León XIV insta a los carismáticos a servir a sus diócesis
Encuentro del Papa con los carismáticos | Screeshot YT VaticanMedia

«¿Cómo puede quien ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio?»

León XIV insta a los carismáticos a servir a sus diócesis

En su primer encuentro con la Renovación Carismática, León XIV elogió la vitalidad espiritual del movimiento ante miles de fieles en el Vaticano y les advirtió con rotundidad contra el protagonismo y la búsqueda de poder o prestigio personal. Trazó los cinco pilares de la Renovación Carismática: del bautismo en el Espíritu a la caridad con los pobres

(InfoCatólica) «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo?». Con esa pregunta de San Juan Pablo II, León XIV abrió este sábado su primer encuentro con la Renovación Carismática Católica ante miles de representantes del movimiento congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano, y lo cerró con una advertencia directa: los dones del Espíritu deben ponerse al servicio de la Iglesia, no del protagonismo ni de la búsqueda de poder o prestigio personal.

Un movimiento con millones de fieles

El encuentro fue organizado por CHARIS, el servicio internacional de coordinación de la Renovación Carismática, creado durante el pontificado de Francisco en colaboración con el Dicasterio para los Laicos de la Santa Sede para facilitar el diálogo con las numerosas y heterogéneas comunidades del movimiento. Alrededor de 165 grupos están integrados actualmente bajo su estructura, que da cobertura institucional a más de cien millones de fieles en todo el mundo.

León XIV situó el movimiento en la historia reciente de la Iglesia: los años posteriores al Concilio Vaticano II «fueron un tiempo de gran expansión y crecimiento, y de integración en la vida de la Iglesia, así como de consolidación de sus estructuras de servicio». El Papa afirmó su voluntad de «promover la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la Sede de Pedro y la gran familia de la Renovación Carismática Católica».

El eco de los predecesores ante la secularización

El Pontífice repasó el reconocimiento que el movimiento ha recibido de sus predecesores. San Pablo VI afirmó en 1975 que «nada es más necesario para este mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades».

San Juan Pablo II, subrayando la vocación evangelizadora de la Renovación, lanzó en 1991 la pregunta que León XIV recuperó en el arranque de su discurso: «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo? [...] ¿Cómo podemos dejar de evangelizar? ¡Seguid comunicando este celo por el Evangelio a quienes os rodean!».

Benedicto XVI destacó la aportación específica del movimiento a la vida eclesial: «Uno de los elementos y aspectos positivos de las comunidades de la Renovación Carismática Católica es precisamente el relieve que en ellas revisten los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito radica en haber recordado en la Iglesia su actualidad».

El papa Francisco, por su parte, habló con frecuencia del movimiento como una «corriente de gracia» destinada «a toda la Iglesia, no solo a algunos», y describió su camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, atención a los pobres y necesitados, y acogida de los marginados», para añadir: «¡Y todo esto sobre la base de la adoración! ¡El fundamento de la renovación es adorar a Dios!».

Cinco pilares de la experiencia carismática

El Pontífice articuló el núcleo de su alocución en torno a cinco elementos que considera fundamentales en la espiritualidad de la Renovación.

El primero es el bautismo en el Espíritu, experiencia personal que hace eficaz la gracia del Bautismo y lleva al creyente a la «clara conciencia del amor de Dios». León XIV lo ilustró con las palabras de San Agustín tras su conversión: «O Cristo Jesús, auxilio mío y redentor mío: ¡qué dulce se volvió de pronto para mí privarme de las frivolas dulzuras! Antes temía perderlas; ahora me gozaba en renunciar a ellas» (Confesiones, IX, 1, 1). Del mismo modo, explicó el Papa, el Espíritu permite al creyente de hoy transformar a Dios de una «mera idea» en «la expresión auténtica y definitiva de la paternidad».

El segundo pilar es la oración de alabanza: desde esa experiencia nace, dijo el Pontífice, «una nueva capacidad de dialogar con Dios de modo espontáneo y sincero», así como «una nueva apertura a la alabanza, la adoración y la acción de gracias». León XIV reconoció que los carismáticos han contribuido a poner de nuevo en primer plano estos elementos esenciales de la oración cristiana.

Sobre la Palabra de Dios, señaló que el Espíritu que inspiró las Escrituras es también quien «las mantiene siempre vivas y activas en la Iglesia». La Sagrada Escritura se ha convertido, indicó, en «una maravillosa fuente de nutrimento espiritual que ilumina y consuela», así como en «fuente de discernimiento para orientar las elecciones cotidianas».

Para hablar de comunión, León XIV evocó que el papa León XIII alentó a los católicos a rezar cada año una novena al Espíritu Santo entre la Ascensión y Pentecostés, especialmente por la unidad de los cristianos. San Agustín describió al Espíritu como «una especie de inefable comunión entre el Padre y el Hijo» (De Trinitate, V, 11, 12), y el Pontífice subrayó que ese mismo Espíritu «crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas».

El quinto pilar es la caridad. San Agustín escribió que el Espíritu Santo, «una vez dado al hombre, lo enciende en amor a Dios y al prójimo» (De Trinitate, XV, 17, 31). De ese amor han brotado, señaló León XIV, «muchas obras de caridad para quienes están en la necesidad, tanto espiritual como material», e invitó a los presentes a «mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios».

Servid a vuestras diócesis y no busquéis el poder

Al concluir, León XIV dirigió tres exhortaciones concretas a los responsables nacionales e internacionales del movimiento. Les pidió ponerse al servicio de sus diócesis y parroquias «ofreciendo vuestra experiencia y vuestros métodos de evangelización»; seguir fielmente la guía de sus sacerdotes; y, en el discernimiento comunitario, escuchar «las voces de las personas sabias, aunque no pertenezcan a vuestros grupos».

La advertencia más nítida fue también la más directa: «cuidad la armonía y la cooperación de las comunidades a las que pertenecéis, prestando atención a no ceder nunca al deseo de autopromoción o de búsqueda de poder o prestigio personal». El Pontífice encomendó al movimiento a la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, e impartió la bendición apostólica.

 

1 comentario

un benediictino
Nadie corrige y endereza a los grupos "carismaticos" que profanan los sacramentos con su show sensacionalista y de Doctrina católica poco saben y viven . El Espíritu Santo ORDENA limpia endereza y esto no se ve mucho donde estan los que practican el carismatismo. Muchos terminan peor que antes porque no entran en la FE y vida católica realmente es como a medias...
2/06/26 1:31 PM

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