El Camino Neocatecumenal celebra sus 60 años en la Almudena con la bendición del Papa León XIV
60º aniversario del Camino Neocatecumenal en la Almudena | © Camino Neocatecumenal

Fundado entre las chabolas de Madrid en 1964

El Camino Neocatecumenal celebra sus 60 años en la Almudena con la bendición del Papa León XIV

El Papa León XIV envió su bendición al Camino Neocatecumenal, que conmemoró sus sesenta años ante unas seis mil personas en la catedral de la Almudena, con un mensaje que recuerda la evangelización como «tarea fundamental de toda la Iglesia».

(InfoCatólica) De las chabolas de Palomeras Altas a los cinco continentes: sesenta años después de su fundación en uno de los barrios más humildes de Madrid, el Camino Neocatecumenal conmemoró su aniversario ante unas seis mil personas en la catedral de Santa María la Real de la Almudena con un mensaje especial del Papa León XIV, quien recordó que «la misión evangelizadora es tarea fundamental de toda la Iglesia».

La eucaristía de acción de gracias fue presidida por el Cardenal José Cobo, Arzobispo de Madrid, y se celebró el pasado sábado, en la solemnidad de la Santísima Trinidad. La celebración estaba prevista originalmente para 2025 y se aplazó por la muerte del Papa Francisco.

El mensaje de León XIV

El Papa León XIV hizo llegar su saludo a través del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, en un escrito dirigido al Cardenal Cobo como Arzobispo de Madrid. El Santo Padre afirmó que la Iglesia, «con la alegría y humildad, buscando la unidad de todos sus miembros (cf. LG 7), y dócil a la acción del Espíritu Santo, se esfuerza por llevar a todos el don de la salvación». Pidió que esa convicción fuera «una motivación para asumir esta labor misionera en favor de los hijos amados de Dios» e impartió su bendición apostólica a los miembros del Camino y a sus familias.

El mensaje fue transmitido además personalmente por el Nuncio Apostólico en España, Mons. Piero Pioppo, quien se unió con su propio saludo y la seguridad de su «recuerdo en la oración».

En enero de este año, el Papa León XIV había recibido ya en el Vaticano a los responsables del Camino, donde destacó que su carisma y sus obras de evangelización y catequesis son «una valiosa contribución para la vida de la Iglesia».

Argüello: «Una iniciación cristiana suscitada por el Espíritu Santo»

Bajo los iconos que él mismo pintó en el ábside de la catedral, Kiko Argüello tomó la palabra antes de la eucaristía para hacer «memoria de cómo el Señor ha actuado a lo largo de todos estos años». Acompañado por los otros dos miembros del equipo responsable internacional, el padre Mario Pezzi y María Ascensión Romero, recordó cómo llegó a las barracas de Palomeras Altas en noviembre de 1964 y cómo la visita del entonces Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo, el 28 de agosto de 1965 (que logró detener la demolición de las chabolas y conocer de primera mano la obra que allí se realizaba) fue «el signo que determinó que Carmen colaborara definitivamente» con él.

Argüello definió el Camino como «una iniciación cristiana suscitada por el Espíritu Santo como uno de los frutos del Concilio», señalando que lo que en el Concilio Vaticano II «se estaba elaborando por escrito, Carmen y yo lo estábamos realizando en las barracas de Palomeras Altas». En este sentido, citó palabras recientes de León XIV ante la Conferencia Episcopal Italiana: «no es posible comprender plenamente el Bautismo si no es dentro de la Iniciación Cristiana... Una Iglesia que se alegra asombrada ante los catecúmenos jóvenes y adultos, debe ser capaz de sostener su perseverancia tras el impulso inicial».

El coiniciador subrayó igualmente la centralidad de la obediencia eclesial: «En el Camino no hacemos nada sin el Papa y sin los obispos. Si el Camino se ha extendido tan portentosamente ha sido por el apoyo de todos los Papas, que lo han considerado como un don del Espíritu Santo para el bien de la Iglesia». Argüello expresó también su alegría por el inminente cierre de la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández, coiniciadora del Camino, cuya clausura formal está prevista para el 2 de junio en Madrid.

La homilía del Cardenal Cobo: integración y comunión

En su homilía, el Cardenal Cobo situó el punto de partida: «Hace 60 años, entre las chabolas de Palomeras Altas, nació una experiencia que quiso anunciar que Jesucristo sigue saliendo al encuentro de cada persona, especialmente de quien se siente olvidado». Señaló que «no es casualidad que surgiera allí: Dios suele sembrar sus obras más fecundas en los lugares que el mundo apenas mira, y con personas concretas como Kiko, Carmen y tantos otros que han llegado después».

El Arzobispo de Madrid agradeció al Camino su «caminar evangelizador» durante seis décadas en la capital y destacó su apuesta por «la revitalización del camino bautismal y la importancia del laicado». Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de «seguir dando pasos nuevos y creativos de integración en la pastoral diocesana» e invitó a vivir el carisma «lejos de todo encerramiento, como constructores y testigos de la comunión». Subrayó que los carismas en la Iglesia no son «propiedad exclusiva de quienes los reciben», sino dones regalados «para el bien común».

Cobo puso igualmente el acento en el respeto a la persona: Dios, dijo, «nos pide respetar exquisitamente el camino, la libertad y la conciencia de cada persona», que según el Concilio «es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre». De ahí que «nadie tiene derecho a suplir la conciencia de nadie, ni a impostar la voz de Dios con la suya propia». Al cierre, con el viaje del Papa León XIV a España como horizonte inmediato, animó a los miembros del Camino a dialogar con «nuestra sociedad en sus realidades más complejas», sin miedo «a abandonar la orilla segura, donde nos encontramos reconocidos y aplaudidos».

El mensaje del Cardenal Farrell

El Cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, encuadró el Camino entre los «ejemplos luminosos de vida cristiana y de renovación espiritual» que España ha dado a la Iglesia, junto a «santos, mártires, iniciativas de evangelización, escuelas de oración, movimientos eclesiales y corrientes espirituales». Señaló que de los humildes comienzos de hace sesenta años han surgido «innumerables conversiones», vocaciones sacerdotales y religiosas, seminarios diocesanos misioneros, familias misioneras y actividad evangelizadora en numerosos países.

Farrell alentó a los miembros del Camino a «vivir su carisma con renovado impulso y creatividad, interpretando las necesidades espirituales de los hombres y las mujeres de hoy, llevándoles el tesoro siempre actual de la fe y de la tradición eclesial», e instó a imitar el ejemplo de los fundadores «de obediencia filial a los pastores de la Iglesia y de celo incansable por el bien y la salvación de las almas».

Sesenta años de historia

Nacido en las chabolas de Palomeras Altas cuando Argüello renunció a una prometedora carrera como pintor para proclamar la Resurrección de Cristo entre los más pobres, el Camino Neocatecumenal se extendió a las parroquias gracias al impulso del Arzobispo Morcillo. La Santa Sede lo aprobó oficialmente en 2008, no como asociación o movimiento, sino como «catecumenado postbautismal» e instrumento para ayudar a parroquias y diócesis en la obra de evangelización. Actualmente está presente en 138 países, cuenta con más de 115 seminarios y unas 25.000 comunidades que agrupan a más de un millón de miembros.

A la eucaristía del pasado sábado asistieron, entre otros, el Cardenal Antonio María Rouco, Arzobispo emérito de Madrid, los Obispos Antonio Prieto Lucena (Alcalá) y Juan Carlos Elizalde (Vitoria), el Obispo auxiliar de Getafe José María Avendaño, y los Obispos eméritos Juan Antonio Reig Pla (Alcalá) y José Luis del Palacio (Callao, Perú).

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