(InfoCatólica) El Senado de Canadá aprobó el 5 de junio el proyecto de ley C-9 por 45 votos contra 13, un texto que suprime la protección jurídica que hasta ahora amparaba a los creyentes cuando expresaban de buena fe convicciones fundadas en la Biblia u otros textos sagrados. El proyecto debe regresar a la Cámara de los Comunes para validar las enmiendas aprobadas antes de recibir la sanción real y entrar definitivamente en vigor.
La norma, presentada como un instrumento para reforzar la lucha contra los discursos y los delitos de odio, elimina el artículo 319(3)(b) del Código Penal canadiense. Esa disposición permitía a una persona acusada de propaganda por odio invocar como medio de defensa la expresión de buena fe de una opinión religiosa fundada en un texto sagrado. Para los opositores al proyecto, la supresión constituye un cambio de calado.
Enseñanzas bíblicas en el punto de mira
Con la nueva legislación, determinadas enseñanzas tradicionales del cristianismo podrían ser impugnadas ante los tribunales o dar lugar a procesos penales si fueran interpretadas como discurso de odio. Los defensores de la libertad religiosa señalan especialmente los pasajes bíblicos relativos a la homosexualidad, el matrimonio y otras cuestiones morales. Las enmiendas propuestas para atender las preocupaciones de los grupos religiosos fueron rechazadas por los senadores.
Jeff Gunnarson, presidente nacional de la Campaign Life Coalition, calificó la jornada como «un día sombrío para la libertad religiosa y la libertad de expresión en Canadá». Gunnarson añadió: «Esto no nos impedirá anunciar la Palabra de Dios, incluso cuando las verdades bíblicas son cada vez más calificadas de odiosas por quienes son hostiles al cristianismo. Dios no se deja burlar. Seguiremos proclamando su Palabra».
Obispos y autoridades provinciales, en contra
Las inquietudes no se limitan a los movimientos provida. El Cardenal Frank Leo, arzobispo metropolitano de Toronto, se había dirigido por carta a los senadores para solicitar modificaciones del texto. Aunque reconocía «la importancia de luchar contra el odio y proteger a las personas y comunidades frente a la violencia», consideraba que ciertas disposiciones debilitaban las garantías de la libertad religiosa. La Conferencia de Obispos Católicos de Canadá también criticó la supresión de la excepción religiosa y pidió que se retirase.
Incluso representantes políticos provinciales expresaron sus reservas. Danielle Smith, primera ministra de Alberta, declaró que no deseaba ver a las autoridades «vigilar» las celebraciones religiosas en su provincia a la luz de esta nueva legislación.
Los promotores del texto minimizan el alcance
Los defensores del proyecto aseguran que la Biblia no será prohibida y que los creyentes seguirán siendo libres de practicar su religión. Según ellos, la reforma se dirige exclusivamente contra los verdaderos discursos de odio y las incitaciones a la violencia. Sin embargo, para numerosos cristianos el problema es más profundo: cuando el Estado retira de forma explícita una protección jurídica concedida durante décadas a la expresión de convicciones religiosas, muchos ven en ello una señal inquietante dirigida a las comunidades creyentes.
El caso canadiense plantea una cuestión que atraviesa hoy el conjunto del mundo occidental: si los cristianos podrán seguir proclamando libremente la integridad de la enseñanza bíblica cuando esta entra en contradicción con determinadas evoluciones culturales e ideológicas contemporáneas.







