(InfoCatólica) «La formación de buenos cristianos y buenos ciudadanos»: con esta definición, el papa León XIV trazó ante cerca de tres mil jefes scouts y guías el horizonte del escultismo católico, respaldando una pedagogía que acompaña a los jóvenes al encuentro con Cristo y que educa «en secciones masculinas y femeninas diferenciadas» como camino hacia la maduración auténtica. El encuentro tuvo lugar este lunes en el Aula Pablo VI, con motivo del 50.º aniversario de la Asociación Italiana de Guías y Scouts de Europa Católicos (FSE).
Acompañar a los jóvenes al encuentro con Cristo
Pocos días después de la solemnidad de Pentecostés, cuyo nombre griego significa «quincuagésimo», León XIV deseó que este aniversario sea para la FSE «como una nueva Pentecostés». Recordó que el Espíritu Santo, como en el cenáculo de los Apóstoles (cfr. Hch 2,1 y 2,4), «enciende la vida, abre a la misión y crea entendimiento entre lenguas diversas», y que este anuncio de salvación «nos anima a actuar rectamente en cada elección de vida, en cada obra».
En estos cincuenta años, señaló el Pontífice, la FSE «ha consolidado un estilo educativo específico para expresar el testimonio de la fe», utilizando los instrumentos del método de lord Baden-Powell para «acompañar a niños y jóvenes al encuentro con Jesús, Maestro de vida buena, Amigo fiel, Guía justa y fuerte para nuestro camino».
León XIV recordó que la vida al aire libre y el contacto con la naturaleza «hablan de la bondad de Dios a través de las huellas que el propio Creador ha dejado en la creación», y que a este «libro de la naturaleza» los scouts unen la Palabra de Dios, «que custodia el sentido de la historia y nos sostiene cuando el sendero de la vida nos pone a prueba». «Como quien acude a una fuente de agua fresca, los invito a beber de las Sagradas Escrituras para iluminar y sostener sus experiencias de crecimiento humano y espiritual, tanto en la dimensión personal como en la comunitaria», pidió el Papa.
Citó las palabras que Francisco dirigió en agosto de 2019 a la Unión Internacional de Guías y Scouts de Europa: «Los invito a llevar siempre con ustedes, como navegador, el Evangelio, verdadero mapa de la vida, y a abrirlo cada día». Para León XIV, el Evangelio «es la persona misma de Cristo, buena noticia para una humanidad confundida, engañada y decepcionada por tantos males», que «sacia nuestra sed de justicia y de verdad y nos infunde el valor de perseverar en el bien y de ponernos al servicio del prójimo».
El Papa subrayó que los jefes scouts son testigos de este compromiso ante los jóvenes encomendados: «La coherencia de su vida y la madurez de sus decisiones son, a sus ojos, un ejemplo muy importante que les ayuda a crecer». Les instó a vivir junto a ellos «la belleza de la fe en los gestos cotidianos y en la oración compartida, en los sacramentos y en el discernimiento de la vocación de cada uno», y a responder «con generosidad al llamado de Cristo, que los invita a subir a la cima, a remar mar adentro, a recorrer juntos el sendero de la virtud».
Secciones masculinas y femeninas diferenciadas
León XIV respaldó expresamente la opción pedagógica de la FSE de organizar la formación «en secciones masculinas y femeninas diferenciadas, para dedicar a chicos y chicas una atención específica». Para el Pontífice, explorar así «las características fundamentales del ser mujer y del ser hombre» es «una dinámica preparatoria para el encuentro auténtico y consciente con el otro, que puede favorecer la maduración recíproca».
Recordó que los sacerdotes asistentes eclesiásticos «son garantía del vínculo entre la Iglesia y su asociación», compartiendo con los jefes «la responsabilidad de la acción educativa y del crecimiento espiritual de los jóvenes». En este marco fijó el objetivo del método: «La formación de buenos cristianos y buenos ciudadanos, realizada mediante el acuerdo pedagógico de los jefes con cada muchacha y muchacho en las diversas etapas del recorrido».
El servicio y la dimensión europea
El Pontífice definió el servicio como «el punto que unifica todos los elementos del método de Baden-Powell» y «el corazón de su pensamiento educativo». Servir «significa poner las propias capacidades y el propio tiempo a disposición de los demás, con total gratuidad, sin esperar nada a cambio». «Vivido en la fe, el servicio nos libera de la tendencia a estar centrados en nosotros mismos, indiferentes y cerrados, abriéndonos a la experiencia de la comunidad y al sentido de la responsabilidad: desde las pequeñas cosas hechas bien hasta el cuidado mutuo», subrayó.
León XIV valoró también la apuesta de la FSE por cultivar el europeísmo «no a nivel político, sino cultural, renovando el compromiso de construir una Europa de los pueblos, no solo de los negocios, unida por los más altos valores del humanismo cristiano». Concluyó encomendando a los presentes a la guía de María Santísima y concediendo la Bendición Apostólica, con el deseo de que el Espíritu Santo «multiplique entre ustedes sus dones, para que sepan hablar y difundir el lenguaje de la caridad, de la acogida y de la paz».






