(InfoCatólica) León XIV ha firmado este 12 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, su mensaje a los sacerdotes con motivo de la Jornada de Santificación Sacerdotal. El Papa recuerda que la llamada a la santidad «tiene que ver con la identidad misma de cada persona que quiere participar en la vida del Resucitado» y que la respuesta no reside en el esfuerzo individual, sino en la confianza en el amor revelado en el Corazón traspasado de Cristo.
Una llamada que atraviesa los siglos
El mensaje arranca con la exhortación del Levítico que el Papa dirige «sobre todo a mí mismo y a todos ustedes»: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19,2). León XIV subraya que la santidad «no es una opción entre tantas ni un ideal abstracto», sino «un abandono confiado» a dejarse transformar por el Espíritu Santo. El pontífice reconoce sin embargo la paradoja inherente a la vocación sacerdotal: quienes son llamados a participar de la santidad de Dios «llevan este tesoro en vasijas de barro» (cf. 2 Co 4,7), son «limitados e imperfectos, a menudo marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas». La respuesta a esa tensión, escribe, se encuentra «en el costado abierto del Señor Jesús».
Un camino sacramental y cotidiano
El Papa insiste en que la unión del corazón del sacerdote con el Corazón de Cristo «no es una experiencia reservada a unos cuantos elegidos, sino un camino sacramental, eucarístico, que se realiza en lo cotidiano». Esa unión, precisa, se reaviva mediante la celebración diaria de la Eucaristía, la oración, la meditación de la Palabra y el servicio humilde. «La santidad, entonces, en vano buscada con esfuerzos aislados, se revelará por lo que es: correspondencia a la gracia que nos precede, nos sostiene y nos transfigura», afirma.
León XIV amplía esa idea hasta abrazar la totalidad de la existencia sacerdotal: «La oración, el ministerio, las relaciones, el cansancio, las alegrías y los fracasos, incluso el tiempo aparentemente perdido o el amor que parece malgastado, todo se vuelve un lugar privilegiado de la revelación de Dios y de su amor infinito».
Contemplativos en la acción
El perfil de sacerdote que el Papa propone es el de quien «tiene un corazón íntegro, sencillo y puro», y que por ello es «contemplativo en la acción, misericordioso, fiel en la prueba y alegre en la entrega de sí». León XIV señala que «el mundo tiene una gran necesidad de pastores que no ofrezcan sólo palabras o programas, sino el testimonio vivo de un corazón reconciliado». En un tiempo «marcado por divisiones y miedos», añade, los sacerdotes están llamados a ser «constructores de paz, testigos de la ternura del Buen Pastor».
La santidad como proximidad y ternura
El corazón del mensaje reside en la comprensión de la santidad no como distancia, sino como cercanía. El Sagrado Corazón, escribe el Papa, es «el "lugar" en el que la santidad se muestra como proximidad y ternura». León XIV pide a los sacerdotes «una relación con Dios que no nos aleje de los hombres, sino que nos acerque a todos, que forje corazones pacientes, tiernos, capaces de cercanía, de compasión y de escucha».
El mensaje incluye también una llamada explícita a la fraternidad sacerdotal: «Cuiden la fraternidad sacerdotal: búsquense, escúchense, sosténganse. El sacerdote que se aísla, lentamente se apaga; el sacerdote que camina con los hermanos crece».
León XIV concluye encomendando a todos los sacerdotes a la Virgen María, «Madre de los sacerdotes», para que ella les enseñe «a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de Cristo, Salvador del mundo». Y les recuerda, citando al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús».







