(ACI Prensa/InfoCatólica) Colombia ha renovado su consagración al Corazón Inmaculado de María en el día en que la Iglesia conmemora la aparición de Nuestra Señora de Fátima. El 13 de mayo, la catedral primada de Bogotá acogió la Misa de Consagración en el marco del IV Rosario Nacional, presidida por el Arzobispo Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien convocó a la nación a trabajar unidos «en el proyecto nacional que anhelamos».
Una catedral repleta de fieles y religiosos
Más de 600 fieles llenaron la catedral primada para participar en la celebración, que comenzó con el rezo del Santo Rosario acompañado de una imagen de Nuestra Señora de Fátima y de una custodia en forma del llamado «Cristo Mutilado» — sin brazos, como amputado — , en la que el Santísimo Sacramento quedó expuesto. En la concelebración participaron el obispo emérito de Ocaña, Mons. Jorge Enrique Lozano Zafra, así como sacerdotes de comunidades religiosas como los franciscanos, los dominicos, la Unión del Apostolado Católico, el Exarcado Maronita y la Archidiócesis de Bogotá.
El Corazón Inmaculado une con el Corazón de Cristo
En su homilía, el arzobispo subrayó el sentido profundo de la consagración mariana: «Consagrarse al Corazón Inmaculado de María nos permite unificar nuestra vida, nuestra vida cristiana, porque presupone y actualiza la consagración a Cristo que deriva del Bautismo». Añadió que «el Corazón Inmaculado de María, corazón inmaculado y purísimo, nos une estrechamente al corazón de su Hijo, para que, transformados por Aquel que es manso y humilde, podamos transformar también el mundo, así como nuestras relaciones personales y sociales».
Recordando el episodio de las bodas de Caná, Múnera invitó a ser «dóciles a la transformación para el bien de todo lo que somos, con nuestro potencial y nuestras fragilidades como país». Señaló que la presencia materna de la Virgen «nos abre a la esperanza y nos permite restablecer la confianza entre nosotros», y que aunque puede haber diferencias y adversarios, «nunca enemigos».
Un llamado a los políticos: verdad, justicia y bien común
El arzobispo dirigió un llamamiento directo a quienes ejercen la política, instándoles a discernir siempre en favor del bien común, «para que podamos trabajar por el proyecto nacional que anhelamos, caracterizado por la justicia, la equidad y la solidaridad y, sobre todo, por la búsqueda de la verdad. No tengamos miedo; la verdad nos hará libres». Pidió también corazones que «tiendan puentes, que reparen relaciones, que forjen nuevos vínculos, todos al servicio de los demás, todos para servir a nuestra patria, a través del noble servicio de la política que promueve y defiende la dignidad de todas las personas, especialmente de los más vulnerables; que promueve y defiende la vida en todas sus manifestaciones y etapas; y que promueve la verdad y la justicia».
La oración de consagración de la nación
Antes de la conclusión de la Misa, Mons. Múnera se acercó a la imagen de Nuestra Señora de Fátima para pronunciar la oración de consagración, en la que evocó la historia de Colombia con sus «heridas, sus lágrimas, sus esperanzas y sus luchas entre luces y sombras», reconociendo las veces en que el país ha preferido «ignorar a Dios en la construcción de nuestra nación». La oración invocó el triunfo prometido por la Virgen en Fátima — «Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará» — y encomendó a todos los colombianos, dentro y fuera del país, al cuidado maternal de María. La consagración terminó implorando para Colombia paz, justicia, equidad y fraternidad, con las palabras del Padrenuestro: «Padre nuestro, líbranos del mal. Amén».








