(InfoCatólica) A poco más de dos meses de la fecha prevista para las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha concedido una extensa entrevista a su propio órgano de comunicación en la que defiende la decisión, rechaza las acusaciones de cisma, agradece los apoyos recibidos y lamenta no haber obtenido respuesta personal del Papa León XIV. El texto, publicado desde la sede de Menzingen (Suiza) y fechado el 19 de abril, domingo del Buen Pastor, constituye la exposición más completa de los argumentos de la Fraternidad hasta la fecha.
El padre Davide Pagliarani articula su defensa en torno a un «estado de necesidad grave» que justificaría actuar al margen del derecho canónico, una tesis sobre la jurisdicción episcopal destinada a desactivar la acusación de cisma, y un diagnóstico de la crisis eclesial que atribuye a errores doctrinales, no a simples abusos. Varios de estos argumentos, sin embargo, generan dudas.
Una «sacudida saludable» para el mundo católico
Pagliarani sostiene que el anuncio de las consagraciones, hecho público el pasado 2 de febrero en el seminario de Flavigny-sur-Ozerain (Francia), ha provocado una reacción generalizada que considera «objetivamente positiva». A su juicio, el ámbito conservador y tradicionalista se había convertido en un espacio de «comentaristas» donde se expresan «análisis, expectativas y frustraciones» que no se traducen en acciones concretas. Recuerda que algunos católicos todavía esperan una respuesta de la Santa Sede a los dubia formulados hace diez años por cuatro cardenales sobre Amoris Lætitia, dos de los cuales han fallecido desde entonces.
La decisión de consagrar obispos sin mandato pontificio pretende ser, según sus palabras, «un gesto significativo que obliga a reflexionar, a comprender la gravedad real de los problemas actuales y a tomar una posición concreta». Las consagraciones, insiste, no buscan preservar la autonomía institucional de la Fraternidad, sino «conservar los medios para salvar la propia alma y las de los demás».
Sin respuesta del Papa y con el recuerdo de Francisco
Uno de los pasajes más llamativos de la entrevista es la queja directa por el silencio de León XIV. Pagliarani revela que solicitó audiencia al Papa ya en agosto de 2025 y que, a fecha de la entrevista, no ha obtenido ninguna respuesta ni reacción personal del Pontífice. «Antes de declarar quizá cismática a una sociedad que cuenta con más de mil miembros, y que constituye un punto de referencia para cientos de miles de fieles en todo el mundo, sería bueno conocer personalmente a quienes deben ser juzgados», afirma.
El contraste con su experiencia con el Papa Francisco es explícito y deliberado. Pagliarani califica el legado de Francisco con la palabra «desastre», pero reconoce que «supo reconocer, a su manera, el bien que la Fraternidad San Pío X hace a las almas» y que, cuando solicitó reunirse con él, obtuvo audiencia en menos de veinticuatro horas. «Sería injusto acusarlo de haber sido una persona rígida o esquemática», concede.
La contradicción, sin embargo, tiene consecuencias argumentativas: si incluso un Papa cuyo legado fue «desastroso» trató a la FSSPX con generosidad práctica, mantuvo abiertas las vías de diálogo y le otorgó facultades para confesiones y matrimonios, la tesis de que la supervivencia de la Fraternidad exige actuar unilateralmente queda debilitada.
Apoyos episcopales y una presentación que requiere matices
El superior general agradece públicamente el respaldo de Mons. Athanasius Schneider y de Mons. Joseph Strickland, así como de otros sacerdotes y obispos a los que no identifica. De Schneider afirma que «ha dado prueba de un gran valor y de una libertad de palabra que muestran que se trata de un hombre de Dios», y asegura que sus intervenciones «pasarán a la historia». Recuerda también a Mons. Vitus Huonder, fallecido hace dos años, que «ya nos animaba claramente a proceder con las consagraciones».
La presentación, no obstante, requiere una precisión importante. Según lo publicado, Schneider no validó el plan de consagrar obispos sin aprobación papal: instó a la Santa Sede a ser misericordiosa y otorgar el mandato pontificio y a continuar el diálogo teológico desde esa base. Su posición fue pedir al Papa que concediese el permiso, no respaldar la consagración unilateral.
La circularidad del «estado de necesidad»
El argumento central de Pagliarani es que la Iglesia se encuentra en un «estado de necesidad grave» que obliga a la Fraternidad a actuar. Pero el razonamiento es circular: la FSSPX define la crisis según su propio diagnóstico, establece los criterios de gravedad, declara la necesidad con base en esos criterios y la invoca para justificar un acto que de otro modo sería ilícito. No existe instancia verificadora exterior. Cuando Pagliarani afirma que «corresponde a cada alma de buena voluntad plantearse preguntas precisas ante Dios», está sustituyendo un juicio jurídico-eclesial por un discernimiento privado elevado a rango de principio objetivo.
Lo más llamativo es que el propio superior general socava involuntariamente su argumento. Concede que «buenos sacerdotes y buenos fieles pueden llegar, a pesar de esto, a santificarse y a salvar su alma» en las parroquias ordinarias, y que «la gracia de Dios puede tocar las almas». Si la salvación es posible en las estructuras ordinarias, el «estado de necesidad» no posee el carácter absoluto e inminente que exigiría para justificar la supresión de una norma canónica tan grave como el canon 1382, que establece la excomunión latae sententiae por consagración episcopal sin mandato pontificio. El propio Código de Derecho Canónico (c. 1323, 4.°) contempla la necesidad como eximente, pero exige que sea proporcionada y que no exista otro medio para alcanzar el fin. La concesión de Pagliarani muestra que esos otros medios existen.
Cristo sanando en sábado: una analogía que prueba demasiado
Uno de los argumentos retóricamente más potentes de la entrevista es el paralelismo con el Evangelio (Lc 14, 1-6): Jesús cura en sábado a pesar de la ley, del mismo modo que la Fraternidad consagraría obispos a pesar del derecho canónico. Pero la analogía comete un error. Jesús puede dispensar de la ley del sábado porque es Dominus Sabbati (Mt 12, 8): tiene autoridad sobre la Ley como su Autor divino. El argumento solo funciona si quien lo invoca posee una autoridad equivalente o superior a la del legislador.
El paralelo insinuado (Papa como fariseo legalista, FSSPX como Cristo sanador) es, cuando se explicita, eclesiológicamente insostenible. Y prueba demasiado: si cualquier sujeto que crea actuar por el bien de las almas puede dispensarse del derecho canónico, la autoridad eclesiástica queda disuelta por principio.
La tesis sobre la jurisdicción se vuelve contra la Fraternidad
El bloque más extenso de la entrevista aborda la cuestión canónica de fondo. Pagliarani defiende con erudición la tesis preconciliar: la jurisdicción proviene del Papa, no de la consagración episcopal. La consagración confiere el poder de orden (capacidad de administrar sacramentos), pero no el de jurisdicción (gobierno de una porción del pueblo de Dios). Por tanto, argumenta, consagrar obispos sin mandato no crea una jerarquía paralela.
Pero esta es precisamente la tesis que más expone la situación de la FSSPX. Si la jurisdicción proviene exclusivamente del Romano Pontífice, los obispos de la Fraternidad carecen de ella por definición. Sin embargo, la FSSPX ejerce un gobierno efectivo sobre más de mil clérigos, seminarios, prioratos y cientos de miles de fieles: asigna destinos, impone sanciones disciplinarias, controla la formación, administra sacramentos a escala global. Esto constituye jurisdicción de facto. La tesis que Pagliarani invoca para negar la acusación de cisma es la misma que evidencia la existencia de una estructura jerárquica paralela operativa.
El superior general sitúa el origen de la confusión en la eclesiología del Concilio Vaticano II, que habría modificado la doctrina al establecer que la jurisdicción se recibe junto con la consagración, y no mediante un acto separado del Papa. Pagliarani considera que esta tesis se introdujo para fundamentar la colegialidad episcopal y facilitar el reconocimiento ecuménico de las comunidades ortodoxas como «Iglesias hermanas». Pero su crítica no altera la incoherencia de su propia posición.
«Comunión no plena»: rechazada y aprovechada a la vez
Pagliarani critica el concepto de «comunión no plena» como «modernista» y «absurdo». Pero simultáneamente se beneficia de sus consecuencias prácticas: las facultades otorgadas por Francisco para confesiones y matrimonios, la tolerancia de facto del Vaticano y la no aplicación estricta de las censuras descansan sobre esa «fluidez» canónica que él denuncia como error eclesiológico.
El superior general señala con agudeza que la Santa Sede nunca levantó formalmente la declaración de cisma de 1988, pese a haber levantado las excomuniones en 2009, y se pregunta qué valor tendría una nueva declaración de cisma en circunstancias equivalentes. Pero no se puede argumentar que la declaración de 1988 es injusta porque la propia Santa Sede no la aplicó consistentemente, y al mismo tiempo condenar como error el marco conceptual que permitió esa no aplicación.
Errores, no abusos: un argumento de doble filo
Un argumento interesante intelectualmente es la distinción entre abusos en la aplicación y errores en los principios. Pagliarani sostiene que la «retórica constante del abuso», particularmente en boga bajo Benedicto XVI, es una «coartada sistemática» que impide abordar las causas profundas de la crisis, y que documentos como Amoris Lætitia o Fiducia Supplicans contienen decisiones erróneas que «siguen en vigor». Lamenta además que un sector del mundo conservador haya dirigido sus críticas de forma personal contra Francisco sin cuestionar «el Concilio y la continuidad de su aplicación doctrinal», lo que califica de «retórica superficial».
La distinción tiene fuerza dialéctica, pero conduce a un dilema para la propia posición de la FSSPX: si los principios conciliares contienen errores doctrinales, se contradicen la indefectibilidad de la Iglesia y la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio, definidas dogmáticamente por el Concilio Vaticano I (Pastor Aeternus y Dei Filius). Pagliarani intenta una vía de escape al afirmar que ciertos textos no son «propiamente magisteriales», pero admite que «solo la Iglesia podrá algún día proporcionar una explicación satisfactoria». La FSSPX actúa, por tanto, sobre la base de un juicio privado provisional que ella misma reconoce como incompleto, para justificar un acto de consecuencias canónicas definitivas.
Un dato inexacto sobre el Vaticano
En un pasaje de tono irónico, Pagliarani afirma que el dicasterio de vida consagrada «ha sido confiado a dos religiosas» en lugar de «un cardenal y un obispo». La estructura actual del DICLSAL incluye a la Hna. Simona Brambilla como prefecta, pero también al Cardenal Ángel Fernández Artime como pro-prefecto. La omisión distorsiona la realidad para reforzar un argumento retórico que, además, funciona como distracción: la cuestión de quién dirige los dicasterios romanos no guarda relación con la licitud de consagrar obispos sin mandato. Por otro lado, como han puesto de manifiesto algunos analistas, esa es precisamente la tesis que tanto le gusta, la «jurisdicción» viene del mandato Papal, no de la consagración.
Solo Roma puede resolver la crisis
Pagliarani concluye la entrevista con la convicción de que «solo de Roma y por Roma terminará esta terrible crisis», y expresa su esperanza en que llegará el día en que un Papa utilizará a la Fraternidad como «instrumento dócil» para restaurar «todo en Nuestro Señor Jesucristo». Evoca las palabras de Mons. Marcel Lefebvre, fundador de la FSSPX, quien afirmó que si la obra no era de Dios, no le sobreviviría, y añade: «La Historia ya ha comenzado a pronunciarse». La entrevista se cierra con una invocación al triunfo del Corazón Inmaculado de María como garantía última de la resolución de la crisis.







