(ACI Prensa/InfoCatólica) El cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), presidió la renovación de la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús este 12 de junio, día de su fiesta.
«Hoy nos hemos reunido para renovar la consagración de nuestro Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Tan solo traer a la memoria un acontecimiento histórico ocurrido ya hace 152 años. Se trata de ratificar una decisión que nace del corazón: pertenecer a Cristo y vivir según su amor», dijo el purpurado en la homilía de la Misa que presidió en la catedral de Guayaquil.
Ecuador fue la primera nación del mundo en consagrarse al Sagrado Corazón, el 25 de marzo de 1874. En 2024, en el marco del Congreso Eucarístico Internacional de Quito, el país renovó esa consagración. En la Eucaristía de este viernes, a la que asistieron unas mil personas, el cardenal Cabrera explicó que «renovamos la consagración del Ecuador al Corazón de Jesús porque queremos volver a poner nuestra confianza en Él. Queremos que su amor inspire y motive a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestras instituciones, a nuestras decisiones personales».
El purpurado animó a los fieles a no ser «víctimas de las circunstancias» y a no echar la culpa de las propias dificultades «a todo o a Dios». Tras destacar que cada uno es «protagonista» de la historia, el arzobispo resaltó que «el Ecuador necesita corazones mansos y humildes, semejantes a Jesús. Necesita hombres y mujeres capaces de renovar la decisión de amar, la decisión de servir, la decisión de perdonar, la decisión de construir esperanza». «Que al renovar nuestra consagración podamos decir con sinceridad: Señor, recibe mi vida, transforma mi corazón. Hazme testigo de tu amor para el mundo», exhortó.
«¿Qué significa consagrarse?»
El cardenal explicó que consagrarse significa «presentar nuestra vida como una ofrenda a Dios», como lo hizo Jesús al hacerse «Cordero de Dios que se entrega por amor al Padre y que a la vez nos ofrece a nosotros su vida». «Por eso, en la Eucaristía dirá: “Tomen, coman mi cuerpo; tomen, beban mi sangre”». El arzobispo remarcó también que San Juan repite mucho una «realidad inseparable: quien ama a Dios, ama al prójimo», y advirtió que «esa es la gran tentación del ser humano: separar el amor de Dios del amor al prójimo». Subrayó asimismo la importancia del corazón, que es «el centro de la persona; de ahí sale todo. El lugar donde cada uno decide quién quiere ser en la vida, cómo quiere vivir».
La renovación y un llamado
El cardenal recordó que, así como el cuerpo humano renueva muchas de sus células todos los días, de la misma manera «la renovación es parte de la vida. No podemos quedarnos estancados mirando solo al pasado. Hay que mirar el presente y el futuro». En ese sentido, alentó a renovar «nuestras decisiones: decisiones de amar, de servir, de perdonar, de trabajar, de caminar en esperanza. Por eso cada día estamos llamados a renovar la alianza con el Señor». Antes de concluir la Misa, el cardenal Cabrera leyó la oración de renovación de la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, en la que se ofrece y consagra «desde hoy y para siempre la República del Ecuador» al «Corazón adorable de Jesús, Rey de reyes y Señor de los señores».







