(InfoCatólica) El Papa dedicó la catequesis de la Audiencia General de este miércoles a repasar su viaje apostólico a Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias. León XIV subrayó que la acogida multitudinaria del pueblo español manifiesta, más allá de la fe, «la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial», un fundamento que «solo Cristo puede asegurar» y que el Evangelio transmite porque responde a «la búsqueda de la verdad y la sed de justicia».
Ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Pontífice agradeció al pueblo español, al Rey, a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. «El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto», afirmó, y explicó que su servicio como obispo de Roma consistió en animar a los fieles «a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad».
Una acogida que «no se podía dar por sentado»
León XIV insistió en que la multitudinaria bienvenida recibida en todas las etapas del viaje «no era algo que se pudiera dar por sentado» y que merecía una reflexión. A su juicio, la participación masiva expresaba la fe del pueblo español pero también la necesidad de hallar un punto de encuentro ajeno a intereses parciales o ideológicos.
El Papa recordó los escenarios del viaje, desde «las grandes catedrales» hasta «los modernísimos estadios», pasando por el rezo del Santo Rosario en la abadía de Montserrat y la celebración en la Sagrada Familia, a la que describió como «símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano». Ese contraste entre lo antiguo y lo moderno le permitió percibir «el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada».
Custodiar la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial
León XIV situó esa riqueza europea ante los desafíos del presente: «la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana». Recordó que el Concilio Vaticano II ya los había identificado y que el Magisterio posterior los ha abordado sucesivamente hasta su encíclica Magnifica humanitas, cuyo objetivo es «la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial».
«He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso», afirmó.
Los testimonios de los pequeños y los pobres
El Papa se detuvo en los rostros que marcaron el viaje: el niño que le leyó una carta en la parroquia, las víctimas de abusos «que piden ser escuchadas», las reclusas que lo esperaban en la cárcel, los jóvenes «llenos de inquietudes y de proyectos» y los migrantes acogidos en los centros de las Canarias.
Precisamente en el archipiélago canario, última etapa del itinerario, encontró lo que definió como «una clave de interpretación general», ofrecida por la posición geográfica de las islas y por la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados procedentes sobre todo de África. León XIV reconoció la complejidad del fenómeno migratorio y la necesidad de «planes de acción orgánicos y concertados», pero subrayó que esa clave «abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas».
«El camino que conduce a la civilización del amor»
Uno de los frutos de ese intercambio, prosiguió, es «el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador». «Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor», concluyó.
El Papa cerró la catequesis retomando el lema del viaje apostólico, «Alzad la mirada» (cfr. Jn 4,35), palabras de Jesús a sus primeros discípulos para enseñarles a «ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud». «¡Alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, «"con los ojos de Dios"», es decir, con amor, respeto y compasión», pidió a los fieles.
Finalmente, León XIV agradeció a quienes rezaron por el viaje, «especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas», y les pidió que sigan orando para que «las semillas esparcidas den frutos abundantes».






