Católicos, luteranos y evangélicos marchan juntos en Oslo por la vida del no nacido tras cuatro décadas sin convocatoria
Los manifestantes llevan una pancarta que dice «Marsj for Livet» («Marcha por la vida») por el centro de Oslo, Noruega, el 13 de junio de 2026. | © EWTN/Bendik Bruun Edvardsen

Que la batalla por la vida siga ya es una victoria

Católicos, luteranos y evangélicos marchan juntos en Oslo por la vida del no nacido tras cuatro décadas sin convocatoria

Noruega recuperó su Marcha por la Vida tras cuatro décadas de ausencia. El obispo de Oslo ve en la convocatoria signos de renovación religiosa en uno de los países más secularizados de Europa.

(EWTN/InfoCatólica) Vientos de cambio, parece testimonial, pero es una vuelta. Cerca de un millar de personas desafiaron la lluvia y el viento en Oslo el pasado 13 de junio para participar en la primera gran Marcha por la Vida celebrada en Noruega en aproximadamente cuatro décadas. Católicos, luteranos, pentecostales y evangélicos caminaron juntos por las calles de la capital noruega en defensa de la vida del no nacido, en lo que los organizadores han descrito como el inicio de una nueva etapa para el movimiento provida en el país nórdico.

La jornada comenzó con una concentración a las once de la mañana en la Plaza del Siete de Junio. Desde allí, los participantes recorrieron el centro de la ciudad entonando himnos cristianos hasta llegar al Parlamento noruego (Stortinget), donde a las 12:30 se sucedieron los discursos de representantes del ámbito médico, social, religioso y político. La marcha concluyó con el canto conjunto de Navnet Jesus («El nombre de Jesús»), considerado el himno cristiano más popular de Noruega.

Entre las pancartas que definieron el tono de la convocatoria destacaban lemas como «Una voz para los que no tienen voz», «Elige la vida» y «650.000 desde 1978», en referencia al número de abortos registrados en Noruega desde la liberalización de su legislación.

Una respuesta a la ampliación de la ley del aborto

La marcha fue organizada por Velg Livet («Elige la Vida»), cuya directora, Cecilie Marie Røinås, explicó que la convocatoria responde tanto al creciente interés de los jóvenes noruegos como a la necesidad de reaccionar ante las recientes ampliaciones de la legislación sobre el aborto en el país. «Dado que han pasado unos 40 años desde la última gran Marcha por la Vida en Noruega, sentimos que era el momento de un nuevo testimonio público», afirmó Røinås. «Con las recientes ampliaciones de las leyes del aborto, es importante que sigamos siendo una voz por la vida del no nacido y no actuemos como si el debate hubiera terminado».

Røinås subrayó la notable presencia de jóvenes, muchos de ellos veinteañeros, entre los organizadores y participantes. «El hecho de que tantos jóvenes estén implicados demuestra que la cuestión del aborto no es una causa perdida», señaló. «Queremos mostrar que hay muchos en nuestra generación dispuestos a defender la vida del no nacido».

Para la directora de Velg Livet, el éxito de la marcha no se medirá solo por las cifras de asistencia: «Nuestra oración es que la gente experimente el amor de Dios, porque el cambio real comienza en los corazones de las personas».

El obispo de Oslo ve signos de renovación religiosa

El obispo Fredrik Hansen, de Oslo, que no pudo asistir por compromisos pastorales, calificó la marcha como prueba de un cambio más amplio en la sociedad noruega. «La Marcha por la Vida de Oslo atestigua el creciente interés y compromiso con la defensa de la vida y la dignidad de la vida en Noruega», declaró, expresando su esperanza de que se convierta en un evento anual y sirva para tender puentes entre las organizaciones provida del país.

Preguntado sobre si consideraba la marcha una forma de incidencia política o un auténtico testimonio cristiano, Hansen respondió que ambas cosas. «La marcha servirá para dar testimonio ante la sociedad noruega sobre la sacralidad de la vida y la necesidad de hacer frente a las muchas amenazas contra ella», afirmó. «Al hacerlo, enviará un mensaje firme a nuestros políticos y a los medios de comunicación de que muchos noruegos están profundamente comprometidos con una cultura de la vida y desean que sus voces sean escuchadas».

Hansen señaló también lo que describió como signos discretos pero reales de renovación religiosa en un país conocido por su secularismo. «El interés por el cristianismo está aumentando, especialmente entre los jóvenes. El compromiso provida y social en sentido amplio está creciendo tanto en la Iglesia católica como en otras comunidades cristianas, y el debate público sobre cuestiones de vida y fe es cada vez más frecuente». El obispo cerró con una petición directa a los católicos del extranjero: «Recordad a Noruega en vuestras oraciones».

Unidad ecuménica como signo de esperanza

La Iglesia católica estuvo representada en la marcha por fieles de varias parroquias y por Ragnhild Helena Aadland Høen, responsable de asuntos públicos de la Conferencia Episcopal Noruega. Høen estableció un contraste inmediato con la última manifestación similar, celebrada en 1986, que fue recibida con contramanifestaciones masivas y en ocasiones violentas. «Esta vez se nos permitió caminar en paz», declaró.

Para Høen, el rasgo más significativo de la marcha no fue su tamaño, sino su unidad: «Católicos, luteranos, pentecostales y evangélicos estuvieron codo con codo», describiendo esta cooperación interconfesional como «uno de los signos más esperanzadores en la Noruega de hoy».

También destacó la participación del líder de alabanza estadounidense Phil King, cuya intervención se centró en la unidad cristiana con el lema «Lo imposible no es imposible con Jesús». Høen se mostró convencida de que la marcha es un comienzo: «Tengo la clara sensación de que Dios está reuniendo a su pueblo en Noruega. Se sintió como las primeras líneas de un nuevo capítulo».

El debate moral que el Estado del bienestar no resuelve

Entre los oradores ante las escalinatas del Parlamento figuró Ingrid Olina Hovland, presidenta de las juventudes del Partido Demócrata Cristiano noruego, que fue muy clara sobre el panorama político que afrontan los defensores de la vida en el país. Los políticos provida, reconoció, siguen siendo una minoría y enfrentan con frecuencia la oposición tanto de otros legisladores como de la opinión pública.

Hovland denunció que el debate nacional se ha estrechado en exceso: «La discusión pública se centra principalmente en la sanidad y los derechos de las mujeres, prestando menos atención al niño no nacido». También cuestionó un argumento habitual en el debate sobre el aborto: que las dificultades económicas son su principal causa. El extenso Estado del bienestar noruego, sostuvo, dificulta esa tesis. «Incluso en una sociedad con generosas prestaciones sociales, la cuestión fundamental permanece: ¿qué valor moral asignamos a la vida humana no nacida y cómo debe ponderarse ese valor frente a otros intereses y derechos?».

La parlamentaria expresó un optimismo prudente sobre su generación: los jóvenes noruegos parecen cada vez más dispuestos a abordar con seriedad la dimensión moral del aborto en lugar de dar el debate por cerrado.

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