Otro Christian, otro hijo pródigo a quien el Padre aguarda
Rosario hecho por la Dama de la Sacristía Elena, ¡a sus 105 años!

Otro Christian, otro hijo pródigo a quien el Padre aguarda

Cada hijo de Dios es un misterio único e irrepetible. Y, por lo tanto, desde nuestra limitación humana, jamás podremos comprenderlo plenamente. Algo, de cualquier modo, es posible entender de él asomándonos a lo que hay en su corazón. Y nosotros, los sacerdotes, todo el tiempo, tenemos pruebas de ello.

Mi «parroquia móvil» es la calle. A pie, en bicicleta, en tren, en micro, o «a dedo» (autostop), a cada instante, el Señor pone en mi camino a personas de todo tipo: creyentes y ateos; practicantes y díscolos; cercanos y alejados. Y en no pocos casos solo conozco sus nombres sobre el final del encuentro. O sea, primero el desahogo, la aceptación o el rechazo y, por último, la identificación. No sea que una rápida pregunta sobre las señas, empañe o impida la necesaria franqueza, para abrirse al anuncio de Cristo.

Con frecuencia, frente al quiosco de diarios y revistas de Enrique, en pleno centro platense, me encuentro a los más variados personajes. Él mismo, descendiente de italianos, también lo es. ¡Cuántas veces sus ojos se nublan, al recordar con emoción al italianísimo padre José Dardi, durante décadas párroco de Sagrado Corazón de Jesús, de City Bell! ¡Y en cuántas ocasiones apela a su cara de circunstancias, o las más variadas excusas, para pretender justificar sus faltazos a Misa! Obviamente, ante ello le doy el correspondiente tirón de orejas. Pero, luego, para darle ánimo, le digo que, de algún modo, somos «colegas», un servidor, como periodista, y él como «canillita». Y, de paso, le recomiendo que lea la obra «Canillita», del dramaturgo Florencio Sánchez; y su conmovedora descripción de un pobre vendedor de diarios.

Acabo de pasar, una vez más, por su puesto. Estaba en animada charla con un muchacho, evidentemente muy venido a menos. Al verme, me hizo una seña para que me acercase al joven:

- ¡Mucho gusto! Soy el padre Christian. ¿Sos creyente? ¿Estás bautizado?

- No soy creyente, ni sé si estoy bautizado. Soy muy pobre, y no tengo tiempo para ir a la Iglesia. Tengo tres hijos que mantener. Si vamos a la Iglesia, ¿qué van a comer? ¿Los bancos del templo?

- Hijo, la Iglesia está llena de hijos pobres, que van a buscar y darle gracias a Dios. Allí encuentran la paz que el mundo no les da. Y, además, nos ayudamos entre todos, en nuestras necesidades espirituales y materiales.

- Yo crecí en la calle, y nadie nunca me dio una mano. No creo en nada, ni en nadie. Si Dios existe, ¿por qué hay tantas injusticias y maldades?

- Ellas no son culpa de Dios, sino de nosotros. Dios nos da todas sus riquezas; empezando por Él mismo, que es el mayor tesoro. El problema radica en nuestro egoísmo.

- ¿Y usted, como cura, qué hace por los pobres?

- En primer lugar, como nos enseña la Santa Madre Teresa de Calcuta, «ante Dios, todos somos pobres»; incluso, un servidor. Como seminarista y, luego, como sacerdote, siempre estuve en parroquias, barrios y ambientes pobres. Y, con la gracia de Dios, trato de hacer por ellos todo lo que está a mi alcance. Empezando, por supuesto, con el anuncio de Jesucristo; y con todo el apoyo material que sea posible... ¿Cómo te llamas?

- Christian

- ¡Como yo! ¡Hijo! Yo también, durante años, estuve peleado con Dios y, muchísimo más, con su única Iglesia. Y mira donde estoy ahora: ¡con casi 14 años de cura, y felicísimo de serlo! ¡Dios y la Iglesia te esperan, y te necesitan! ¡Aquí estamos para acompañarte!

Le regalé el Rosario que iba rezando. «Este Rosario -le dije- lo hizo con sus propias manos, Elena; una viejita que murió con 107 años y que, hasta el final de sus días, trabajó incansablemente por la Iglesia. Gracias a Dios, tenía una muy buena posición económica. Y todo lo dio para ayudar a las parroquias y capillas más pobres de Argentina, y de otros países». Se lo bendije, lo puse sobre su cuello, y le di un abrazo. La fragancia de eternidad pudo mucho más que el olor a marihuana...

Tras la despedida, mientras iba al hospital, le di gracias a Dios por este nuevo regalo. Siempre que el Señor pone a otro Christian en mi camino, hago memoria de mi propia historia. Y de toda la paciencia que Dios tuvo conmigo. Sí, como decía San Agustín, «no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro». El Padre no se cansa de esperarnos. Solo se trata de entender que somos el hijo pródigo. Y después de habernos revolcado en el lodo de los chanchos; y de arrepentirnos, y pedir perdón, volver a Casa, para el abrazo amoroso del Padre (cf. Lc 15, 11-32).

+ Pater Christian Viña.

La Plata, miércoles 24 de junio de 2026.
Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista.

Mes del Sagrado Corazón de Jesús. -

 

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.