto. Durante la retransmisión del partido, además, se cantó dentro del templo la Marsellesa, el himno nacional francés, cuyo origen es marcadamente anticlerical.
La parroquia de Ligny-en-Barrois pertenece a la diócesis de Verdún. Tras la publicación de la retransmisión del partido por Tribunne Chrétienne y las redes sociales, el obispo de Verdún, Mons. Jean-Louis de Metz-Noblat se ha visto obligado a dar explicaciones. Para ello, ha publicado un vídeo de más de tres minutos en el canal de Youtube de la Diócesis.
Como indica Tribune Chrétienne, «a veces, una explicación provoca más inquietud que los propios hechos». En efecto, Mons. Metz-Noblat sostiene en el vídeo que la velada «no fue ofensiva en absoluto», que estaba prohibido beber alcohol (¡solo el alcohol!) y que «el Santísimo Sacramento no fue profanado», ya que había sido retirado previamente del sagrario. Asimismo, insistió en que la iglesia «retomó inmediatamente su función espiritual habitual a la mañana siguiente».
También, de forma algo desesperada, expresó su esperanza de que algunos espectadores aprovecharan la oportunidad para rezar «por que ganara su equipo». O incluso de que la experiencia sirviera para que algunos descubrieran la iglesia por primera vez.
Todo eso, está muy bien, por supuesto, pero cuidadosamente omite la cuestión principal: ¿tiene sentido que se dedique una iglesia a un evento deportivo? ¿Qué clase de signo es para fieles y extraños que se coloque una gran televisión frente al altar? ¿No son las iglesias católicas lugares consagrados y dedicados al culto a Dios, a diferencia de los templos protestantes, por ejemplo? ¿Se puede justificar una velada dedicada a comer y beber mientras se ve un partido dentro de una iglesia? Se trata de cuestiones importantes, que, más allá de este caso en particular, tienen que ver con nuestra comprensión del culto, las iglesias, lo sagrado y lo profano.
En lugar de asumir su responsabilidad y como por desgracia se ha hecho habitual, el obispo echó la culpa a las redes sociales, que fueron, en su opinión, las que exacerbaron el asunto desde el anonimato de personas que desconocían la realidad.







