(UCANews/InfoCatólica) La consagración de la nueva iglesia de Muong Cat, en la provincia montañosa de Hoa Binh, el pasado 15 de abril, ha coronado un esfuerzo sostenido durante años para devolver la vida eclesial a parroquias que permanecieron abandonadas o clausuradas durante décadas en el norte de Vietnam.
La ceremonia, presidida por el Arzobispo Joseph Vu Van Thien, trasciende lo arquitectónico: representa la culminación de un movimiento silencioso pero tenaz para restaurar comunidades católicas diezmadas por la guerra, el éxodo masivo de 1954 y las restricciones impuestas por el régimen comunista a la práctica religiosa.
Un siglo de fe bajo presión
La región de Lac Tho, hogar de la etnia muong, fue evangelizada ya en 1797 por misioneros de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París (MEP). Durante décadas, las comunidades católicas del norte de Vietnam prosperaron, hasta que la declaración de independencia de Ho Chi Minh en 1945 inauguró un período de convulsiones. En las zonas bajo control revolucionario, las instituciones religiosas fueron vistas con desconfianza: iglesias destruidas o reconvertidas, tierras confiscadas y misioneros expulsados.
La región de Lac Tho, hogar de la etnia muong, fue evangelizada ya en 1797 por misioneros de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París (MEP, Missions Étrangères de Paris), una sociedad de vida apostólica de sacerdotes seculares fundada en 1658 y dedicada a la evangelización en Asia. A diferencia de las grandes órdenes religiosas, la MEP promovió desde el principio la formación de clero autóctono y la creación de jerarquías locales, un modelo que dotó al catolicismo vietnamita de raíces profundas y fuerte implantación rural. Esa solidez explica en buena medida que la fe pudiera sobrevivir en zonas como Muong Cat durante décadas sin estructura institucional visible.
Durante siglos, las comunidades católicas del norte de Vietnam prosperaron, hasta que la declaración de independencia de Ho Chi Minh en 1945 inauguró un período de convulsiones. En las zonas bajo control revolucionario, las instituciones religiosas fueron vistas con desconfianza: iglesias destruidas o reconvertidas, tierras confiscadas y misioneros expulsados.
Muong Cat: reconstruir muros y confianzas
La zona alberga actualmente unos 2.700 católicos repartidos en las parroquias de Muong Cat, Muong Don, Muong Riec y Vu Ban. El camino hasta la consagración de este año comenzó en 2006, cuando se permitió cautelosamente la reanudación de actividades religiosas.
Sacerdotes como el padre Joseph Bui Van Cuong (2018-2021) y su sucesor, el padre Paul Nguyen Huu Hiep, afrontaron no solo las dificultades logísticas de construir en un terreno remoto y escarpado, sino también lo que el artículo describe como la «reconstrucción psicológica» de una comunidad. Décadas de intimidación habían dejado a muchos fieles con una fe «seca». Como señaló el padre Cuong, «no se puede esperar que la gente rece sin un hogar».
Los primeros esfuerzos se centraron en visitar familias y restaurar la confianza. De unas pocas docenas de asistentes regulares, la cifra creció gradualmente hasta varios centenares. Hoy, la nueva iglesia se alza con 40 metros de altura, construida en estilo gótico pero con elementos culturales muong: motivos tradicionales y estatuas de María y José vestidos con atuendos étnicos.
Parroquias olvidadas, ahora prioridad pastoral
Muong Cat no es un caso aislado. En 2025, la Archidiócesis de Hanói y la Diócesis de Bắc Ninh consagraron 33 nuevas iglesias, muchas levantadas sobre los cimientos de parroquias largo tiempo abandonadas.
En Bắc Ninh, la parroquia de Thach Da ilustra tanto la precariedad como la esperanza: tras 71 años sin sacerdote residente, Francis Xavier Nguyen Huy Lieu fue nombrado párroco en octubre pasado y vive en un contenedor marítimo reconvertido. Pese a estas condiciones, la parroquia ha constituido un consejo pastoral y ha comenzado a construir un nuevo templo.
El caso de la parroquia de Hoang Mai es igualmente elocuente. Reducida a solo tres familias tras 1954, recuperó impulso cuando le fueron devueltas sus tierras en 2007. Fue declarada parroquia a finales de 2025 y atiende hoy tanto a católicos locales como a comunidades de trabajadores migrantes en las zonas industriales cercanas.
Evangelizar, no solo reconstruir
Como ha subrayado el Arzobispo Thien, la misión actual no es meramente reconstruir, sino evangelizar: convertirse en una Iglesia que se proyecte hacia fuera sin dejar de estar profundamente enraizada en la cultura local. La restauración depende en gran medida de los laicos que sostienen la vida religiosa cotidiana: tocan las campanas, organizan la oración y transmiten las tradiciones a los jóvenes.
Los desafíos siguen siendo considerables. Muchas de estas regiones son económicamente desfavorecidas y geográficamente aisladas, y los sacerdotes trabajan en condiciones exigentes bajo el legado persistente de las restricciones pasadas. Sin embargo, la resiliencia de estas comunidades apunta a una vitalidad que se resiste a extinguirse.








