(InfoCatólica) Miles de fieles acompañaron el sábado a la Virgen del Sagrario en su primera procesión por Toledo en veintiún años, en el marco del centenario de su coronación canónica. La Catedral Primada de Toledo acogió la misa solemne que abrió los actos conmemorativos, presidida por el enviado extraordinario del Papa León XIV, el arzobispo Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana. La jornada culminó en la plaza de Zocodover con la entrega del lirio de plata, distinción pontificia concedida por el Pontífice a la patrona de Toledo y su Archidiócesis.
El enviado del Papa en Toledo
El Papa designó a Arellano enviado extraordinario el pasado 11 de abril, con el encargo de que, «durante la solemne procesión, hagas presente Nuestra voz, a fin de que todos reciban un renovado impulso para acrecentar y cultivar rectamente la fe». En la carta de nombramiento, León XIV reconocía que en la «Iglesia Catedral de Toledo, primada de toda España, desde sus mismos orígenes y, de manera singular, desde el impulso dado por San Ildefonso, obispo de Toledo, se tributa singular veneración a la Virgen llamada del Sagrario, cuya venerada imagen sedente fue coronada con corona de oro hace ya cien años».
Al abrir su homilía, monseñor Arellano transmitió a los presentes «el afecto entrañable del Santo Padre, que abraza a cada uno de vosotros con la misma ternura con la que Cristo mira a su Iglesia». León XIV mira Toledo, dijo, como «memoria luminosa en su historia de fe, custodia secular de la tradición cristiana de España y tierra fecundada por la santidad de pastores, mártires, contemplativos y pueblo fiel». La celebración, subrayó el legado pontificio, no es un mero aniversario: «No hemos venido a contemplar una memoria dormida entre las sombras del tiempo, sino a avivar un fuego que sigue ardiendo en el corazón de nuestra Iglesia y a renovar un pacto de amor con nuestra Madre».
El enviado pontificio evocó la leyenda que rodea el hallazgo de la imagen, preservada en el silencio de los siglos durante la ocupación y rescatada de un pozo del claustro catedralicio: «Al ser rescatada, brotó un manantial de agua milagrosa, y en sus manos de plata sostenía una vela encendida, cuyo fuego el agua no había podido apagar», narró Arellano, que describió el relato como «una hermosa parábola de la fe toledana». Recordó asimismo que San Ildefonso había recibido de la Virgen una casulla celestial en aquella misma sede y reprodujo la exclamación del Santo: «Soy tu siervo porque tu hijo es mi señor, tú eres mi señora, porque eres la esclava de mi señor».
«Crisis del alma» y esperanza mariana
La homilía del arzobispo describió el tiempo presente como un «tiempo de oscuridad espiritual» y una «crisis de adoración». «Muchos hombres han perdido el sentido de Dios», señaló Arellano: «las sociedades modernas poseen tecnologías admirables, pero almas heridas; hemos aprendido a comunicarnos en la inmediatez del instante, pero olvidamos cómo hablar con Dios; hemos conquistado distancias exteriores mientras se agrandan los desiertos interiores». Frente a esta crisis, María «acompaña y anima la humanidad que sufre, hace descender la esperanza sobre nuestros miedos» y asegura que «el mal no prevalecerá, porque Dios mantiene siempre sus promesas y su misericordia es más fuerte que el mal».
El enviado pontificio vinculó la devoción mariana con la espiritualidad eucarística toledana, señalando que el nombre de la imagen revela su vocación más profunda: «María fue el primer Sagrario de la historia, el primer tabernáculo viviente, la primera custodia que llevó dentro de sí al Verbo encarnado». Toledo, añadió, seguirá proclamando «con humilde grandeza que Cristo vive en medio de su pueblo, real y sustancialmente presente en el augusto misterio de la Eucaristía, sacramento donde el tiempo se abre a la eternidad y el cielo desciende silenciosamente sobre el altar». Al concluir su homilía, Arellano elevó la mirada hacia la comunión definitiva con la Virgen: «Cuando nuestros ojos cansados se cierren por última vez a la luz de este mundo, no necesitaremos coronas de oro, porque nuestra última corona será verte para siempre, amarte para siempre y cantar contigo por los siglos de los siglos».
El lirio de plata en Zocodover
Finalizada la misa, el cortejo partió de la Catedral siguiendo el mismo itinerario que cien años atrás: la calle Cardenal Cisneros, la plaza del Ayuntamiento, el Arco de Palacio y las calles Hombre de Palo y Comercio hasta la plaza de Zocodover, donde tuvo lugar el acto de acción de gracias y consagración a la Virgen. El canónigo obrero Francisco Javier Hernández Pinto colocó en el paso procesional el lirio de plata, un jarroncito de orfebrería con tres flores, la distinción que el Pontífice había concedido a la patrona de Toledo.
El legado pontificio presentó el lirio como «un nuevo signo de la historia de amor de Toledo con su madre», símbolo de «la pureza, la fidelidad y la esperanza» que, dijo, «habla de la belleza de un corazón que permanece fiel a Dios, pero también de fragilidad; habla de luz, pero también de sencillez». La pieza representa, según explicó, «la confianza del sucesor de Pedro en la intercesión de la Virgen y el afecto de la Iglesia universal hacia la Archidiócesis Primada». Dirigiéndose directamente a la ciudad, proclamó: «Tú también eres lirio». Unas doscientas voces de distintas polifonías toledanas, dirigidas por Jaime León, maestro de capilla de la catedral, interpretaron en el Arco de la Sangre el Monstra te esse Matrem, la Salve Regina y el himno a la patrona.
La procesión histórica
La Virgen del Sagrario procesionó con la corona forjada para su coronación de 1926 por el orfebre asturiano Félix Granda, joya de oro y platino adornada con 170 brillantes, 10.451 rosas, 99 esmeraldas, 3.015 zafiros, 3.687 rubíes y 53 perlas. La acompañaba un manto bordado del siglo XVII, restaurado para la ocasión, ya que el original de 1926, el llamado manto de las perlas, fue expoliado de la Catedral durante la guerra civil. Entre la multitud congregada en Zocodover se encontraba Antonio G. Talavera, presentado como el único testigo vivo de la coronación de 1926: con 104 años, regresó a la misma plaza donde, siendo niño de cuatro, había presenciado el gesto que un siglo después Toledo volvía a revivir.
La concelebración en la misa contó con el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves; el obispo auxiliar y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Francisco César García Magán; el arzobispo emérito de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, y los obispos eméritos de Segovia y Albacete, Ángel Rubio Castro y Ángel Fernández Collado. Entre las autoridades civiles asistieron el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, y la presidenta de la Diputación, Concepción Cedillo.
Ocho siglos de fe en Toledo
La celebración del centenario se enmarcó en el VIII Centenario de la primera piedra de la actual catedral gótica. Al referirse a ambas efemérides, Arellano afirmó que «en sus ocho siglos de historia esta catedral siempre ha custodiado la memoria de una fe que no ha evitado las preguntas de cada época, sino que ha buscado habitarlas, aceptando la fatiga del discernimiento y de la conversión. Una larga historia con una mirada que se abre al futuro, que no invita a la nostalgia, sino a la esperanza».
La imagen de la Virgen del Sagrario es una talla policromada en madera de níspero del siglo XIV, recubierta de plata en el siglo XVI. El 30 de mayo de 1926, miles de toledanos llenaron las calles para asistir a su coronación canónica, con la corona sufragada por suscripción popular y encargada a Granda, el mejor orfebre español de su tiempo. Cien años después, Toledo volvió a congregarse ante ella.








